¿Cómo el sesgo contra Israel fue incorporado al sistema de la ONU?

  • 26/09/2026 00:00

Durante décadas, una nefasta enfermedad se ha estado propagando dentro de la ONU, dedicada a criticar a Israel. Tiene sus propias agencias permanentes, comisiones, presupuestos y personal permanentes y singulares. Juntos, producen un flujo incesante de informes falsos, de investigaciones manipuladas y resoluciones distorsionadas que influyen en la opinión pública sobre Israel, y continúan alimentando este sistema.

La cuestión ya no es si algunos funcionarios exhiben parcialidad. En algún punto, el sesgo dejó de ser un defecto del sistema, y se convirtió en el sistema.

Nacida de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y de los horrores del Holocausto, la ONU fue establecida en 1945 con una misión ambiciosa: salvar a las siguientes generaciones del flagelo de la guerra, defender los derechos humanos y garantizar que el derecho internacional sería aplicado de modo igualitario.

Hoy, la ONU es un protagonista fundamental en la configuración de la diplomacia, en el derecho internacional, en la cobertura mediática y en la opinión pública mundial. Sus informes son percibidos como una fuente fidedigna y creíble por gobiernos y periodistas de todo el mundo. Esa influencia conlleva una enorme responsabilidad a fin de aplicar sus normas imparcialmente. No obstante, cuando se trata de Israel, una democracia dinámica, los registros de la ONU reflejan una historia sumamente diferente.

Observemos las cifras. De 2015 a 2025, Israel fue objeto de más resoluciones críticas de la Asamblea General que el resto del mundo combinado en nueve de los últimos once años. Durante ese período, la Asamblea General adoptó 109 resoluciones críticas específicas contra Israel, en comparación con las 83 de todos los otros países combinados.

El desequilibrio resuena aún con más fuerza cuando se lo compara con la gravedad de las acciones de otros gobiernos. Un análisis comparando las condenas de la ONU con las calificaciones de gobernabilidad de Freedom House, reveló que Israel recibió una cantidad de condenas considerablemente mayor que los Estados autoritarios radicales, entre ellos, Siria, Irán y Corea del Norte. Esto es algo totalmente injustificable y absurdo.

Si Israel mantiene normas que estos regímenes violan rutinariamente, y, sin embargo, afronta condenas más severas, pues entonces, la cuestión no pasa por los derechos humanos. El enfoque desproporcionado que se le se da al único Estado judío del mundo, es el problema.

Esta disparidad no es accidental, la misma ha sido construida en la propia maquinaria, en el propio sistema de la ONU. El problema va mucho más allá de informes individuales o de funcionarios controvertidos. Durante décadas, la ONU ha construido un nivel de análisis minucioso acerca de Israel que no existe para ningún otro Estado.

La dinámica de bloques ayudó a explicar por qué las resoluciones antiisraelíes pueden contar con sólidas mayorías en la ONU, y reapareció en la Conferencia sobre Racismo en Durban 2001, donde una vez más Israel se convirtió en un objetivo central. Lo que comenzó como una política de coaliciones se transformó en un patrón permanente que sigue dándoles forma al trato de Israel en la ONU.

La ONU mantiene una División para los Derechos Palestinos, el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino, el Comité Especial para Investigar las Prácticas Israelíes, y el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidos para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA), un organismo de refugiados separado dedicado a la cuestión palestina.

Esta modalidad pone de manifiesto una contradicción fundamental. Muchos palestinos considerados como refugiados viven en los territorios palestinos, inclusive en zonas en las cuales la Autoridad Palestina ejerce responsabilidades gubernamentales significativas, y, no obstante, conservan el estatus especial de refugiados en el marco de la UNRWA.

Ninguna otra población de refugiados tiene un organismo específico de la ONU y un marco institucional comparable. La UNRWA fue establecida como un organismo de asistencia temporario, sin embargo, más de siete décadas después aún existe, y permitiendo que los descendientes de los refugiados originales también sean considerados refugiados. En lugar de llevar la cuestión de los refugiados hacia una resolución, el sistema ha permitido que el estatus de refugiado persista a través de las generaciones.

Israel exige lo que la ONU les prometió a todas las naciones desde el principio: un trato igualitario basado en normas iguales. Hasta que ello suceda, el interrogante ya no es si la institución tiene prejuicios contra Israel. La pregunta es si una institución que aplica sus principios de manera tan selectiva, aún puede continuar reivindicando la autoridad moral para hablar en nombre de la misma.