Bullying, la indiferencia también mata

  • 28/05/2026 00:00

El lunes 18 de mayo, en las tribunas de la Asamblea Nacional de Panamá, tuvimos la oportunidad de organizar el conversatorio “El cambio empieza hoy: Unidos contra el Bullying”, junto a Víctor Smoly y nuestra estimada Jaeenne Mae Bynoe, quien continúa una lucha incansable para alertar a Panamá sobre una realidad dolorosa que se ha incrustado en lo más profundo de nuestra sociedad.

Una realidad que le arrebató a su hijo, Bodoco, luego de múltiples señales de alerta que fueran ignoradas por profesionales, docentes, vecinos e incluso padres de familias de los hijos que lo acosaban.

El bullying ha dejado de ser un problema aislado para convertirse en una crisis global, y Panamá no escapa de esta situación. Las estadísticas son alarmantes: miles de niños y adolescentes sufren diariamente acoso, violencia física o humillación psicológica. Lo más preocupante es que muchas veces este problema continúa siendo minimizado con frases como “son cosas de niños”, “yo sufrí de acoso y mírame como estoy” o “eso siempre ha existido”, sin comprender las profundas heridas emocionales que puede dejar en quienes lo padecen.

Las cifras reflejan que estamos frente a una problemática mucho más profunda de lo que muchos quieren admitir. En el año 2021, Unicef presentó estadísticas alarmantes al señalar que entre el 50% y el 70% de los estudiantes han sido víctimas de algún tipo de acoso escolar. Más preocupantes aún son los resultados registrados en Suramérica para el año 2024: el 30.2% de los estudiantes afirmó haber sufrido bullying, el 31.3% reconoció haber participado o estado involucrado en peleas físicas y el 25.6% manifestó haber sido atacado físicamente.

Estos números no solo encienden las alarmas en todo el continente, sino que también obligan a Panamá a reflexionar seriamente sobre la manera en que nuestras instituciones, centros educativos, profesionales y familias están enfrentando esta realidad. Este año ya hemos visto dos casos fatales que han estremecido a nuestra sociedad y que deben servirnos como una llamada de atención urgente. Es importante entender que en ocasiones en casos de bullying, la responsabilidad recae inmediatamente sobre los maestros y centros educativos, pero es oportuno señalar, que en numerosos casos algunos padres de familia reaccionan con indiferencia o incluso justifican conductas agresivas de sus representados, tal vez porque algunos de ellos son sobrevivientes de acoso, ignorando las señales de alerta que los propios colegios intentan comunicarles.

He conocido casos donde padres afirman confiar en la versión de sus hijos por encima de las advertencias emitidas por docentes y orientadores, olvidando que la educación no depende únicamente de las aulas, porque hay que decirlo, la escuela enseña conocimientos, pero la familia construye los principios y valores de los individuos.

Cuando un niño crece creyendo que humillar, excluir o agredir a otros no tiene consecuencias, el problema deja de ser únicamente escolar y pasa a convertirse en una falla colectiva como sociedad. Combatir el bullying requiere instituciones comprometidas, pero también padres presentes, responsables y dispuestos a corregir a tiempo antes de que una conducta termine destruyendo la vida de otro joven.

Porque al final, el bullying no comienza con un golpe, comienza con una burla que todos ríen, con una humillación que alguien decide ignorar y con un niño que poco a poco empieza a sentirse solo en medio de un salón lleno de personas.

Y quizás ahí está el mayor peligro de esta crisis, que nos hemos acostumbrado demasiado a la indiferencia, ante el sufrimiento ajeno.