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28 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Cruces subterráneos ineficaces

Los enormes y peculiares edificios que hacen que nuestra capital parezca una ciudad moderna, han sido atractiva y funcionalmente diseñad...

Los enormes y peculiares edificios que hacen que nuestra capital parezca una ciudad moderna, han sido atractiva y funcionalmente diseñados por empresas privadas deseosas de expandir sus oficinas y/u operaciones.

Lamentablemente, muchas de las obras públicas construidas por nuestra actual ineptocracia, cuando no son repugnantes, como la Cloaca Costera, a menudo están terriblemente mal diseñadas. Aquí conviene definir la palabra ‘Ineptocracia’, porque todavía no ha sido aprobada por la Real Academia Española; aunque solo debe ser cuestión de tiempo para que lo sea.

Ineptocracia (I-nep-to-cra-cia) —Gobierno donde los menos honestos y capacitados para liderar un país son elegidos por mayoritarios ciudadanos necesitados y poco educados, aparte de algunos que no desean trabajar; que además dilapida los impuestos pagados por una minoría honesta y capacitada que trabaja productivamente; y que trata de mantenerse indefinidamente en el poder proporcionándole regalos y divertimiento a sus electores.

Los más recientes ejemplos de obras disparatadas construidas por nuestra ineptocracia corresponden a las remodelaciones de las intersecciones de la vía Brasil con la vía Israel y con la Calle 50. El plan original era valerse de la vía Brasil para habilitar una conexión rápida entre el acceso al Corredor Norte en La Locería y los accesos al Corredor Sur en Punta Pacífica. Así se podía evitar que alguien que quisiera cruzar de uno a otro corredor empeorara los tranques al ingresar en el congestionado tráfico callejero para poder efectuar dicho cruce. Esta vía rápida también agilizaría el acceso a los corredores desde cualquier punto en las cercanías de vía Brasil, un área caracterizada por numerosos tranques.

Considerando que la construcción de un corredor elevado a lo largo de toda la vía Brasil resultaba sumamente onerosa, surgió la idea de acelerar su tráfico haciéndola pasar por encima o por debajo de las principales arterias vehiculares corriendo de este a oeste, así esquivando la gran mayoría de los semáforos que previamente lentificaban el cruce de uno a otro corredor. Por ejemplo, las remodelaciones de los cruces de la vía Brasil con las vías Simón Bolívar y Ricardo J. Alfaro utilizan túneles para darle paso expedito al tráfico en la vía Brasil.

Por otro lado, las remodelaciones de los cruces de la vía Brasil con la vía Israel y con la Calle 50, en vez de darle paso expedito al tráfico en la vía Brasil, le dan paso expedito a los autos sobre la vía Israel y sobre la Calle 50; así que no reducirán los tranques en forma significativa alguna, porque el tráfico a lo largo de estas dos vías enseguida se topará con los semáforos existentes más adelante; mientras que las remodelaciones hechas a nivel del suelo continuarán lentificando el tráfico en la vía Brasil.

Estas deficiencias suelen acompañar a las construcciones apresuradas, usualmente sin consultas a usuarios o a especialistas, y pensando principalmente en las ganancias millonarias que puedan generar las construcciones; irregularidades que seguramente abundarán en numerosas obras pendientes, como la celebrada Ciudad Hospitalaria.

Afortunadamente, estos cruces representativos de nuestra ineptocracia tienen rectificación, consistente en adicionar un viaducto, similar al del Marañón, para que la vía Brasil pase sobre la vía Israel y la Calle 50 [este asesoramiento es gratis], algo que hubiera podido financiarse holgadamente con los cientos de millones despilfarrados por medio de sobreprecios.

JUBILADO DEL CUERPO DE INGENIEROS DE EE. UU.