9 de enero de 1964... LXII aniversario

Imagen tomada de Wikipedia
  • 09/01/2026 00:00

El 9 de enero de enero de 1964 es un punto de inflexión de nuestra historia, por la infame agresión sufrida a manos de quienes ejercían derechos jurisdiccionales, en nuestro territorio, como si fueran soberanos, arrebatándole la vida a veintitrés compatriotas y causando más de trescientos heridos. Quienes vivimos esa experiencia podemos afirmar categóricamente que, con una educación como la actual, desmantelada y en evidente abandono, semejante insurrección patriótica jamás habría ocurrido; entre cuyos méritos, según Gregorio Selser, está el “haber sacudido un marasmo de décadas”.

El desastroso estado de la educación nacional es resultado de políticas públicas impuestas por el capital financiero y consentidas por gobiernos lacayos. La educación es instrumento esencial del desarrollo, pero el Estado dejó de ser garante de la equidad educativa, convirtiendo la educación en mercancía y transformando la enseñanza en negocio, a fin de generar mano de obra, y de paso, incrementar la rentabilidad de los inversionistas. El objetivo actual no es impulsar el desarrollo ni mucho menos, estimular el pensamiento crítico, sino favorecer al capital financiero; para confirmarlo, basta comparar el presupuesto asignado a educación con el del grillete de la deuda, cuyo servicio, además de obligatorio, es a perpetuidad, como lo dispusieron en el Artículo 271 de la Constitución; realidad desmesurada que, si la juventud no advierte y enmienda, aumentará la exclusión y las desigualdades.

Basta de actos fraudulentos y de manipulación mediática, rendirle homenaje a la memoria de los mártires del 9 de enero de 1964 exige coherencia con la relevancia del sacrificio y de su trascendencia histórica. Ante la actual crisis, integral, profunda e irreversible, que nos ha convertido en el segundo país con más desigualdades, lo pertinente es un debate nacional, con énfasis en la educación y en la administración de justicia. La educación es fundamental para afrontar la crisis integralmente, lo cual exige la participación de los tres protagonistas del proceso de enseñanza-aprendizaje; el educando, los educadores y los padres de familia. Urge recuperar la libertad de pensamiento, la reflexión, el análisis crítico y el debate de la realidad nacional, así como los valores morales, la disciplina y el trabajo; las organizaciones estudiantiles son el vehículo idóneo para ello. Urge legitimar el ejercicio del poder público, basándose en la voluntad ciudadana. Refundar la Nación exige el concurso de la mayoría y acción sin más dilación ni distracción; al igual que, un Plan Nacional de Desarrollo, centrado en el bienestar de la mayoría, no a favor de cómplices y beneficiarios de la corrupción, la impunidad y el despotismo. Seamos Nación, no un instrumento más del fascismo depredador y antihumano.