Aprender a pensar

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  • 21/08/2026 00:00

La función que debe tener una elevada prioridad en la escuela es, sin dudas, aprender a pensar. Como muchas otras, depende primordialmente del método que utilice el docente, si es memorístico o es más cognoscitivo. Pensar tiene múltiples implicaciones y estrategias que sirven a ese propósito. Ya en 1932 el pedagogo y filósofo norteamericano, John Dewey, publicó su obra ¿Cómo pensamos? Expresaba que pensar es el diferenciador entre los seres humanos de los animales inferiores.

Aprender a pensar implica reflexionar de forma crítica, creativa y lógica para comprender y resolver un problema, situación, investigar o lograr evidencias sobre un hecho. Es saber utilizar el conocimiento de manera inteligente. Implica, a su vez, la capacidad de reflexionar, más que memorizar contenidos.

Se aprende a pensar cuando el estudiante debe responder a preguntas y problemas auténticos, utilizando la curiosidad y la experiencia. El conocimiento adquiere sentido cuando es aplicado a situaciones reales. Para ello, los docentes deben crear ambientes para el análisis, el razonamiento, el diálogo y la argumentación.

Este autor también expresaba que “aprender a pensar” liberaba a las personas de la impulsividad y de las acciones meramente rutinarias, destacaba que pensar permitía direccionar su vida de acuerdo con unas normas y propósitos; así como planificar y organizar sus vidas de forma intencional o deliberada según la visión que posee. La monotonía es enemiga de la curiosidad, del asombro y de la creatividad, que deben ser objetivos a lograr en la escuela, la familia y la sociedad. ¿Sabemos pensar? ¿Todas las personas pueden pensar de forma efectiva?

Nuevos aportes y conceptos llevan a señalar que enseñar a pensar demanda el uso de un conjunto de herramientas didácticas importantes, entre las que se cuentan: la metacognición, destrezas, rutinas y hábitos. En las diferentes tareas que se emprendan en el aula, la vida laboral o cotidiana, el pensamiento será una función clave. Muchas veces se toman decisiones equivocadas por no haber dedicado un tiempo al proceso de pensar. Un docente debe aprender a pensar con rigor, para orientar adecuadamente a sus alumnos.

La metacognición es la capacidad de regular el propio aprendizaje. Interrogarse y reflexionar sobre los aprendizajes adquiridos. (¿qué aprendí?, ¿cómo lo aprendí?,¿para qué?). Las destrezas de pensamiento es la toma de decisiones, la resolución de problemas, análisis comprensivo y analítico, desarrollo del pensamiento crítico, destrezas que fomenten la creatividad. Las rutinas implican patrones simples de pensamiento que pueden ser usados en repetidas ocasiones, hasta formar parte de la asignatura misma. Los hábitos de pensamiento, representan patrones de comportamiento identificables que realizan las personas inteligentes (persistencia, control de la impulsividad, escuchar con empatía, pensar en forma flexible, acercarse a la precisión, aplicar conocimientos anteriores, cuestionar y plantear problemas, pensar y comunicar con claridad, crear, innovar, imaginar, entre otros.)

Motivar a sus estudiantes para que aprendan y se sientan cómodos en la clase; los docentes pensadores podrán proponer ideas y proyectos eficaces; extrapolar esas habilidades a su vida personal, familiar y social. Serán un buen modelo para sus estudiantes, hijos y colegas.

Se puede enseñar a pensar de forma independiente o como parte de cada contenido o asignatura de la clase. ¿Cómo lograr enseñar a nuestros estudiantes a tener un pensamiento estructurado que les permita actuar según sus objetivos?

Decía Séneca que “El hombre sabio no busca la ausencia de problemas, sino la fortaleza para enfrentarlos”.

Si actuamos impulsivamente sin pensar, ni valorar todas las opciones, los resultados de nuestras acciones estarán lejos de los propósitos que nos hemos fijado lograr. La escala cognitiva de B. Bloom, propone una valoración de menor a mayor complejidad. Inicia con el conocimiento (datos, información, memoria, recuerdos), comprensión (entendimiento, explicación, debate), aplicación (práctica, calcula, aplica), análisis (contrarresta, diferencia, deduce), evaluar (valora, juzga, analiza críticamente), crear (imaginar, integrar, diseñar, inferir). Crear es el proceso cognitivo más complejo dentro de esta taxonomía de Bloom.

El lenguaje es el medio principal que tiene el ser humanos para darle forma a su pensamiento. Es desde el cerebro humano, tanto el hemisferio derecho como el izquierdo, tienen relación con el lenguaje. En el aula los docentes pueden realizar múltiples actividades para el desarrollo de la inteligencia lingüística. Entre ellas se encuentran: la escritura creativa (poesía, canto, ensayos, narrativa), oratoria (cuentos, chistes, reminiscencias), expresiones formales y no formales, lecturas, narraciones de cuentos, visitas de autores.

Enseñar implica una interacción frecuente entre estudiantes y docentes. Existe el lenguaje verbal y el no verbal. La habilidad para adquirir el lenguaje es una característica esencialmente humana y se debe tener altas expectativas con todos los estudiantes. Trabajar utilizando los tres cerebros del estudiante: actuar, sentir y pensar. Mantengamos siempre una expresión alegre y las opciones de mejorar. El científico Sousa, lo describe de esta forma: “Sorprendentemente las neuronas del cerebro de un niño establecen muchas más conexiones que las de los adultos.

El cerebro de un neonato establece conexiones a un ritmo increíble mientras que la criatura capta estímulos de su entorno. La información penetra en el cerebro mediante {ventanas} que surgen y luego se estrechan en distintos momentos. Cuanto más rico sea el entorno, mayor será el número de interconexiones que se formen. Como consecuencia de ello, el aprendizaje puede darse más rápidamente y con un mayor sentido” Sousa, D. (2022). Cómo Aprende el Cerebro. Enseñar y aprender a pensar, son los factores cardinales en todos los niveles del sistema educativo.

* El autor es docente e investigador