Rámiro González: el diseñador panameño que convirtió el folclore de Ocú en moda con mensaje social

Rámiro González ha construido una propuesta que combina arte, folclore, identidad ocueña y moda con conciencia social. José Abel Herrera | La Estrella de Panamá
Sus colecciones han abordado temas como la migración en Darién, la sostenibilidad y la crisis del agua potable en Azuero. José Abel Herrera | La Estrella de Panamá
Desde Ocú, Rámiro González impulsa una propuesta que fusiona arte, tradición, sostenibilidad e identidad panameña. Cedida
El diseñador transforma referencias culturales y problemáticas sociales en colecciones que conectan con diversas audiencias. Cedida
  • 06/06/2026 00:00

El creador panameño celebra 11 años de marca, llevando arte, identidad interiorana y sostenibilidad a pasarelas nacionales e internacionales

Rámiro González no llegó a la moda por una ruta convencional. Antes de hablar de pasarelas, patronaje o alta costura, su mundo estaba marcado por la arquitectura, las acuarelas, los acrílicos y una profunda conexión con la cultura de Ocú, su tierra natal. Hoy, 11 años después de crear su marca, el diseñador panameño ha construido una propuesta que mezcla arte, folclore, identidad interiorana y mensajes sociales.

Su historia comenzó casi por accidente, cuando unos jóvenes que tenían un atelier en Ciudad de Panamá lo contactaron para pedirle asesoría sobre diseños inspirados en distintas provincias del país. Buscaban representar lugares como Colón, Herrera, Los Santos y otras regiones, y González, por su conocimiento de la cultura panameña, comenzó a orientarlos.

“Me llamaron para ver los diseños, corregir si había que hacerlo y confirmar si estaban en lo correcto”, recuerda. Como también era artista plástico, pronto surgió otra posibilidad: pintar sobre las piezas.

Ese primer acercamiento lo llevó a observar de cerca el trabajo de las modistas, la confección y el proceso creativo detrás de una prenda. Fue entonces cuando entendió que también podía hacerlo.

“Si hace 11 años me hubieran preguntado si quería ser diseñador de moda o tener una marca, hubiera dicho que no. Me gustaba el arte, veía programas de moda, pero no me veía haciendo esto”, confiesa.

De la acuarela a la prenda viva

González estudió arquitectura, una carrera que le dio una base artística. Luego desarrolló colecciones de acuarelas y acrílicos, entre ellas una titulada Ocú y sus tradiciones, inspirada en la historia y cultura ocueña.

Esa obra sería clave para el nacimiento de su marca. A partir de lecturas sobre Ocú y referencias históricas a la llamada “comarca de los manitos”, el diseñador encontró un concepto que lo representaba: comunidad, origen e identidad.

“Como comarca somos una comunidad, y como comunidad podemos ser una marca”, explica.

Así nació una propuesta que comenzó con gorras, accesorios y camisetas pintadas a mano, pero que con los años evolucionó hacia vestidos, piezas de autor y colecciones con narrativa propia.

Una moda hecha desde el interior

Para González, su trabajo tiene una misión clara: descentralizar la moda panameña. Desde su visión, el talento del interior no debe limitarse a ser espectador de lo que ocurre en la capital.

“El mensaje es llevar el talento interiorano, fotógrafos, maquillistas y modelos, para que sean conocidos. La moda está centralizada y nosotros apostamos por la descentralización”, sostiene.

Su estilo, dice, es folclórico, moderno y profundamente artístico. Muchas de sus piezas incorporan pintura manual, detalles artesanales y referencias a la idiosincrasia azuerense, especialmente la ocueña.

“Se están llevando obras de arte literalmente a una pieza de moda”, afirma.

Colecciones con identidad y conciencia

Aunque su obra parte de la cultura panameña, González también ha buscado que sus colecciones dialoguen con problemas sociales.

Una de ellas, “Selva Negra”, estuvo inspirada en Darién. Surgió en medio de la crisis migratoria que atravesaba la provincia, pero el diseñador decidió alejarse de la tragedia para mostrar la belleza natural del territorio. La colección incorporó verdes, marrones, negros, amarillos y texturas asociadas a la selva.

Más recientemente presentó “Tierra, viento, fuego y agua”, una propuesta vinculada a la falta de agua potable en Azuero. Para esta colección trabajó con materiales reciclados, galones plásticos, mezclilla y prendas reutilizadas, con el objetivo de hablar de sostenibilidad desde una problemática cercana.

“Soy azuerense, soy ocueño. Si iba a hablar de moda sostenible, tenía que hacerlo desde un problema que estamos viviendo”, señala.

El diseñador reconoce que la moda es una de las industrias más contaminantes del planeta, por lo que considera necesario experimentar con nuevas formas de creación, reutilización y conciencia ambiental.

Vestir historias

En estos 11 años, la moda también le ha enseñado a conectar con las personas. Para González, una prenda no termina cuando sale del taller: empieza una nueva historia cuando alguien la usa.

Entre las figuras para las que ha diseñado se encuentra la artista Margarita Henríquez durante su participación en el Festival de Viña del Mar, una experiencia que recuerda como uno de los momentos más emocionantes de su carrera.

También ha llevado sus diseños fuera del país. Una de sus experiencias más memorables fue en Bosnia, donde participó en un intercambio cultural con jóvenes de una academia de baile que vistieron piezas panameñas y elementos inspirados en la pollera.

“Son cosas que no tienen precio”, dice.

Lo que viene para Rámiro González

Actualmente, el diseñador trabaja en la ampliación de “Tierra, viento, fuego y agua”, que será presentada en Expomoda Chiriquí en septiembre con nuevas piezas.

Además, en los últimos años ha recibido invitaciones para participar en plataformas de moda en Barranquilla, Montreal, Nueva York y Europa. Aunque reconoce que salir al exterior implica retos económicos y logísticos, asegura que esas oportunidades confirman que su trabajo está siendo visto más allá de Panamá.

“Europa me llama”, admite.

Con una marca construida desde la raíz, Rámiro González continúa defendiendo una moda panameña que no solo viste, sino que cuenta historias, rescata memorias y pone sobre la pasarela los temas que atraviesan al país.