Cuando pase el temblor

  • 24/10/2026 00:00

El terremoto de 1991, cuyo epicentro fue Bocas del Toro, se sintió en varias provincias y las réplicas fueron disminuyendo a medida que pasaban los días. Sin embargo, el terremoto reciente lo catalogo de mayor intensidad y con más efectos destructivos.

Estaba en Soná cuando empezó un leve sismo y solo en tres segundos se desató el “infierno”. Imágenes de película de personas corriendo y gritando por las calles, así como edificaciones derrumbándose.

Nadie pudo dormir en Soná durante los días siguientes, ya que las réplicas sobre todo en horas de la noche eran constantes. Como en toda catástrofe, el sentimiento de apoyo aflora en mucha gente, así como la empatía de personas con recursos que desean ayudar. Sin embargo, también aflora el juega vivo de personas que no fueron afectadas severamente, pero que quieren también recibir ayuda a pesar de su gran poder adquisitivo.

El estrés posttraumático considero que es el mayor problema para resolver luego de una catástrofe como un terremoto. Pasan semanas y meses antes de que las personas dejen de enfocarse en la experiencia vivida.

La atención en salud mental para la población debe activarse y llegar a los lugares de mayor afectación. No se trata de hacer taquilla y propaganda para una desgracia como la vivida, recientemente, sino de una atención y ayuda efectiva sin distinción política ni religiosa.

Nadie debería alegrarse por una iglesia de la fe católica que sucumbió bajo el temblor ni desatar teorías conspirativas donde la imagen del diablo nunca faltan. Las desgracias por efectos de la naturaleza no distinguen ideologías ni tendencia religiosa.

Actualmente, pueblos como Soná que recibieron un impacto muy fuerte del terremoto deben estar bajo la lupa del gobierno y las organizaciones cívicas. Muchos comercios que emplean a varios colaboradores no han podido abrir sus puertas por los daños sufridos en su estructura, y eso debe ser atendido de forma inmediata, porque estamos hablando del sustento de muchas familias.

Los gobiernos locales deben hacer un trabajo efectivo en la reparación de muchos comercios y que la vida cotidiana pueda retornar lo más pronto a la normalidad.