Cómo convertir el cobre en un activo estratégico
- 09/10/2026 00:00
El informe presentado al presidente por los ministros de Comercio e Industrias, Economía y Finanzas, y Ambiente puede marcar un punto de inflexión en uno de los debates más importantes y álgidos que hemos enfrentado como sociedad: qué hacer con la mina de cobre de Donoso que ya está ahí.
Luego de meses de auditorías, análisis económicos, ambientales y jurídicos, la Comisión ha colocado sobre la mesa una ruta diferente a las posiciones que han dominado el debate.
No propone repetir el pasado, mucho menos abandonar el activo nacional más importante que tenemos, después del Canal, que es nuestro cobre.
La Comisión recomienda evaluar la viabilidad de un nuevo acuerdo que permita una puesta en marcha de la operación minera orientada hacia un cierre ordenado del sitio, sin costo para el bolsillo de los panameños, y respetando tanto el fallo de la Corte Suprema de Justicia como la Ley 407 de 2023 una vez se agote la vida de la mina. La decisión final la tiene el Presidente de la República.
El informe propone varios puntos estructutales: no repetir el modelo jurídico anterior, reafirma que los minerales pertenecen a la Nación, tiene que haber una fecha definida de cierre y lograr que ese cierre sea financiado por la propia operación. También plantea que cualquier nuevo esquema debe producir mayores beneficios para Panamá y que parte de sus recursos tenga destinos transparentes y verificables, incluyendo programas ambientales.
Hay otro elemento particularmente importante. Las comunidades próximas al proyecto deberán participar de los beneficios y de la supervisión ambiental; y los arbitrajes internacionales pendientes tienen que terminar como condición de cualquier acuerdo.
Esto representa un giro radical en la discusión.
Por mucho tiempo hemos estado estancados inútilmente viendo a la minería como si solo existieran dos alternativas: mantener exactamente el modelo anterior o cerrar definitivamente la operación. El informe introduce una tercera vía: diseñar una arquitectura completamente nueva.
Incluso deja abierta para estudio una figura de empresa mixta entre el Estado y la empresa privada, alternativa que tendría que estructurarse jurídicamente definiendo con precisión activos, obligaciones, responsabilidades, fiscalización y plazos.
Pero existe una dimensión todavía mayor, que muchos no la ven. El cobre ha dejado de ser simplemente un “commodity” para convertirse en un recurso estratégico.
La Agencia Internacional de Energía señala en su “Global Critical Minerals Outlook 2026” que los minerales críticos se encuentran en el centro de las agendas de seguridad energética, económica y nacional.
En el caso específico del cobre, proyecta el mayor aumento de demanda entre los principales minerales analizados, aproximadamente siete millones de toneladas adicionales hacia 2040, impulsadas por redes eléctricas y tecnologías de nueva generación, lo cual impulsará la tendencia a un déficit de oferta de cobre de aproximadamente 25% hacia 2035.
Durante el siglo XX, el control y acceso seguro al petróleo condicionó alianzas internacionales, política exterior, seguridad nacional e incluso conflictos militares. En el siglo XXI, la electrificación, los centros de datos, la inteligencia artificial, las redes eléctricas, los vehículos eléctricos y numerosas tecnologías industriales están aumentando la importancia estratégica de minerales como el cobre.
Nuestra posición geográfica convirtió al Canal en una plataforma estratégica mundial. El cobre añadirá una segunda dimensión a nuestro peso internacional: convertir al país no solamente en ruta de tránsito del comercio mundial, sino también en proveedor relevante dentro de las cadenas internacionales de minerales esenciales.
Esa posibilidad tiene además una dimensión económica interna que no puede ignorarse. La propia Comisión calcula que la falta de definición sobre la mina significa dejar de generar alrededor de B/.6.85 millones diarios en divisas y estima que un cierre sin acuerdo podría representar entre B/.2,600 millones y B/.3,400 millones durante un período de 17 a 19 años.
Ya es hora de superar el debate desgastado de estar simplemente “a favor” o “en contra” de la minería. El debate es otro. ¿Como convertir un activo mineral de escala mundial en una fuente de ingresos públicos, desarrollo social y posicionamiento geopolítico, bajo un modelo jurídicamente constitucional, ambientalmente robusto, económicamente superior al anterior y sin trasladar al contribuyente el costo futuro del cierre?
El informe presentado hoy crea un marco concreto para que esa pregunta finalmente pueda ser contestada. El cobre ya no debe analizarse únicamente como una concesión minera ni exclusivamente como una fuente de regalías. En el nuevo escenario internacional constituye también un activo estratégico.
Para Panamá, esa puede terminar siendo la verdadera dimensión histórica de la decisión que ahora debemos tomar. El cobre puede transformar simultáneamente nuestra economía y nuestra posición geopolítica regional.
Porque, guardando las enormes diferencias entre ambos recursos, el cobre está adquiriendo para la economía tecnológica y electrificada del siglo XXI una importancia estratégica comparable a la que el petróleo tuvo para buena parte del siglo XX.