¿Cuál es el área metropolitana de Panamá?

  • 07/03/2026 00:00

A veces parece que la realidad nos supera y lo que pudiesen ser oportunidades para abrir las ventanas a un desarrollo inclusivo, participativo, equitativo -en una palabra- sostenible, se convierte en el mayor obstáculo para la construcción de agendas comunes, con una visión compartida de hacia donde se enfoca y priorizamos el desarrollo.

Dicho hasta el cansancio, Panamá posee una de las riquezas en biodiversidad más importantes del planeta, no solo por sus bosques, sino también por sus ecosistemas costeros y marinos. Sin embargo, muchas veces pensamos que esta riqueza se concentra en las áreas protegidas, en las zonas rurales o áreas poco intervenidas del país. Cuántas veces pensamos, o qué nivel de conciencia tenemos en que la zona metropolitana- aquella que contiene a la mitad de la población panameña- está asentada y creciendo intensa y desordenadamente en medio del corredor biológico transístmico, mismo que forma parte de la cuenca del Canal de Panamá, que garantiza agua para consumo humano y tránsito de naves, y que a su vez conecta 2 importantes océanos. Sí, las zonas urbanas más ocupadas del país se encuentran localizadas en esta importante joya natural del planeta.

Hace algunos meses, dentro del programa Laboratorio para Ciudades Sostenibles (USLab), el equipo de pasantes investigadores realizaban el estudio de cómo se adapta el Área Metropolitana de Panamá (AMP) ante el cambio climático; y se encontraron con que no tiene una definición concensuada institucional, por lo que no existe una política pública para su manejo en ninguno de sus aspectos.

Ahora bien, si queremos saber puntualmente cuál es el área metropolitana de Panamá, más allá de la intuición, la realidad es que es una idea que cambia de huella entre las diversas instituciones del Estado, ya que existen diferentes alances de acuerdo a sus zonas de incidencia.

Para el Miviot, la AMP es diferente a la del Meduca, o la del Minsa a la del MEF, u otras instituciones; siendo así, no puede existir una política pública que aborde los desafíos de gestión urbana- manejo de desechos, transporte público, servicios básicos- que se integren- como ya de hecho se integra la ocupación física del territorio, y que trasciende fronteras políticas municipales. Cuando todo esto, además, está ocurriendo en medio de una conexión ecológica de alta sensibilidad, que contiene una de nuestras reservas hídricas más importantes, debería no solo ponernos a pensar, sino llamarnos a actuar.

En la investigación del USLab, la aplicación de criterios internacionales para la definición de las áreas urbanas en diversos países del mundo, dio como resultado la configuración de la Región Metropolitana Interoceánica de Panamá (REMIP); esto no solo por las características de población, servicios, transporte e historia cultural, sino por la bioconexión única e inigualable del corredor biológico transístmico que contiene, atraviesa, interconecta las ciudades de Colón, Panamá, San Miguelito, Arraiján y La Chorrera; entretejidas por su población humana, pero también por su biodiversidad tropical entre el Caribe y el Pacífico.

Ignorar que el avance de nuestro crecimiento no planificado afecta desde las fuentes de agua que nos abastecen, hasta la convivencia equilibrada con un ecosistema frágil, del cual depende nuestra vida y la de millones de especies, es extender el nivel de irresponsabilidad de quienes nos antecedieron. Entonces, tal vez fue por ignorancia; hoy, no hacer algo, sería negligencia.

Articular proyectos de movilidad pública, manejo de desechos, potabilización y distribución hídrica, recuperación de bosques de galería -que además interconectan de forma natural nuestras ciudadades- se vuelve mandatorio cuanto beneficia la calidad de vida de la población urbana; proyectando a Panamá como un modelo para la región en adaptación climática y restauración de biodiversidad urbana.

Los estudios existen, las herramientas están disponibles, la capacidad puede desarrollarse en la medida que los proyectos -articulados intermunicipalmente- se implementen. Y más que hablar de “voluntad política” hablemos de la voluntad humana para hacer lo correcto desde el poder que se ejerce y la responsabilidad diferenciada, pero compartida. A todos nos toca accionar para que la REMIP, sea posible, viable y real.