La política norteamericana de empobrecer al vecino
- 27/07/2026 00:00
En 1937 la notable economista británica Joan Robinson introdujo, en un libro titulado Essays in the Theory of Employment, el concepto de la política de empobrecer al vecino (beggar-thy-neighbor), para referirse a aquellas prácticas dirigidas a resolver la crisis de un país, trasladando los problemas y sus costos a otros países. Hoy este concepto es plenamente aplicable a la política económica de la administración Trump hacia el exterior.
La economía globalizada, como es sabido, atraviesa por una profunda crisis estructural sistémica, que tiene múltiples manifestaciones, así como una escala temporal externa. Esta crisis encuentra a Estados Unidos en un claro proceso de deterioro de su hegemonía. En este contexto, esta potencia en decadencia busca mantener e incluso extender su hegemonía utilizando su poderío militar, accionándolo por la vía de las intervenciones en el exterior, así como su posición privilegiada en el sistema financiero global, activándolo por la vía de las sanciones económicas. A esto se debe sumar una política arancelaria agresiva.
Dentro de este encuadre general se puede destacar, en primer lugar, el referente al papel que juega en la economía norteamericana el elemento militar. En este caso se tiene que partir del hecho de que una parte importante del funcionamiento de la economía norteamericana se basa en la producción y el gasto vinculados al sector militar. Según algunas fuentes, este peso directo e indirecto representa entre el 5% y el 6% del PIB total de Estados Unidos. Más aún, la actual administración busca elevar significativamente este peso, acrecentando en aproximadamente el 50% el presupuesto oficial guiado al gasto militar.
El problema de Estados Unidos en este ámbito es que su gasto militar incrementa dos importantes déficits que algunos llaman los déficits gemelos: el fiscal y el de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Obviamente la actual política norteamericana se plantea una fórmula de política guiada a resolver este problema, mientras avanza en su política militar hegemónica.
Tal como lo señala Prabahat Patnaik en su reciente artículo On the Economic Crisis of Capitalism (Monthly Review, julio de 2026), la política de la administración Trump está presionando muy fuertemente a los países de Europa, con el fin de que eleven su gasto militar al 5% de su PIB, lo que obviamente permitiría a Estados Unidos un menor gasto fiscal en la región, así como una mayor exportación, en este caso de armamentos. El costo real sería la reducción del gasto social en Europa, que afectará a su propia población.
En Panamá esta política norteamericana se manifiesta en la insistencia de Trump de que los barcos militares de Estados Unidos que crucen el Canal de Panamá no paguen peajes. Esto ha llevado a que el actual genuflexo gobierno de Panamá acepte que dicho peaje, que pagan los buques de guerra norteamericanos a la ACP, sea compensado por compras de bienes y servicios de nuestro país al Departamento de Defensa de Estados Unidos.
Para la estrategia norteamericana es evidente que para mantener la hegemonía resulta necesario mantener al dólar como el eje central del sistema financiero internacional. Sin embargo, aquí también aparece el impacto de los llamados déficits gemelos. Estados Unidos es hoy el gran deudor internacional, a la vez que los mercados internacionales están inundados de dólares y activos denominados en esa moneda, lo que va erosionando su hegemonía. A esto se agrega que la aplicación de sanciones promociona formas de pagos alternos al uso del dólar. Esto se conecta con la presión norteamericana sobre el sur global, el cual se entiende como un territorio destinado a soportar una parte más que significativa de los costos de la política de recuperación de la hegemonía norteamericana. Para comenzar se trata de la búsqueda del dominio de Estados Unidos y sus capitales sobre las materias primas estratégicas, para lograr una transferencia de excedente hacia Estados Unidos a partir de su explotación y comercialización. Es bueno recordar que la denominación del precio del petróleo en dólares es fundamental para mantener su papel hegemónico.
No menos importante es el control de las exportaciones hacia el sur global en búsqueda de un balance comercial positivo para Estados unidos, así como lograr un impulso para que las empresas norteamericanas aniden en el mismo y se impongan cono proveedores de IA. La exclusión de China de la inversión y el comercio exterior con el sur global, fundamentalmente con América Latina, debe ser forzado. Lógicamente también se busca controlar las cadenas de valor, incluyendo las vías de transporte fundamentales.
Desde el punto de vista político, el interés de la política de Trump sobre el sur global también es evidente. Se trata de, como lo subraya Patnaik (2026), “tener regímenes dóciles en el sur que apliquen políticas económicas dictadas por Estados Unidos”. Panamá es claro ejemplo de esto.