Bullying silencioso o relacional en el ámbito escolar

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  • 20/08/2026 00:00

Al analizar el acoso o bullying escolar, y en particular a continuación el bullying relacional o social, advertimos “lo difícil que es ser niño”, cuando se dan este tipo de situaciones, que en realidad no son nuevas, pero que han ido evolucionando negativamente, y que están encubiertos o disimulados, hoy en día, en el ámbito escolar.

El bullying o acoso escolar de mayor atención es el acoso físico y verbal, porque son visibles y directos. El primero no pasa desapercibido por los empujones, golpes o agresiones físicas; el segundo, por la expresiones hirientes o burlas.

Pero, existe el bullying social o relacional no verbal que se manifiesta de manera silenciosa, que debe ser motivo de preocupación tanto para los padres y educadores porque ocurre en los centros escolares, provoca daños emocionales a los estudiantes en el ámbito escolar, y es tan “silencioso y terriblemente astuto porque se instala en los protagonistas sin que nadie sea capaz de percibir nada, porque tanto el acosador como acosado muestran una aparentemente normalidad ante el resto de la clase” (Esteban, 2026).

Así, el acosador sin empatía domina e impone sus reglas, actúa impulsivamente, no invita a las actividades a su víctima, lo ignora deliberadamente, lo hace perder ese sentido de pertenencia, le prohíbe a sus compañeros que hablen con la víctima, o no le permite participar en sus conversaciones, y puede darse también por gestos o miradas, muecas, o esconder o dañar sus pertenencias.

Todo lo realiza de manera intencional y respectiva, y sus víctimas generalmente no reaccionan, son pasivas, tienen ataques de ansiedad, aislamiento, bajo rendimiento académico, hasta pueden llegar al suicidio, mientras que no faltan los observadores que no participan o callan por miedo, defienden o apoyan al acosador.

Y, ¿qué señales o alertas hay para detectar este tipo de bullying? Los padres de familia deben estar conscientes de los cambios de humor del niño, escucharlos, observar si habla menos y se ha vuelto introvertido, si evita hablar y no quiere asistir al colegio, está muy sensible o come menos, se sobresalta fácilmente, llega a casa triste, presenta dolores físicos antes de ir a clase, y de sospechar que ocurre el acoso, deben comunicarse con el centro educativo para que adopten las medidas al respecto.

Y los educadores tienen la responsabilidad de estar atentos a las señales de acoso no verbal, porque el acosador trata de llevarlo a cabo cuando no está presente el profesor o en lugares donde no hay cámaras en el colegio. De manera que son llamadas de atención, por ejemplo, que el estudiante esté solo en los recreos o reuniones, que evite hablar en el colegio, pierde objetos escolares, entre otros, lo que implica por un lado, que se active el Protocolo de acoso escolar cuando el educador lo detecta o porque los padres comunican estas situaciones irregulares, y el centro educativo debe darle el seguimiento respectivo (L289/2022).

Finalmente, este fenómeno es un asunto que nos compete a todos, por lo que hay que estar atentos, conocer e informarnos sobre este tipo de acoso y sobre los efectos dañinos en los niños, niñas o adolescentes, que hoy puede ser el hijo, el sobrino o el nieto, por lo que es evidente que todos tenemos que estar alertas, y en el caso de los educadores deben estar capacitados para reconocer y manejar estas manifestaciones silenciosas e invisibles, pero devastadoras que afectan el sentido de pertenencia.

* La autora es catedrática de Derecho Penal, Universidad de Panamá