Comercio rosa: cuando la diversidad se vuelve mercancía
- 24/06/2026 00:00
Todo movimiento social se transforma con el tiempo, y la lucha por el reconocimiento de los derechos de la diversidad sexual no es la excepción. El movimiento LGBTIQ global cobró fuerza en respuesta a la epidemia del VIH, impulsado en buena medida por el financiamiento de agencias de cooperación de los países del G8.
En Panamá, ese proceso comenzó temprano. En 2001, el Estado reconoció legalmente a Hombres y Mujeres Nuevos, la primera organización LGBTIQ del país y, de hecho, la primera organización de diversidad sexual legalizada en Centroamérica. Su personería jurídica no llegó sin resistencia: la administración Moscoso se opuso alegando que una organización de homosexuales atentaba contra la moral pública y los valores cristianos. Solo para evitar el escarnio internacional firmó el reconocimiento.
En la última década, sin embargo, el activismo ha sido disputado por un nuevo actor: el mercado. Muchas empresas han descubierto que la población LGBTIQ representa un segmento de consumo atractivo. Parte de esa idea de mercado parte de un estereotipo —que, al no tener hijos, se dispone de más recursos—, pero ha bastado para que marcas busquen alinearse con la lucha, no siempre por convicción, sino por estrategia de ventas.
Así ha cambiado la retórica del movimiento. Emergió un discurso edulcorado —“Love is love”— que reduce la agenda a mensajes de positividad tóxica: como si el amor, por sí solo, resolviera la discriminación. Esa simplificación ha mostrado sus límites frente al avance de corrientes políticas de ultraderecha que no se disuelven con consignas.
El resultado es el comercio rosa: empresas que nos dicen amarnos, pero solo en junio; que pintan sus productos con los colores de la diversidad, pero sin auditoría, sin rendición de cuentas y sin compromiso real con los derechos que defendemos. Nos piden lealtad de consumo a cambio de publicidad, no de política pública.
Panamá no escapa a esta lógica. El comercio rosa ha traído fragmentación entre las organizaciones, porque mezcla la reivindicación de derechos con la lógica del branding. Si el movimiento quiere sostener su fuerza, debe distinguir entre la alianza genuina y la que se alquila por temporada.
La lucha LGBTIQ nació para salvar vidas y conquistar ciudadanía. No puede terminar siendo un escaparate de junio.