A trompadas limpias
- 11/02/2026 00:00
La belicosidad es una expresión de la conducta caracterizada por la tendencia hacia la agresividad, la violencia y la confrontación, que tiene lugar ante conflictos armados, pero también en las interacciones sociales cotidianas. Comúnmente el individuo se altera frente a un determinado estímulo generado en sus vivencias y se siente cómo que la sangre le llega al cerebro para impulsar acciones que no existirían en condiciones normales.
En ocasiones es una determinada respuesta, un roce, un acto no esperado lo que promueve reacciones que inmediatamente crean un clima intranquilo en el grupo, la colectividad o en quienes se sienten aludidos por el detonante que genera las pulsaciones que se enrumban hacia el cerebro. A veces surge espontáneamente y también de manera esperada en quien anda a la búsqueda del conflicto, la pendencia o la disputa.
Cada actividad de intercambio público puede causar diferencias que terminan en un enfrentamiento: en el transporte colectivo y selectivo, con las cajeras de supermercados y centros comerciales, en ascensores, en las escaleras eléctricas de diferentes establecimientos, en la atención en el mercado o tiendas del ‘chinito/a’, y hasta en las aceras o en las calles. Hay un sinfín de otros lugares que son escenarios de las diferencias.
“Oye esa carne está llena de grasa; a mí no me la vas a meter” se puede escuchar donde el tendero o en el mercado. Lo que recibe una expresión airada del vendedor que justifica la selección de la pieza. Dependiendo del lenguaje o tono, este diferendo puede llegar a ponerse violento o por el contrario, mejorar en el proceso de venta.
“Hey, no te cueles en la fila y ponte al final. No te hagas el vivo”, se puede oir en la puerta de la unidad de transporte colectivo. Esto se propala a menudo en la terminal de transporte y por lo general, quien se ‘cuela’, responde con una actitud agria, sobre su necesidad de entrar rápido al vehículo. “Vete al ..., yo entro porque estoy apurado y no voy a esperar en esta fila de ...” se escucha como respuesta y justificación.
Hace unas semanas, una persona se ‘arrebató’ cuando le respondieron en la ventanilla de la farmacia de la Caja del Seguro Social porque no había el medicamento solicitado en la receta del médico. Se escucharon gritos y una especie de manifestación que recorrió el pasillo del lugar, además de insatisfacción con un grupo de asegurados.
En este ejemplo hay condiciones que promueven un estado de ánimo que se convierte en factor de la hostilidad verbal. Esta es la principal manifestación de la belicosidad; aunque en múltiples ocasiones también se llega al contacto físico y al deseo de imponerse al otro a trompadas limpias.
En una unidad de Mi Bus, hubo un altercado entre el conductor y un señor, quien se quejaba de que se le hubieran cruzado cuadras atrás e impedido de avanzar en una avenida urbana. Al llegar a la parada siguiente el afectado atravesó su auto, salió e increpó al busero. Como este mantenía la puerta abierta, su oponente entró y le dio dos cachetadas en medio de airadas palabras, no exentas de obscenidades.
Hace poco, en la parada de la Universidad de Panamá un individuo que esperaba, le pidió al conductor de Mi Bus que lo dejara entrar; al parecer o no tenía la tarjeta o quería subir a solicitar alguna ayuda. Como el chofer le negó la posibilidad de abordar, él entró y con insultos de por medio, le asestó dos golpes en la cabeza. Descendió y siguió los improperios. Los pasajeros pidieron al agredido cerrar las puertas y avanzar para evitar más líos.
Para colmo, hace unos días hubo un incidente parecido dentro de un autobús de la misma línea en el barrio El Chorrillo que terminó en la plaza 5 de Mayo cuando el pasajero invitó al conductor a resolver a puños la discusión en la acera.
Conductas agresivas, tratos groseros y el peligro de que un desquiciado nos cruce, busque pendencia y nos haga víctima. Hay que estar atentos en las calles ante tal violencia.