2026: tiempo para una cultura de paz

  • 02/01/2026 00:00

En la época de Navidad hay un ambiente de cordialidad, generosidad y de armonía efímero, porque esa esencia de paz desaparece, entrado el síndrome postnavideño y de año nuevo.

Pero, es que la paz verdadera y la armonía, debe respirarse en todos los tiempos, es un anhelo universal, que según explica el Papa León XIV, que rechaza la lógica de la violencia y de la guerra, y que debe promoverse siempre.

La paz, es un derecho humano de tercera generación, de los pueblos y de las personas, que comprende el derecho a vivir en paz, y cuando hablamos de ello, surge a la mente los líderes de la paz, que lucharon contra la violencia, Mahatma Gandhi,Nelson Mandela, Martin Luther King, entre otros, y se entiende como ausencia de guerra o de conflictos, aunque ese concepto ha evolucionado, y la paz, hoy, es sinónimo de promoción y respeto de derechos fundamentales (Arango Durling, 2010).

Hay otra visión de paz de Galtung (2003) destacado investigador sobre la paz, ya fallecido, que nos dice que la paz negativa es ausencia de guerra y de violencia directa, mientras que en la paz positiva, reina el bienestar, y promueve la justicia social,la equidad y una cultura de paz mediante la educación.

¿Y cual es el índice de Panamá, según el Informe de Paz global (IPG) 2024, que mide el nivel de paz y la ausencia de violencia? Ocupamos la posicion 96, no “está en un buen puesto y puede considerarse un pais peligroso”, tomando en cuenta, entre otros, factores de criminalidad violenta, homicidios..

Y en cuanto a que se entiende por violencia, no es solo matar, herir o causar un daño físico a otro, o insultar o humillar (violencia directa visible), que son homicidios, violencia doméstica, bullying,tráfico de personas o violencia digital, entre otros; porque además, en Panamá, hay una violencia estructural normalizada, que comprende la desigualdad socioeconómica, la discriminación, la violencia contra la mujer, la niñez, y las comunidades indígenas, entre otros, mientras, que violencia cultural, constituye la discriminación y racismo contra los afrodescendientes, la comunidad LGBTIQ+, entre otros.

Por tanto, se afirma que la violencia es “la privación de los derechos humanos fundamentales, que afecta la búsqueda de la felicidad y prosperidad, su bienestar, (Galtung,2016); y en cuanto a quien la ejerce, es el hombre, porque tiene potencial para ello, aunque la violencia no es natural del hombre y ocurre porque las persona son influenciadas y estas conductas son aprendidas, por lo cual la educación, las puede transformar (Galtung, 2003).

Y para conocer la situación de los derechos fundamentales en nuestro país desde la perspectiva del derecho a la paz, es referente el Informe de las Naciones Unidas, “ Análisis de País 2025 (Country Analysis, CA) que presenta” una “fotografía país” en la actualidad en términos avances y desafíos hacia un desarrollo sostenible y analiza las tendencias y prospectivas hacia 2030”.

Indica el documento, que hay cambios significativos, pero que hay barreras y brechas y causas estructurales y culturales subyacentes que perpetuan y repercuten en la calidad de vida, el acceso a oportunidades y los derechos fundamentales como la educación, la salud, el empleo y la vivienda, de grupos vulnerables, niños, mujeres, personas mayores, afrodescendientes, comunidad,LGBTIQ+, las comunidades indígenas, entre otros.

Se refiere también, a la marcada desigualdad respecto al acceso de agua potable de calidad,la informalidad laboral y los bajos salarios siguen siendo obstáculos para la erradicación de la pobreza, los problemas de acceso a la educación y calidad de educación, la desigualdad salarial para las comunidades indigenas, y de los hombres respecto de las mujeres , entre otros.

Como se aprecia de lo expuesto, ya es tiempo de actuar para combatir la violencia que afecta el derecho a vivir en paz; eso es posible porque el ser humano tiene capacidad de paz (Galtung, 2003), y no queda más camino que construir una cultura de paz que inculque valores y actitudes que promuevan un cambio de actitud y comportamiento de respeto por la dignidad humana y los derechos humanos, empezando en el hogar, el aula de clase, en las comunidades y en todos los niveles de la sociedad, siendo necesario también que el Estado adopte mejores políticas públicas en educación, salud, vivienda entre otros, para eliminar la desigualdad, y hacer que “nadie se quede atrás”, es decir, ni marginado ni excluido.

Concluimos, citando el Manifiesto de Sevilla del 16 de noviembre de 1989 adoptado por la UNESCO, que dice lo siguiente: “así como “las guerras empiezan en el alma de los hombres”, la paz también encuentra su origen en nuestra alma. La misma especie que ha inventado la guerra también es capaz de inventar la paz. La responsabilidad incumbe a cada uno de nosotros”