Consolidarel futuro
- 29/07/2026 00:00
El futuro es un tiempo que no existe, que se hace perceptible cuando alguien planifica cómo puede o podrá ser algo en esta perspectiva y se pone a trabajar para alcanzar aquello que se ha propuesto. Por lo general se aspira a alcanzar un cambio con relación al presente y se traza una cronología para lograr lo que se ha formulado. El progreso suele estar marcado por los pasos que se sigan y la correcta ejecución de las etapas concebidas.
¿Qué es lo que esperamos ser en cinco, diez, o veinte años? ¿Qué pasos hay que dar para alcanzarlo? ¿Cuánto hay que invertir para llegar a lo que se espera y quién ha de financiarlo? Por lo general son las preguntas que se plantea un político para organizar su propuesta de trabajo y aquí debe ser muy objetivo en proponer aquello que está a su haber y que no vulnere las disposiciones o la razón.
Cada vez que en el país se han hecho planes para cambiar la situación socioeconómica de un determinado sector de la población, los más desprotegidos o vulnerables, el resultado ha sido un ruidoso fracaso. Eso se debe a que los cambios, cuando se trata de llegar a núcleos sociales del país, no resultan tan fáciles de alcanzar. Existe un conjunto de factores que deben tomarse en cuenta, así como las implicaciones que va a dejar el mencionado proyecto.
Uno de los principales elementos a tomar en cuenta es preguntarse, que ¿para qué los cambios? y a ¿quién interesan? Aquel que ha de resultar beneficiario de los planes, ¿ha participado en el diagnóstico hecho y ha alcanzado a ver qué es lo que requiere en realidad? Esto hace pensar por ejemplo en la cantidad de proyectos que se hacen cada cierto tiempo para mejorar las condiciones de la ciudad de Colón y el resultado que tienen tales iniciativas.
¿Cómo formular un plan de desarrollo para sacar de la vulnerabilidad por ejemplo al 35 % de los niños y adolescentes que vive en situación de pobreza o al 16 % que permanece en pobreza extrema?, según el diagnóstico de Unicef, que, en Panamá, además “revela una profunda desigualdad en educación, salud y acceso a servicios básicos como el agua potable”.
Cada vez que alguna autoridad se propone construir una cantidad específica de edificios para albergar a una población necesitada, ¿cómo ha sido concebido tal plan y hasta dónde llega? porque uno puede cambiar la pobreza de un lugar para el otro. No importa cuántas unidades de vivienda se hayan construido en Curundú, en Altos de los Lagos, Colón, San Miguelito o Pedregal la población de allí en esos lugares, no ha hecho más que trasladar su pobreza.
Las cifras no mienten y los hechos delictivos en esos lugares dejan saldos aleccionadores. Esa es la parte desconocida o no tomada en cuenta y que, por lo general, a los políticos poco importa. Estos fenómenos se producen pese a que hay múltiples posibilidades que podrían cambiar a los grupos humanos cuando se procura modificar su situación. Todo empieza por preguntarse ¿hasta dónde se quiere que ellos lleguen?, ¿cómo reducir su vulnerabilidad e integrarlos en el desarrollo?
Múltiples disciplinas entran en juego y sobre todo la ciencia para alcanzar un resultado que se ajuste a lo propuesto. Hay también que trabajar en fortalecer los valores de quienes van a beneficiarse con los resultados de cualquier proyecto. ¿De qué vale establecer una nueva planta de procesamiento de mariscos si a la comunidad no se le ha preparado para pasar a una nueva fase en este tipo de actividad de pesca?
El país puede crecer y tiene todas las posibilidades para alcanzar logros en diferentes campos, pero es necesario construir modelos de desarrollo integral; no se puede seguir solo creando mercados para el consumo y para fortalecer las economías de un sector en detrimento de otros. No se puede planificar con discursos altisonantes llenos de bombos y platillos.
El desarrollo solo se podrá alcanzar si se concibe de otra manera y con una visión integral que elimine las inequidades.