Construyendo un camino hacia la paz
- 28/09/2026 00:00
Trabajando juntos para lograr el retorno de los niños ucranianos, los civiles detenidos y los prisioneros de guerra
Cada mañana, a las 9:00 a.m., Ucrania se detiene. En ciudades de toda Ucrania, los altavoces que normalmente se utilizan para alertar sobre ataques aéreos rusos inminentes transmiten el constante tic-tac de un reloj.
Las calles de las ciudades, habitualmente llenas de vida, quedan en silencio.
Los semáforos se ponen en rojo. Los automóviles se detienen.
Durante un minuto, todo un país hace una pausa.
Este es el momento diario de silencio de Ucrania, un acto nacional de conmemoración para honrar a quienes han muerto a causa de la guerra ilegal de Rusia. En lugares de trabajo, hogares, escuelas, mercados y carreteras, los ucranianos hacen una pausa para rendir homenaje a quienes dieron su vida defendiendo la soberanía y la libertad de su país, y para recordar a los miles de civiles cuyas vidas se han perdido debido a la agresión rusa.
El silencio también refleja la ausencia que sienten miles de familias cuyos seres queridos aún no han regresado a casa.
Entre ellos se encuentran los miles de niños ucranianos que han sido trasladados por la fuerza y deportados ilegalmente por Rusia durante el transcurso de la guerra. Separados de sus familias y comunidades, muchos han sido despojados de elementos fundamentales de su identidad: su idioma, su cultura e incluso sus nombres.
También están los civiles detenidos ilegalmente en territorios ocupados temporalmente por Rusia. Muchos han sufrido represalias por enseñar su lengua, practicar su cultura, expresar su oposición a la ocupación o compartir la verdad sobre lo que han presenciado. Algunos han sido trasladados a centros de detención en Rusia, donde permanecen privados de libertad sin el debido proceso, sin contacto con sus seres queridos, sin acceso adecuado a atención médica y sin supervisión independiente.
Para los prisioneros de guerra ucranianos bajo custodia rusa, las condiciones siguen siendo igualmente preocupantes. Quienes han regresado han denunciado malos tratos, mientras que organismos independientes han documentado abusos generalizados, incluida la tortura y la violencia sexual.
Estas no son consecuencias accidentales de la guerra de Rusia. Las acciones de Rusia constituyen violaciones reiteradas y ampliamente documentadas del derecho internacional, llevadas a cabo a gran escala con el fin de quebrantar la voluntad del pueblo ucraniano.
Detrás de cada caso hay una historia humana: un padre o una madre esperando a un hijo, una pareja esperando una llamada telefónica, una familia esperando el regreso de un ser querido.
Sabemos que la verdadera medida de la paz se encuentra en estas historias centradas en las personas. Se encuentra en el regreso de un niño a su familia, en la liberación de un civil detenido ilegalmente, en la reunificación de un prisionero de guerra con sus seres queridos y en la oportunidad que recibe una comunidad para sanar y reconstruirse.
La magnitud de este desafío es inmensa, y ningún país u organización puede afrontarlo por sí solo. El éxito requiere una cooperación sostenida entre gobiernos, organizaciones internacionales, actores humanitarios y la sociedad civil.
Por ello, Canadá, Noruega y Ucrania reunirán a ministros de Relaciones Exteriores y socios internacionales en Toronto los días 28 y 29 de septiembre para la Conferencia Internacional Caminos hacia la Paz: Segunda Conferencia Internacional sobre el Retorno de los Niños Ucranianos, los Civiles Detenidos y los Prisioneros de Guerra.
Sobre la base de los avances logrados en la conferencia ministerial sobre el mismo tema organizada por nuestros tres países en Canadá en 2024, esta conferencia reunirá a socios internacionales para apoyar los esfuerzos de Ucrania destinados a lograr el retorno, la rehabilitación y la reintegración de los niños ucranianos deportados, los civiles detenidos y los prisioneros de guerra.
Su regreso es un imperativo humanitario y un elemento fundamental de cualquier proceso de paz, ya que contribuye a generar confianza y a sentar las bases de una paz justa, duradera y digna. Cada persona que regresa reúne a una familia. Cada familia reunida fortalece a una comunidad. Y cada comunidad que prospera ayuda a reconstruir Ucrania.
Cada mañana, millones de ucranianos hacen una pausa para recordar a quienes ya no están y a quienes aún no han regresado. En ese acto de memoria, y con extraordinario valor e ingenio, también reparan lo que Rusia ha destruido, cuidan unos de otros y fortalecen las comunidades que la agresión rusa ha intentado desintegrar.
Nuestra esperanza es que Caminos hacia la Paz movilice a la comunidad internacional no solo para acompañar a Ucrania en el recuerdo, sino también para actuar junto a ella y ayudar a que cada niño deportado, cada civil detenido y cada prisionero de guerra pueda regresar a casa.
*Patricia Atkinson es embajadora de Canadá en Panamá y Oleksandr Rummo, embajada de Ucrania en Panamá