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08 de May de 2021

Cultura

Biden y Trump, ¿el debate de la vergüenza?

Una emoción particular que el presidente mostró durante el debate de esta semana fue el miedo. La confirmó al estirar sus labios hacia los extremos con tensión. Esta microexpresión solo aparece cuando el miedo está dentro del lenguaje corporal en un contexto determinado

Si una de las estrategias en el debate era sacar de sus casillas al rival, ¡ambos anotaron magníficos puntos!EFE

Yo pensé que esos debates altisonantes donde todos se insultan, no se escuchan y, prácticamente se agarran a golpes, solo se veían en Latinoamérica, pero después de ver el espectáculo estadounidense de esta semana, me pregunto si los políticos del mundo estudiaron en la misma escuela.

Hace unos meses me pareció muy curiosa una coincidencia con un autor y su libro. En la mañana había leído un artículo sobre lenguaje no verbal y Maquiavelo; esa misma noche, en una de mis series favoritas el tema central era sobre este escritor y su obra. Al día siguiente, me topo en un estand de librería la pieza a la cual tanto la serie de TV, como el artículo hacían mención: El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo... ¡Tuve que comprarlo!

Al leerlo, quedé totalmente atónito al comparar el hecho de que la gran mayoría de los políticos de este siglo, prácticamente basan sus acciones en esta obra como si fuese un manual ejecutado al pie de la letra. El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, es una guía escrita en el siglo XVI sobre cómo ser el líder autocrático de un país. Explica el porqué los fines como la gloria y el poder siempre justifican todo tipo de acciones, incluso las brutales. Gracias a este libro, la palabra “maquiavélico” se volvió sinónimo para aplicar el engaño y la astucia cuando se busca ventaja propia.

Al ser especialista en lenguaje no verbal, microexpresiones y detección de mentiras, me senté a analizar el lenguaje corporal de Biden y Trump en el debate de esta semana. Descubrí cosas que dejan mucho en qué pensar. De salida puedo compartirle esta frase de Bertolt Brecht: “Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse, tendrá que pasar al ataque”. Cosa que vemos en todos los debates presidenciales del mundo, y este, no fue la excepción.

Los hechos

Si una de las estrategias en el debate era sacar de sus casillas al rival, ¡ambos anotaron magníficos puntos! Cuando Joe Biden manda a callar a Donald Trump, me recuerda aquella escena de historia donde el ahora rey emérito de España, manda a callar al ya desaparecido Hugo Chávez.

El hecho de que Donald Trump evadiera algunas preguntas realizadas por parte del moderador Chris Wallace, con el cual, por cierto, tuvo una guerra abierta de poder toda la noche ya que no le gusta ser cuestionado, indica una ausencia de respuestas convincentes.

Situación que suele darse de forma repetitiva en interrogatorios y en contextos donde el individuo investigado 1) no está preparado o 2) quiere a toda costa desligarse de hechos que por su peso, son más que obvios. Un ejemplo clarísimo de ello fue cuando el moderador cuestionó al presidente actual sobre su evasión de impuestos y patrimonio personal.

Una emoción particular que el presidente Trump mostró durante el debate de esta semana fue el miedo. En especial, cuando se refería al hecho de tener que usar la mascarilla en público, cosa que fue evidente y lo ha sido durante toda su campaña en esta pandemia. Emoción que confirmó ante mis ojos al estirar los labios hacia los extremos con tensión. Esta microexpresión solo aparece cuando el miedo está dentro del lenguaje corporal en un contexto determinado.

Otro detalle interesante que se vio a la luz por parte de Trump es que, cuando hablaba de sus acciones económicas, hinchaba su pecho y colocaba los hombros hacia atrás, además inmediatamente se ponía a la defensiva... esto indica que se siente orgulloso de sus decisiones y las defenderá a toda costa.

Por otro lado, hay que tomar en cuenta que Joe Biden es un político experimentado; una de las características que usa como marca personal, es justamente no ser emotivo (o al menos trata de no serlo). Sin embargo, el único momento del debate en que mostró sus emociones abiertamente fue cuando habló de su hijo.

Independientemente de que ambos acordaran no acercarse por protocolos de salud, desde que Biden entró a la sala, la forma de saludar a Trump lo dijo todo. Presentar las palmas abiertas es una forma universal de decir “aquí no hay nada escondido”, sin embargo, inmediatamente mostró los puños, o sea, “estoy listo para la acción”.

El que ambos usaran el podio con los brazos extendidos es una forma de querer mostrar su dominio territorial ante el otro y, al mismo tiempo, esa forma de anclaje que muestra dudas e inseguridades. Como observador, usted siempre debe preguntarse ¿a qué se debe esa inseguridad? El contexto le ayudará a responder dicha pregunta.

Si hablamos de comunicación silente, hasta la corbata de ambos enviaba un mensaje, el rojo y azul de Trump mostraban patriotismo, mientras que el blanco y negro de Biden mostraban unidad de razas, paz y luto ante todos los eventos acontecidos en EE.UU.

Sin duda este espacio se hace corto para detallar con lujo cada uno de los mensajes que ambos candidatos expresaron con su lenguaje corporal, silente y verbal. Sin embargo, puedo recomendarle la película Experta en crisis, con Sandra Bullock, toda una escuela para entender cómo se maneja la imagen de los políticos.

En ella mencionan una frase de Adlai Stevenson, candidato presidencial de Estados Unidos en 1952 y 56; cuando una mujer se le acercó después de un mitin una noche y le dijo: “Toda persona pensante votará por usted”. A lo que Stevenson contestó: “Señora, eso no es suficiente. Necesito una mayoría”...

Seamos más observadores de cada debate de cada político, sobre todo de los nuestros, porque sin duda, todo comunica y es nuestra responsabilidad, saber escuchar.