Amor traicionero
- 26/07/2026 00:00
La humillación no solo vino de afuera, sino que la traición se consumó desde el Palacio de las Garzas, y esta deslealtad es la que más duele. Lo que algunos llaman “destreza” de la actual administración es haber bajado la cerviz en desnudez; hacerle aceptar a los panameños, con repugnancia, la superioridad de otro; fuimos un amigo que se usa. Triste ver a compatriotas enalteciendo esta forma de “doblar el espinazo” para obedecer al que antes tenía que someterse a las reglas admitidas incluso por ellos mismos y garantizadas con el amor propio de los panameños, que saben distinguir entre lo que tiene precio y lo que no. Una infamia contra este pueblo que, liderados con nobleza, en su momento supo elevar su dignidad en el camino de alcanzar su integridad territorial, eliminar para siempre la “quinta frontera” y celebrar su luminoso matrimonio con la libertad y la soberanía.
¡La otrora afrenta de cercas y letreros de no trespassing, gold y silver rol, nombres en inglés, señas militares y signos visibles de una soberanía incompleta, fueron sustituidas hoy con memorandos! La intencional vileza conque trataron la dignidad nacional constituye un vergonzoso capítulo de nuestra historia más reciente. El verdadero nombre de ese famoso memorando no debe ser de “entendimiento” sino de sometimiento.
A esas voces que alaban a la administración “carambola paso firme” por haber “apaciguado” temporalmente la embestida norteña, toca recordarles que una cosa es “paciencia táctica” y otra autoenvilecimiento. La voluntad tornadiza y volátil que sopla del norte explica mejor ese vago y quebradizo olvido. ¡Sordos! ¿no escuchan a Ormuz?
A la hora de la hora, se plegaron a los colores de las 50 estrellas y con inusual prisa afloraron “sentimientos nacionalistas” contra la “maléfica” influencia de quienes realmente disputan con el imperio en declive el puesto número uno de los grandes en este planeta, pero que fueron colmados de alabanzas estando los amos cara a cara con sus competidores.
Nunca bombardearon la Uganda de Idi Amín ni la Corea del Norte de los Kim, pero sí la patria de Bolívar. Nuestro gobierno corrió a aplaudir los gestos del coloso por “salvar” la libertad y la democracia, pero se quedaron mudos ante los ejecutados sin juicio y cuando el peso del “poderoso caballero Don dinero” destapó la verdad. Repitieron esta conducta cuando los amos desataron su poderío bélico contra la antigua Persia y adoptan una postura genuflexa frente al cerco de hambre a nuestros hermanos cubanos.
Este pueblo ha demostrado que no se humilla por hablar de tú a tú con los grandes y poderosos, pero sí se avergüenza cuando sus dirigentes instruyen bajar la cabeza para que los más fuertes no se molesten y, por lo menos, alcancen parte de sus objetivos a través de la renuncia a nuestro fiel amor patrio. Este gobierno se acomodó, pero no se comportó como un emancipado. No se trata de un error. Este es el contenido de su visión general de gobernar. Quieren desmantelar lo conquistado por este pueblo en todo aquello que signifique apertura de oportunidades, participación y poder populares, libertad sindical, ejercicio democrático y soberanía. Esta visible inclinación evidencia que de su boca sale una cosa, pero otra muy distinta emana de su corazón, el cual apunta hacia el norte. Su cacareado amor es para otros.