Sara Omi: ‘Mantener la resistencia de nuestra identidad es lo que nos permite hoy ser mayormente visibles’

Sara ha sido reconocida por Forbes centroamérica como una de las 50 mujeres más poderosas de la región. DAYANA NAVARRO
  • 07/06/2026 00:00

En esta entrevista para Mía Voces Activas, conversamos sobre los desafíos de liderar siendo mujer indígena, la importancia de la colectividad, la soberanía económica y el papel de las mujeres en la protección del territorio.

Sara Omi ha construido una trayectoria marcada por la defensa de los derechos de las mujeres indígenas, la preservación de la identidad cultural y la lucha por una inclusión más justa y equitativa. Abogada, líder y activista del pueblo Emberá-Wounaan, ha luchado por abrir camino a nuevas generaciones de niñas y mujeres Emberá que hoy ven en ella un ejemplo de resistencia, fortaleza y transformación.

En esta entrevista para Mía Voces Activas, conversamos sobre los desafíos de liderar siendo mujer indígena, la importancia de la colectividad, la soberanía económica y el papel de las mujeres en la protección del territorio.

Hiciste historia al convertirte en la primera mujer panameña Emberá en graduarte como abogada. Mirando hacia atrás, ¿cómo ha impactado este logro en la manera en que trabajas con las mujeres y les abres puertas en distintos ámbitos?

Mirando o haciendo el recorrido que hoy puedo también contar, es que este proceso no ha sido nada fácil. Primero, desde lo negativo, de cómo construirlo también en algo positivo. De lo negativo, no solo por el hecho de poder tener una voz fuerte, sino que, al tener una voz fuerte, también se ha convertido en que, ¿cómo nosotras, como mujeres, vemos los reflejos de la discriminación y el machismo que vivimos dentro de nuestros territorios? Partiendo por ahí, que es lo más difícil, lo más doloroso.

De cómo romper estructuras, también de ponernos en las mismas condiciones, tal cual nos enseñaron nuestros abuelos, de la complementariedad y de estar en un mismo nivel de posición. Eso ha marcado mucho en el territorio, en mi comunidad, pero que también ha transformado el liderazgo, ha transformado la fuerza que tenemos como mujeres en poder decidir y poder también proponer nuestras acciones desde nuestra propia perspectiva, en búsqueda de mejores condiciones dentro de nuestras comunidades.

No podemos apartarnos de un proceso de liderazgo sin conocer nuestros derechos, mantener la resistencia de nuestra identidad, que es lo que nos permite hoy ser mayormente visibles y que es una responsabilidad que hemos asumido para poder mantener ese legado vivo de nuestra cultura, de nuestra identidad como pueblo Emberá.

Y también eso, cómo conecta con otras mujeres indígenas de los diferentes pueblos de Panamá, ayuda también a cómo articularnos, a cómo proponer en ámbitos nacionales las perspectivas que tenemos como mujeres, porque siempre nos han visto como mujeres vulnerables, no como sujetas también de derechos. Lo que buscamos es justamente eso: el reconocimiento como sujetas de derechos, de que tenemos todos los elementos necesarios para poder seguir adelante.

Lo que no tenemos siempre son oportunidades, no tenemos las herramientas de cómo posicionarlo, potenciarlo dentro de nuestras comunidades. Y algo que siempre hemos venido desarrollando es que necesitamos hablar sobre la economía propia desde nuestra identidad, desde nuestra perspectiva como mujeres indígenas, para ponerle un alto también a los diferentes tipos de violencia que padecemos o vivimos dentro de nuestra comunidad.

¿Cuál dirías que ha sido el mayor reto que has enfrentado como mujer Emberá? ¿Y cómo has logrado superarlo?

En todo este proceso, yo creo que el mayor reto que he enfrentado es justamente cuando nosotros queremos también participar, queremos estar en las tomas de decisiones, cuando queremos liderizar nuestra propia gobernanza, nuestro territorio. Aspiré a ser autoridad tradicional de mi territorio como cacique, pero lastimosamente no se dio por múltiples, en este caso, elementos de violencia, del machismo. Pero eso también demostró algo: que las mujeres sí tenemos toda la capacidad de poder hacerlo y que, a pesar de no estar en un puesto de poder, podemos liderar, podemos trabajar, podemos ser ejemplo de mujeres y de niñas que permitan también aprender y buscar ese cambio que se requiere, no solo en nuestro territorio, sino también en la sociedad; de poder siempre hablar por los derechos, siempre rescatar cómo deben estar las políticas públicas dirigidas hacia nuestros territorios y especialmente hacia las mujeres.

Y en este ámbito internacional nos conecta justamente el reflejo de nuestro liderazgo, de nuestra responsabilidad, de poder entendernos como mujeres indígenas, no solo de Panamá, sino de Mesoamérica, sino a nivel global; de que tenemos las mismas condiciones de vulnerabilidad, pero también tenemos las mismas condiciones de poder demostrar todo lo opuesto, porque somos ricos en conocimiento, en biodiversidad, pero que hace falta, sobre todo, la atención y que las políticas respondan ante estas necesidades.

Sara, lideras la Fundación Sara Omi, una organización muy ligada a la soberanía económica, el liderazgo y el empoderamiento. ¿Qué te motivó a crear esta fundación? ¿Cuál es su propósito y qué buscan impulsar a través de ella?

Esta fundación nace primero del acompañamiento, de encontrar a personas que creen en nuestro liderazgo y que también consideran que tenemos un potencial importante como mujeres indígenas, de que sí se puede también estar trabajando en estos tipos de organizaciones como tal.

Primero, tenía mucho temor de que llevara mi nombre, Sara Omi, porque a veces también nos sentimos un poco indecisas por todo lo que uno vive y la fuerza, porque a veces llevar el nombre se ve como muy individual. Pero el trabajo que realizamos no solamente yo represento a mi persona como tal, sino que represento a la colectividad de la visión de las mujeres indígenas y que esto permita, sobre todo, articular mayormente en la sociedad panameña y esperando también articularlo a nivel internacional, de cómo podemos seguir trabajando para empoderar a las mujeres de manera económica dentro de nuestro territorio, en búsqueda de esa independencia sin apartarnos de nuestra identidad, reforzando ese camino que necesitamos para un mejor desarrollo también dentro de nuestra comunidad.

Nace justamente por esa razón, porque en la comunidad trabajamos con asociaciones de mujeres artesanas, trabajamos con la esperanza de cumplir nuestro sueño, en que las mujeres pueden emprender su camino a través del arte, del conocimiento, a través de nuestra propia ciencia como pueblos indígenas, y que necesitamos rescatarlo, destacarlo y que sea reconocida, como siempre lo he dicho, como sujetas de derechos. Y la misión de la fundación está en ese camino, de cómo seguir impactando no solo a las mujeres Emberá, sino a las mujeres indígenas.

¿Por qué consideras importante preservar la identidad cultural que nos define como pueblos, mientras al mismo tiempo se construyen nuevas oportunidades económicas?

Primero, decirte que para nosotras, como mujeres indígenas y dentro de nuestras comunidades, hemos asumido un rol protagónico, sobre todo, de mantener nuestra identidad viva. Si nosotras perdemos nuestra identidad, también estamos perdiendo muchos conocimientos que forman parte de nuestra gran fortaleza y de nuestra resistencia como pueblos indígenas.

Y, en este caso, las mujeres hemos asumido el reto y la responsabilidad de poder seguir manteniendo esas transmisiones de generación en generación, que nos permita seguir conectando, porque si esto se sigue debilitando, se pierde. Perdemos comunidad, perdemos la visión colectiva, perdemos el territorio y prácticamente vamos a ser personas desconocidas en este proceso, y eso no queremos como mujeres.

Y por eso el trabajo nuestro está justamente en la construcción o en la restauración, no solo cuando hablamos de bosque, sino también de nuestro corazón, de nuestro pensamiento y de nuestra esencia de ser mujer, porque somos nosotras las que estamos en la primera línea, tanto de las afectaciones, pero también en la primera línea de las acciones para poder mantener viva la esencia de nuestra identidad.

¿Qué es lo que significa para ti liderar desde la identidad y la comunidad?

Para mí significa, sobre todo, las enseñanzas que he venido practicando de las voces de mis abuelos, de las voces de mi madre, de entender nuestras realidades y, sobre todo, de crecer en un proceso también en condiciones donde los derechos nuestros siempre habían estado vulnerados. Por ejemplo, el acceso al territorio; hoy todavía acceso a mejores condiciones de educación con calidad, acceso de salud con calidad, donde se reconozcan nuestros derechos.

Y cuando nuestras voces se posicionan en estos espacios, no solo estoy pensando en mí de manera individual. Yo soy una persona individual, pero que al final tengo una misión, una misión que viene también desde mis propias raíces, desde mi propia, en este caso, cosmovisión de nuestro pueblo, que nos permiten señalar que tenemos una misión, que esa misión siempre mira la visión colectiva, mirando en las familias, mirando en nuestra comunidad, en la colectividad.

Y es algo que lo hacemos desde el corazón, lo hacemos desde lo más profundo de lo que podemos sentir, porque hemos vivido, cómo decir, todas las vulneraciones sociales en nuestro territorio. Pero ahora estamos en el momento de transformar eso, no solo que nos vean en esa situación, sino que las mujeres tenemos también un camino que recorrer, un camino que aportar desde nuestra propia sabiduría.

Porque las mujeres indígenas son conocedoras de la medicina botánica que salva vidas en nuestras comunidades cuando no tenemos acceso a salud. Las mujeres siguen enseñando, son educadoras, enseñando el idioma, enseñando nuestra identidad, nuestra cultura, nuestra pintura, pero esa labor no es reconocida y nos toca a nosotras mismas decirles: nosotros estamos poniendo sobre la mesa nuestros conocimientos.

En la parte de economía podemos decir que las mujeres indígenas no saben manejar esto. Sí lo saben, porque son conocedoras del arte, sus manos tejen. Por eso tenemos un emprendimiento que se llama Jumara Juwa, que significa al español “las manos de todas”, porque el pensamiento de la mujer o el trabajo que hace la mujer en la comunidad pasa por todo el conocimiento y las manos de las mujeres.

Hablando precisamente sobre la iniciativa Jumara Juwa, ¿qué tan desafiante ha sido transformar estas tradiciones en herramientas de empoderamiento y sostenibilidad para las comunidades?

Bueno, es lo que buscamos y lo que no hemos tenido justamente son, cómo decir, los lineamientos. Yo converso con mi mamá y cuando vamos a algún panel de poder exponer, nosotros decimos: sí queremos ser empresarias, pero empresarias sin perder nuestra identidad, que se reconozca nuestra identidad como tal.

No tenemos que cambiar ningún tipo de modelo occidental para poder transformar nuestras voces o romper, cómo decir, llegar a tener condiciones económicas, porque la economía también representa una forma también de, primero, poder llegar a educarnos. Muchas niñas quieren ser doctoras, muchas niñas quieren ser abogadas, muchas niñas quieren cumplir sus sueños, pero para también cumplir sus sueños necesitamos tener también economías que nos permitan llegar hasta allá.

Y cuando hablamos de ese empoderamiento es cuando vuelvo a las políticas públicas. Las políticas públicas no están adaptadas para poder levantar el empoderamiento de las mujeres, porque se habla mucho de subsidio y no se habla de oportunidades que mejoren las condiciones de nuestras realidades y nuestras comunidades. Y a eso es lo que queremos, porque la sostenibilidad está en nuestros territorios.

Tenemos territorio, tenemos bosque, tenemos vida, estamos aportando, pero esos aportes son invisibles a la hora de posicionarlo como herramienta de política pública. Y aquí es que sí hay alternativas, alternativas que permitan el crecimiento de nuestras comunidades, pero de la mano con las mujeres como sujetas de derechos.

Cuando has llevado las problemáticas que enfrentan las mujeres del pueblo Emberá a organismos internacionales, ¿qué tan difícil ha sido visibilizarlas y ponerlas sobre la mesa?

Primero, por ejemplo, a veces cuando hablamos en el ámbito internacional y la agenda que hemos estado desarrollando es en el marco también de hacer incidencia política ante nuestros países. Primero, ante el cambio climático.

A veces pareciera que el cambio climático es una temática como muy apartada de nuestra realidad, pero tiene mucho que ver porque nuestras visiones o nuestra propuesta tienen que estar fijadas en cómo asegurar derechos. Y reclamos históricos, en el caso de Panamá, por ejemplo: acceso a la tierra, el reconocimiento, sobre todo, de que existan procesos de consulta ante cualquier impacto que puedan tener nuestras comunidades, el tema de la criminalización o la defensa de la vida, como queremos llamarlo, en nuestros territorios, porque cuando estamos en estos procesos nuestras voces todavía tienen una brecha tan enorme de poder llegar hacia los tomadores de decisiones.

Yo creo que ese ha sido el mayor reto: cómo hacer sentir nuestras voces y que también los tomadores de decisiones puedan recibir nuestra información y, al aplicarlo, puedan justamente garantizar que se respeten nuestros derechos todavía.

Esa es una barrera enorme que tenemos. Se habla mucho, por ejemplo, de acceso al financiamiento para el tema del cambio climático, para la protección del planeta, de nuestra madre tierra. Pero los primeros actores que estamos defendiendo, que estamos mitigando y adaptándonos a todos estos procesos, que somos los pueblos indígenas, especialmente las mujeres, pues prácticamente no llega.

Y en el caso nuestro, no solo hablando de Panamá, sino a nivel de la región, Mesoamérica tiene cara de mujer, porque en el marco global o internacional somos como la última parte del planeta que no somos vistos como aportadores de conocimiento o como aportadores de cuidado ante la biodiversidad, ante el territorio, y que aportamos mucho desde nuestra propia sabiduría como pueblos indígenas.

Los focos están concentrados en otras partes del planeta, en África, en Sudamérica, pero aquí estamos para seguir haciendo incidencia y decir que Mesoamérica sigue teniendo cara de mujer. Pero eso no significa que somos débiles, somos fuertes y que nuestra cara representa mucho más que solamente estar en mesas de debate, sino que contribuimos a todo: a la biodiversidad, al planeta, y que es un solo tema para nosotros y que necesitamos seguir planteándolo para poder mantener esa sostenibilidad y el equilibrio que necesitamos.

¿Qué consideras que le hace falta a la sociedad panameña para avanzar hacia una inclusión verdaderamente efectiva?

Primero, yo considero que en Panamá todavía existe mucha discriminación hacia los pueblos indígenas. Siento que todavía hace falta reconocer la labor que realizamos. Sabemos que también existen debilidades dentro de nuestros territorios, pero existe un mayor aporte, sobre todo, a lo que vivimos hoy. Aportamos identidad, aportamos cultura, aportamos riqueza en biodiversidad, en conocimiento, y que necesitamos ponerlo también en el centro de las mesas de debate, de discusión, para poder efectivamente responder ante las faltas o vulnerabilidades que vemos día a día en las noticias, sobre todo de las problemáticas sociales que existen dentro de nuestros territorios.

Necesitamos realmente acortar todo ese espacio que hay de nuestro entendimiento hacia la sociedad en general. La sociedad en general debemos unirnos para poder también seguir contribuyendo al equilibrio y a la paz que necesita nuestro país. No somos ajenos de Panamá, formamos parte de Panamá, pero el respeto y el reconocimiento de nuestros derechos y de lo diferenciado que tenemos los pueblos indígenas es lo que cabe aquí para poder transformar nuestro país y entendernos.

Luego de todos estos años de lucha, ¿qué es eso que te sigue inspirando a no detenerte e ir por más?

Yo creo que para mí estar en este proceso lo que me sigue inspirando son las niñas de mi comunidad. Y hablo del ejemplo de mi comunidad porque veo cómo quieren avanzar, cómo quieren seguir adelante y, a pesar de tanta vulneración a tener acceso a educación, también me reflejo en ellas. Por ejemplo, yo vivo en una casita de tambo y estoy cerca de la vía principal de la comunidad y siempre veo a las niñas corriendo con sus mochilas.

Y me veo en esa misma, cómo decir, que no ha cambiado y que eso es lo que me anima a poder seguir luchando y poder encontrar en algún momento, ya sea con nuestra Fundación Sara Omi, ya sea con nuestra Asociación de Mujeres, invitando a que más aliados estratégicos se sumen a este camino para transformar la vida de las niñas en nuestras comunidades.

¿Qué mensaje le darías a esas niñas que quieren un futuro mejor dentro de sus comunidades y quieren también, ser líderes y agentes de cambio?

Bueno, mi mensaje para las niñas es que voy a seguir estando con mi vocería. Yo sueño con que en algún momento tengamos respuesta para responder efectivamente y poder ir, como reparando o sanando, elementos que aún hace falta para que ellas puedan superarse, puedan seguir adelante, solo que no puedan caer en que pierdan la emoción o pierdan, sobre todo, el sueño de cumplir sus metas.

Hay que cumplir sus metas a pesar de todas las barreras que tengamos y que estamos aquí siempre para poder seguir alzando nuestras voces, que es lo que nos toca.

Tal vez no podamos ir a la comunidad con todo lo que esperamos, pero sí siempre resaltar nuestras voces para que seamos escuchadas hacia los tomadores de decisiones y que los tomadores de decisiones puedan responder ante tantas necesidades que tienen muchos niños y niñas en los territorios de los pueblos indígenas.

Además de esa parte de tu vida como defensora y vocera, ¿quién es Sara Omi en su día a día?

Bueno, Sara Omi, en mi día a día, soy una mujer igual que todas las mujeres emberá de mi comunidad y de Panamá, pero una mujer que está todos los días conectada con la comunidad. Me gusta mucho estar en el río, me gusta mucho pescar, me gusta mucho promover el liderazgo de las mujeres, me gusta estar con mi familia y forma parte de esto.

Y Sara Omi está allí siempre, como una mujer sencilla que busca, que está pensando siempre cómo transformar y cómo convertir los espacios en oportunidades.

¿Podría mencionar algunos trabajos concretos que ha llevado a cabo?

Cuando hablamos de programas o proyectos siempre... siempre se ve como algo muy grande. En todo mi caminar, lo que hemos hecho son iniciativas que vienen desde nuestras propias realidades y una preocupación muy grande que hemos tenido, sobre todo, en la comunidad. Primero, porque vengo de una comunidad que fue desalojada forzosamente en la década del 70 y reconstruir la comunidad desde otro espacio, donde perdimos tierras sagradas, nuestros sitios sagrados, nuestra esencia como comunidad, hoy me permite recordar que crecí en este proceso de vulneración de derechos, sobre todo del territorio.

Y cuando las políticas públicas no están de acuerdo a nuestras realidades, también tienden a dañar o fraccionar también nuestra identidad. Y algo muy importante que nosotras iniciamos y que venía también dando muchas vueltas en el proceso de todos estos años era que hoy, por ejemplo, en mi comunidad, hoy no pudiésemos ver estructuras de casas tradicionales que para nosotras representan enseñanza, representan colectividad, representan mucha sabiduría.

Y a través de nuestra Asociación de Mujeres Artesanas logramos, cómo decir, construir dos modelos de casas tradicionales para recuperar las enseñanzas de nuestros abuelos.

Trabajamos con niños y niñas porque la visión es la complementariedad, en cómo los niños puedan tener un espacio de aprendizaje de nuestra música cultural, tradicional, donde las niñas también puedan aprender a danzar y que no se pierda este legado de nuestra identidad que es tan valioso para nosotras.

Estamos también restaurando bosque, restaurando identidad, restaurando pensamiento. Estamos formando liderazgo en mujeres, que no solamente sea mi voz la que esté siempre visible en estos espacios.

Yo deseo que más mujeres de mi territorio o mujeres de los pueblos indígenas puedan tener una voz que represente las realidades de sus comunidades. Y por eso estamos tratando de multiplicar más voces en materia de liderazgo, de que conozcan sus derechos, de que puedan promover también las realidades de nuestras comunidades, pero transformándolas también en oportunidades.

Ese ha sido como el camino que hemos asumido, no solo siendo una imagen de vocería, sino también de cómo transformar en la comunidad, de cómo promover las manos de las mujeres.

Estamos también recientemente en materia de ese empoderamiento económico que buscamos las mujeres indígenas a través de Jumara Juwa, “las manos de todas”, que es algo muy bonito que tenemos, que queremos posicionarlo, queremos visionarlo a través de nuestra soberanía alimentaria, pero a través del arte y el conocimiento que tienen las mujeres en sus artesanías.

Hoy estamos elaborando bolsos con, se dice, alta costura o mejorar las condiciones. Yo siento que con organizaciones que nos están apoyando en esto y tenemos a mujeres motivadas en este proceso y que yo considero que han cambiado.

Cuando iniciamos tenían otra mentalidad y hoy me encanta que ellas me digan: “Sara, nos sentimos mujeres empoderadas”. No sé qué significa, pero nos sentimos que sí tenemos fortaleza, que sí tenemos la oportunidad también de cambiar la situación de nuestra familia y de la comunidad y que este espacio nos sirve para seguir avanzando y transformar lo que queremos.

Sara Omi
ABOGADA, LÍDER Y ACTIVISTA DEL PUEBLO EMBERÁ-WOUNAAN
La sociedad en general debemos unirnos para poder también seguir contribuyendo al equilibrio y a la paz que necesita nuestro país.