Carta de un sanchista
- 30/06/2026 00:00
Hoy mi alma docente quiere enaltecer la labor de mis colegas sanchistas. Desde mi llegada a la Escuela Secundaria Pedro Pablo Sánchez, el ambiente combinaba la práctica con la teoría. Corrían los años noventa y ese tono académico de los maestros José Santamaría, Mirna Ortiz, entre otros era peculiar.
Por otro lado, esto se combinaba con las clases del profesor Ricaurte Concepción. Estas sesiones de aprendizaje eran muy curiosas. Estos recuerdos los describe un sanchista, que siente un gran aprecio por esta escuela y, por la conmemoración de sus ochenta años.
El ambiente de nacionalidad y trova fue esencial en mis primeros años. Eran clases bien instruidas, con excelente orientación. Momentos de exploración académica disfrute con la profesora Ima Acuña y Zoraida Beltrán. Grandes profesoras que mostraron un rostro sincero. En la media: cada clase de Historia, de la profesora Daisy Alvendas, era una llamada a seguir ese camino. Algo que hoy agradezco a esta profesora con orgullo.
En mi camino como formador de este recinto, escolar, la trova y la picardía entre colegas fue el pan de cada día. Un colegio que después de la pandemia, de la COVID-19, volvió con valores. Altibajos siempre existen en un mundo marcado por el positivismo nauseabundo. La nota caprichosa con la marcada rabia de tutores es rutina para los maestros. El mundo familiar que debe dominar el maestro solo se maneja con paciencia. Y así lo demuestran los artistas de esta prestigiosa escuela.
Son tantas anécdotas de mi etapa como formador. Momentos de copla franca que dedique con esmero al progenitor. O las veces que compartía, bajo el gazebo de la escuela, con la profesora de biología. Tantos recuerdos de notas incrustadas, en mi mente crítica, de la banda sanchista. Igualmente, las jornadas de acto cívico con el calor asfixiante, de mediodía, se compartían con patriotismo.
Esas mismas notas llevan mi mente, de alumno sanchista, al éxtasis de esta patria grande. El paso calibrado, sobre la arcilla, era la armonía. Cada viernes escribía una carta con la música de los redoblantes e instrumentos de viento. Un poema directo al maestro Pedro Pablo Sánchez. Noches que evocan un canto a las composiciones de Ñato Califa como Chia Ureña.
Finalmente, a este recinto escolar, en sus ochenta años quisiera elogiar. A los colegas sanchistas mi sincera gratitud por tanta paciencia. Hoy asume un liderazgo importante la escuela sanchista. Quizás en estos años existieron fallas, pero puedo decir con orgullo a mis maestros ¡alcanzamos la meta!. Recuerdo en estas cartas a esta juventud que domina el mundo. Todo esto con un proceso que implica madurar y fallar.