Contra la discriminación y celebrando la poesía
- 23/03/2026 00:00
No sé si el pasado viernes u hoy en los colegios del país, tomaron un espacio para celebrar con los estudiantes el 21 de marzo: Día Mundial Contra la Discriminación Racial, dado el hecho de que cayó sábado. O tal vez, aún se encentran las autoridades enmarañados en esa ridícula y tenebrosamente ignorante discusión sobre la supuesta certificación de la etnia o como lo quieran explicar. Algunas ideas de este artículo fueron presentadas anteriormente.
Declarada por la Organización de las Naciones Unidas -ONU- en 1966, cuando “... instó a la comunidad internacional a redoblar sus esfuerzos para eliminar todas las formas de discriminación racial”, ¡y vaya que aún queda mucho por hacer! El trato dado a negros y otras minorías étnicas, ya sea de manera individual, a grupos o mediante conflictos raciales alrededor del mundo que amenazan su bienestar y la vida misma, les roba sus sueños y esperanzas, deja en evidencia el largo camino que queda por transitar hacia un mundo más inclusivo e igualitario.
“El viejo veneno del racismo sigue vivo y plenamente activo en todas las comunidades, las sociedades, los países y las regiones del mundo.”, señaló el secretario general de la ONU, Antonio Guterres en su mensaje alusivo a la fecha. Ojalá, en nuestros colegios y escuelas hayan encontrado suficiente tiempo para explorar estos desafíos a profundidad. Mirar el entorno inmediato y el más amplio – al margen de yo digo y tu obedeces - y discutirlo con los muchachos críticamente. A lo mejor llegan a la conclusión: de que ciudadanos éticos y comprometidos con la patria también tienen un afro.
El pasado 21 de marzo también celebramos la Poesía, declarado por la Unesco en 1999. El mensaje oficial de la institución internacional señala que la fecha “...conmemora una de las formas más preciadas de la expresión e identidad lingüística de la humanidad. La poesía, practicada a lo largo de la historia en todas las culturas y en todos los continentes, habla de nuestra humanidad común y de nuestros valores compartidos, transformando el poema más simple en un poderoso catalizador del diálogo y la paz”.
Yo agregaría que la poesía puede servir de vehículo comunicativo y estético en su forma, para iniciar un diálogo necesario, justo y hasta a veces hermoso para educar, comprender los caminos recorridos por las personas, las comunidades, las culturas, como en el caso de los estudiantes y sus expresiones de identidad.
Si hace falta mucho por hacer para acabar con la discriminación y el racismo, hay un trabajo por hacer para mejorar la cultura y la conducta política de los que pretenden liderarnos. No solo en la parte de administración de la cosa pública, sino, también, en la conducta social-política. Siempre podemos recurrir a la poesía para iniciar un proceso para sensibilizar el espíritu humano ante estos retos.
Hace un tiempo, hice referencia al escritor Paul Richards y su artículo titulado “On poetry and politics” (Sobre poesía y política), en el cual recordó un discurso de John F. Kennedy pronunciado semanas antes de su asesinato en honor al poeta Robert Frost, quien había fallecido ese mismo año. Kennedy tituló su discurso “Full recognition of the place of the artist” (Reconocimiento pleno al lugar del artista) y Richards se admiró con el párrafo que señala: “Cuando el poder conduce a los hombres hacia la arrogancia, la poesía le recuerda sus limitaciones. Cuando la energía reduce las áreas de preocupación del hombre, la poesía le recuerda la riqueza y diversidad de su existencia. Cuando el poder corrompe, la poesía limpia. Porque el arte establece la confianza humana básica que debe servir de piedra angular de nuestro juicio”.
Para este ambiente que se mueve a velocidades extraordinarias y, para algunos en el mundo corporativo que buscan —ante todo— la creación de riquezas exorbitantes para el provecho y beneficio de muy pocos, la introducción de expresiones literarias y poéticas en su cotidianidad, puede tener el efecto que muy bien señala David Whyte, autor y poeta: trasformar su lenguaje tecnócrata y el efecto del mismo en un léxico que rediseña sus metas y objetivos en conductas que buscan el bien común y el mejoramiento de las condiciones sociales para las futuras generaciones.
Kennedy ofrece la conceptualización apropiada para el oficio político. Cada uno se dibuja solo y la apreciación poética tiene el potencial de hacer de nosotros figuras humanas capaces de hacer de este mundo un lugar más solidario. Si todos se involucraran en una celebración como esta: politiqueros, empresarios, el tipo del Metrobús, etc., y no lo descartaran como una actividad de despreocupados, noctámbulos y bohemios, una mejor apreciación por la vida comenzaría a germinar en este mundo tan difícil.