Cuando la educación deja atrás a madres, niños y sociedad
- 14/10/2026 00:00
En mi caminar como encuestador e investigador social y de mercado constantemente encuentro niñas menores de 18 años cuidando sus hijos en casa, durante las encuestas, disfrutando felices de la ternura con sus pequeños hijos, mientras el tren de la vida educativa las deja atrás. La ternura de una niña cuidando a un bebé, cuando la niña es la madre, como psicólogo, me recuerda que detrás de esa escena siempre hay situaciones de estrés económico, agotamiento emocional de la madre, menor oportunidad de estimulación temprana o crianza fragmentada, además de la ausencia de padre. Sin embargo, me parecía algo normal hasta que leí el libro “Educación, Pobreza y Desigualdad” de José Chen Barría, donde descubrí que cada 24 horas dan a luz 21 niñas de entre 10 y 18 años, de los cuales el 58% ocurre en los barrios populares de Panamá, San Miguelito y otras zonas urbanas.
Pensemos que si en el año 2012 nacieron 15,206 y cada año se repitiese el mismo ciclo, estaríamos hablando de que cada 6 años serían más de 100,000 niños aproximadamente en estas condiciones, y en crecimiento. Por lo cual, en este artículo no quiero enfocarme en la prevención del embarazo temprano y sus métodos. Sino en el efecto que esta situación tiene en la formación y educación de los hijos de madres adolescentes en la desigualdad educativa.
A los bebé de madre adolescentes los tiende a dejar atrás el tren del desarrollo infantil, pues su contexto le reduce las oportunidades de desarrollar el lenguaje, construir seguridad emocional, regular sus emociones y llegar a la escuela con mejores condiciones de aprender; tal como se puede leer en el estudio con mujeres latinas titulado “School Readiness of Children Born to Low-Income, Adolescent Latinas in Miami” (2013), que encontró una asociación entre maternidad adolescente y menores competencias cognitivas y lingüísticas a los cuatro años.
Durante los primeros años los niños necesitan desarrollar el lenguaje. Este ayuda al niño a conocer un repertorio de palabras, desarrollar una comprensión oral y tener la capacidad de relacionar palabras con ideas y emociones propias, para dar sentido a lo que escucha o lee, lo cual les servirá a futuro como el fundamento de la comprensión lectora. Los niños en este contexto tienden a iniciar la vida escolar con desventajas, teniendo dificultades para comprender las instrucciones del maestro y expresar sus ideas; necesitan más acompañamiento para desarrollar las misma habilidades que otros niños y estas dificultades condicionan sus oportunidades.
En una situación tan compleja, podemos exigir a los niños más responsabilidades en sus actos, achacar el problema al modo de crianza de los padres, pedir a las escuelas que corrijan las desigualdades, sin embargo, si no estamos dispuestos a unir esfuerzos para reformar el futuro educativo a nosotros también nos va a dejar el tren. Quizás el error de fondo es pretender resolver todos los problemas educativos desde la educación, mientras olvidamos la trascendencia de la planificación nacional y territorial para el desarrollo nacional. La educación no puede asumir sola la responsabilidad que compete a múltiples sectores. ¿Cómo podemos aspirar a transformar la educación si no planificamos integralmente el desarrollo del país?