Nuevo cisma: El Vaticano excomulga a la Fraternidad San Pío X tras ordenación no autorizada

Vista general de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, epicentro de la administración de la Iglesia católica y escenario de las recientes decisiones canónicas. Flor Navarro | La Estrella de Panamá
  • 03/07/2026 18:18

La medida no es solo para la jerarquía del grupo de orientación tradicionalista, sino que también afecta a los sacerdotes de la organización y a los fieles laicos

El Vaticano declaró formalmente en estado de cisma a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). Esta resolución canónica, anunciada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, implica la excomunión automática de los seis obispos implicados directamente en la consagración de cuatro nuevos prelados en Écône, Suiza, un acto que se llevó a cabo sin el consentimiento ni el mandato del papa León XIV.

La Santa Sede especificó que la medida no solo recae sobre la jerarquía del grupo de orientación tradicionalista, sino que también afecta a los sacerdotes de la organización y a aquellos fieles laicos que se adhieran de manera formal a sus posturas doctrinales y participen de forma habitual en sus actividades. De igual manera, Roma determinó que los sacramentos de la confesión y el matrimonio administrados por la fraternidad carecen de validez legal dentro de la Iglesia católica.

Las raíces históricas de un desencuentro litúrgico y doctrinal

Para comprender el origen de esta ruptura, se debe recordar la década de 1960, cuando la Iglesia católica celebró el Concilio Vaticano II. Aquel encuentro histórico introdujo reformas profundas con el fin de modernizar la institución, tales como la apertura al diálogo con otras religiones y el cambio de la misa en latín (rito tridentino) hacia las lenguas locales de cada país para fomentar la participación de los fieles.

Debido a esta situación, un sector encabezado por el arzobispo francés Marcel Lefebvre rechazó estas modificaciones al considerar que rompían con la auténtica tradición eclesial. Consecuentemente, Lefebvre fundó la Fraternidad San Pío X en 1970 para preservar la misa antigua (en latín, el sacerdote solo mira al altar y no a los fieles) y la teología preconciliar (considerado antes del modernismo de la Iglesia).

El punto de no retorno de aquella primera etapa ocurrió en 1988, cuando el arzobispo Lefebvre, ordenó a cuatro obispos sin autorización de Juan Pablo II, lo que provocó su excomunión inmediata.

Años más tarde, en 2009, el papa Benedicto XVI levantó las excomuniones personales a los obispos supervivientes en un intento de acercamiento, el estatus legal de la fraternidad nunca se regularizó. Posteriormente, el papa Francisco otorgó concesiones temporales (como validar sus confesiones y matrimonios), pero las tensiones se mantuvieron al limitarse de forma general el uso de la misa tradicional en latín en el resto de la Iglesia.

El detonante de la crisis actual y la respuesta de Roma

El presente conflicto se desencadenó tras la ordenación de los nuevos obispos Michael Goldade, Marc Hanappier, Michel Poinsinet de Sivry y Pascal Schreiber en el seminario suizo de Écône. La ceremonia fue presidida por Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay, dos de los obispos que ya habían sido ordenados en el evento de 1988.

A pesar de que el papa León XIV envió una carta personal de última hora implorando al superior de la orden, Davide Pagliarani, que detuviera el proceso para salvaguardar la unidad eclesial, la agrupación decidió seguir adelante. Desde la perspectiva de la FSSPX, la consagración de nuevos líderes era una “necesidad urgente” debido a que solo les quedaban dos obispos activos en edad avanzada, argumentando que su intención no es rebelarse, sino asegurar la supervivencia de la fe tradicional.

No obstante, el derecho canónico (la ley interna de la Iglesia católica) estipula de forma estricta que la ordenación de un obispo requiere siempre el mandato directo del sumo pontífice. Dado que este paso se omitió de forma deliberada, el Vaticano aplicó la sanción de excomunión latae sententiae, un término jurídico que hace referencia a una pena que se incurre de forma automática por el propio peso del acto cometido.

A través de este decreto, la Santa Sede busca trazar una línea clara respecto a su autoridad jerárquica. Con todo, las autoridades vaticanas recalcaron que la excomunión posee un carácter“medicinal” lo que significa que su propósito final no es el castigo permanente, sino invitar a la reflexión de los sancionados para que busquen una futura reconciliación con Roma.