A casi catorce años del TPC
- 10/02/2026 00:00
Si Panamá fuera una empresa, los tratados de libre comercio, TLC, serían como un departamento de ventas que cierra transacciones que no cumplirá, porque el departamento de producción le falla. Sustentaré mi punto.
En octubre se cumplirán 14 años de la entrada en vigor del TPC (un TLC con nombre modificado), entre nosotros y Estados Unidos. Es un éxito para captar aquí las inversiones de ese país y un fracaso para exportarle bienes. Me baso en informes del MICI, elaborados con información del INEC.
Veamos. Entre 2005 y 2012, los ocho años anteriores a la entrada en vigor del acuerdo, les exportamos $315 millones anuales en promedio. Entre 2013 y 2022, los diez años posteriores, el promedio cayó a $126 millones anuales. Con tratado, exportamos 60 % menos que sin él.
Es crucial comprender que la agricultura genera apenas el 3 % de nuestro PIB, pero emplea a un significativo 17 % de la población. Así, la pobreza se concentra en el área rural. Especialmente en comarcas, Darién, Bocas del Toro, Coclé y Veraguas, donde se produce una parte de nuestros alimentos.
Observemos ahora el escenario global, pues el uso de los aranceles como armamento geopolítico tiene efectos en todos los TLC. Recientemente, en el Foro Económico de Davos, Howard Lutnick, secretario de Comercio de Estados Unidos, dijo: “la globalización ha sido un fracaso para Occidente y dejó atrás a los trabajadores estadounidenses”. Su comentario no debe sorprender, pues el presidente Trump ganó las elecciones, entre otras razones, gracias al apoyo de esa masa de trabajadores desplazados.
Escuchando a Lutnick, me divertí imaginando que, donde sea que estén, Adam Smith y David Ricardo (economistas brillantes del siglo XVIII), deben estar rascándose la cabeza. ¡No con un gesto elegante y fugaz, sino con un rascado insistente, casi nervioso, que empieza con la yema de los dedos y termina despeinando pelucas ilustradas! Seguramente suspiran preguntándose cómo sus teorías sobre ventajas comparativas y especialización, acabaron en el tinaco.
Sobre nuestro TPC con Estados Unidos, hay tres preguntas de rigor: ¿Chillamos ahora porque viene la desgravación de productos gringos que nos “inundarán” y afectarán a nuestros productores de carne de res, cerdo y pollo? ¿Catorce años no bastaron para prepararnos? ¿Con la oportunidad de exportarles 110 productos (aprobados por su Departamento de Agricultura), por qué nos destacamos solamente en ocho, incluidos pescado, azúcar, café y guineo?
En la mañana del 20 de marzo de 2023, reinaba un ambiente tenso en la Presidencia. Aquella era una de esas citas en las que todos saben que no habrá concesiones ni frases para sonreir hipócritamente en la foto. Alex Taylor, subsecretaria de Comercio estadounidense en aquel momento, sentada frente al presidente Cortizo, disparó: “No habrá renegociación del Tratado de Promoción Comercial”. Nos dejó muy reducido el espacio para maniobrar. Pero hay esperanza: hace un par de semanas, el MICI anunció la publicación de resoluciones que activarán un Mecanismo Especial de Salvaguarda Agrícola, conforme al Artículo 3.17 del TPC.
La nota de prensa publicada sobre el tema, señaló que así esperan “mitigar impactos adversos sobre el sector agropecuario y garantizar condiciones de competencia más equilibradas en el proceso de apertura comercial del país”. Leo eso, soy realista y comprendo bien que el agro es un asunto de alta sensibilidad. Cualquier gobierno siempre le dirá a los productores que los protegerá.
Pero la realidad global exige actuar con responsabilidad y pragmatismo. El MICI lo está haciendo bien, para enfrentar una verdad incómoda: el proteccionismo es perjudicial, porque incentiva a nuestro agricultor a producir para el mercado local y lo desincentiva a que exporte. Como exportar es el propósito del TPC, sugiero dos soluciones.
Primero, para los productos de alto volumen, aumentemos el rendimiento por hectárea, con el MIDA financiándole a los productores la tecnología y capacitación necesarias para usar drones y micropropagación. Sobre esto último, ya hay una empresa llamada GreenLab, establecida en Veraguas con un claro liderazgo en el asunto y a la cual vale la pena considerar como asesora.
Segundo, para los productos de alto valor, enfoquémonos en nichos exitosos. Ya lo hacemos, por ejemplo, con nuestro café Geisha que nos llena de premios, orgullo y dinero internacionalmente.