Con Torrijos o sin Torrijos en el Washington Post 1977
- 19/09/2026 00:00
Durante 49 años no he contado públicamente esta historia. No porque la haya olvidado, sino porque siempre he considerado que un recuerdo personal, por vívido que sea, no constituye por sí solo una prueba histórica.
Hoy puedo contarla porque existe un documento contemporáneo que permite comprobar una parte fundamental de lo ocurrido. Se trata del artículo que la periodista estadounidense Karen DeYoung publicó en The Washington Post el 2 de noviembre de 1977, bajo el título Torrijos Restless in Statesman Role, en el que relata acontecimientos ocurridos el 25 de octubre, dos días después del plebiscito del 23 de octubre.
Ese documento es la razón por la que ahora decido dar a conocer este episodio.
No pretendo reabrir las controversias políticas de 1977 ni juzgar, desde la perspectiva de 49 años después, las posiciones que entonces defendíamos. Nuestra posición era la del NO patriótico. Éramos jóvenes panameños que actuábamos de acuerdo con nuestras dudas y convicciones.
Quiero simplemente dejar constancia de unos hechos que ocurrieron en Panamá y que pocos días después tuvieron repercusión en la prensa internacional, particularmente en los Estados Unidos.
Una cita inesperada
Todo comenzó de una manera absolutamente casual. Me encontraba en una fiesta con mi amigo Rómulo Abad, fallecido recientemente. Allí estaban cuatro jóvenes universitarias, amigas nuestras. Ellas nos contaron que tenían una cita en la casa-oficina del General Omar Torrijos, en Calle 50. Su propósito era solicitar ayuda para adquirir unos instrumentos musicales para un colegio. Nos pidieron que las acompañáramos. No tenían temor; simplemente no querían llegar las cuatro solas. Nosotros aceptamos.
Ni Rómulo ni yo sabíamos con certeza con quién hablarían. Entendíamos que se trataba de una cita en la oficina del General y suponíamos que las atendería alguien de su equipo.
Llegamos aproximadamente a las 11:30 de la mañana. Al entrar encontramos una reunión en marcha. Allí estaba Omar Torrijos con otras personas y también una periodista estadounidense que entonces no conocíamos personalmente: Karen DeYoung, de The Washington Post. Nuestra sorpresa fue grande. Tuvimos que esperar en el mismo salón mientras las muchachas aguardaban el momento de plantear su petición.
En determinado momento Torrijos me miró y me dijo, en tono de pregunta: ¿Yo te conozco?
Le respondí quién era y le recordé que nos habíamos conocido anteriormente en el Hotel Holiday Inn, donde yo había estado con estudiantes de Derecho que se oponían a los tratados.
Entonces Torrijos se dirigió a la periodista y, delante de los presentes, le señaló que allí estaba uno de los dirigentes de la Facultad de Derecho que se oponían al tratado. Aquello me sorprendió.
Poco después, Lupe Martínez, a quien yo conocía, pero no sabía que trabajaba allí, se acercó y me llevó rápidamente a una pequeña salita situada en la entrada. Me dijo que el General quería hablar conmigo y apareció Torrijos.
Me explicó que la persona a quien se había referido era una periodista norteamericana y me pidió que le transmitiera un mensaje. Recuerdo que me dijo algo como: Por favor, dile que ustedes pueden destruir el Canal. Mi reacción fue de sorpresa: ¿Nosotros?
Torrijos insistió en que se lo dijera y se marchó rápidamente. Todo ocurrió en cuestión de segundos. Al regresar al salón, debo confesar que hasta me pareció gracioso verlo actuar como un niño que acababa de hacer una travesura. Al verme, había encontrado una oportunidad para hacer llegar, a través de aquella periodista norteamericana, un mensaje hacia los Estados Unidos. En ese momento yo no pensaba en las consecuencias que aquella frase pudiera tener. Eso lo comprendí después.
Rómulo fue el único que se dio cuenta de que Lupe me había llamado, aunque no sabía adónde había ido ni qué había ocurrido. Al abandonar aquella edificación, yo se lo dije solo a él, y mucho nos reímos.
Mi decisión
Mientras las muchachas hacían su petición, yo seguía pensando en lo que Torrijos acababa de decirme. Finalmente, cuando nos íbamos, decidí hacerlo.
Me acerqué a la periodista y le pregunté su nombre. Me lo dijo, pero no le presté mayor atención. Lo que me importaba era que era una periodista de The Washington Post. Hoy sé que era Karen DeYoung. Al hablar con ella, quise transmitir aquel mensaje, pero desde nuestra propia posición. Por eso añadí mi propia expresión de independencia: “Con Torrijos o sin Torrijos.”
El artículo de DeYoung recoge mi declaración y la presenta como el mensaje que los estudiantes querían enviar al pueblo estadounidense: que Panamá era su casa y que la juventud panameña sabía cómo destruir cualquier parte del Canal, “with or without Torrijos”.
Solo después comprendí la dimensión de su escrito. Los tratados necesitaban la ratificación del Senado de los Estados Unidos y, según su artículo, la mayoría de los senadores se encontraban entonces en contra o indecisos.
Fue en ese momento cuando pensé que aquella pequeña “travesura” de Torrijos tenía probablemente un propósito más concreto de lo que yo había entendido aquella mañana: aprovechar mi presencia para hacer llegar, por medio de una periodista, un mensaje a quienes en Washington tenían en sus manos el futuro de los tratados.
¿Por qué contarlo ahora?
Todo eso pertenecía a mi memoria. Hoy, el escrito de DeYoung registra mi declaración y permite situar aquel episodio en su contexto histórico. Por eso considero que ahora sí vale la pena contarlo.
Yo nunca volví a encontrarme con Torrijos. Después de su fallecimiento, aquella casa sería conocida como “La Casa del Recuerdo”. Rómulo ya no está y DeYoung sigue activa. Después de 49 años, creo que ya era hora de contarla.