Cuando se escogen candidatos que ha reprobado en la gestión de la UP
- 09/06/2026 00:53
En reiteradas oportunidades, a propósito de la actual contienda electoral que avanza en nuestra Universidad de Panamá, diversos colegas me han pedido que compartiera ideas que dieran algunas luces sobre aquellos aspectos que llevan a los/as votantes a tomar una decisión que va en contra de sus propios intereses, peor aún, del bien común del colectivo institucional.
Dadas las restricciones de espacio propias de un medio como este, me permitiré describir algunas de las razones que conducen a este fenómeno psicosocial, que a fin de cuentas representan una negación a los intereses y razón de ser de la Educación pública. observando que entre unos y otros hay vínculos que no se ven siempre a primera vista. Me referiré aquí a..., la primera es la conducta resultante de las “Estrategias de persuasión de las campañas de los candidatos”. Esta se observa cuando los diseños propagandísticos, se fundamentan en mensajes atractivos, emocionales y simplificados, que terminan convenciendo al elector/a. a escoger tal opción, considerando como favorable a este/a, lo que realmente no lo es. Con frecuencia el uso de narrativas heroicas o de terror, que infunden miedo, también entra en esta categoría de razones, por cuanto reemplazan la necesidad que debería darse de un análisis verdaderamente racional.
Lo anterior nos lleva a una segunda razón, vinculable a aquella. Se trata de que en la campaña actual, quienes están en la condición reeleccionista u “oficialista” han difundido en algunos grupos el temor de que los mismos-sean estudiantes, docentes o administrativos-perderían su “confort” actual, su estatus alcanzado, si la oferta electoral ganadora resultase ser la que está prometiendo cambios en la Universidad. El toque emocional de la estrategia propagandística mencionada anteriormente, al escamotear la aplicación del razonamiento crítico, no permite analizar y concluir que en realidad, los intereses de la población votante están resguardados precisamente en quien plantea cambios institucionales, porque de lo contrario toda la Universidad se sumirá en una mayor crisis que la que atravesamos hoy, cuyo desenlace llevaría indefectiblemente a perder ese estatus y ese confort que pretende defender con los que plantean continuar con más de lo mismo. Esto es la segunda razón, tal es, el Miedo de perder beneficios recibidos en la actualidad, incluso, a cambio de perder beneficios que pueda recibir en un futuro de mediano y largo plazo.
Esta es perfectamente vinculable a la primera, por la cual se termina escogiendo a quien no representa realmente los intereses de las mayorías universitarias. hay quienes llegan a entender que aunque el candidato/a no posea el mejor discurso y propuesta, la decisión se toma en virtud de que el candidato/a oficialista les promete conservar lo que ya tienen (escala salarial, bonos navideños, fotocopiadoras para algunos grupos que no soportan una auditoría seria, concursos amañados, etc.) y hasta mejorarlo.
Una tercera es la referida a que los votantes se identifican o sienten lealtad con un grupo determinado. Estas lealtades, en ocasiones, son manipuladas por los dirigentes de los grupos o partidos que se traten, por ejemplo gremios de docentes y estudiantiles universitarios, en la medida que estos deciden en las cúpulas por quien votar después de haber llegado a acuerdos con el candidato oficialista que les promete algún beneficio personal del que no están enterados sus bases, poniéndolos a votar contra sus propios intereses, con la excusa de la “estabilidad institucional”. Como cuarta razón aparece una que es contraria a la primera que expusimos anteriormente, que es aquella estrategia que se presenta para el electorado como políticas de mucha complejidad que dificultan la comprensión de lo que se aspira a desarrollar si sale electo/a el candidato/a que las plantea. Esto hace más viable que la población votante se quede con lo poco que comprende, sobre todo si habla de algo que tiene que ver con medidas que dicen resolverle sus problemas inmediatos, aunque quien se lo prometa no tenga capacidad institucional para cumplirlo. Por ejemplo, el candidato oficialista, no se si por cinismo o candidez, ha prometido tener internet de alta capacidad, así como equipamiento de los laboratorios de informática, Ciencias, Medicina u otros; medidas aparentemente simples para tomarlas y ejecutarlas.
Sin embargo, surge una pregunta para el votante acucioso y mínimamente analítico: Siendo este candidato el segundo hombre con más poder en la administración de los últimos 10 años, como vicerrector académico, ¿Por qué no tuvo la capacidad para hacerlo antes? ¿Qué hace pensar que ahora sí tendrá la capacidad requerida? Cuando un estudiante es incapaz de responder debidamente a una exigencia de una asignatura adquiere una poco querida “F”. Después de 10 años de haber fracasado como gestor de la administración académica de toda la Universidad la nota inminente que cabe es la de la Reprobación.