Cuatro años de resiliencia extraordinaria
- 24/02/2026 00:00
El 24 de febrero marcaremos cuatro años desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania, una guerra marcada por atrocidades contra civiles, la destrucción de ciudades y reiteradas violaciones del derecho internacional humanitario. Cuesta creer que hayan pasado ya cuatro años, no por la rapidez del tiempo, sino porque cada día ha evidenciado la brutalidad rusa y la extraordinaria resiliencia con la que Ucrania la ha enfrentado.
A lo largo de estos años, la violencia y el impacto humanitario no han dejado de escalar. Decenas de miles de personas han muerto, millones han perdido sus hogares, ciudades enteras han quedado reducidas a escombros y, cada noche, continúa el terror de los misiles y drones rusos contra la población civil. Desde octubre de 2025, Rusia ha llevado a cabo 17 ataques masivos contra la infraestructura energética de Ucrania, usando el invierno como un arma más. Hoy, los ucranianos enfrentan el invierno más duro desde el inicio de la invasión.
Para los ucranianos, estos cuatro años no son una abstracción geopolítica, sino noches sin sueño, peligro constante, y una misma pregunta: ¿cuánto tiempo más seguirá Rusia normalizando el crimen? La guerra ha marcado a toda la sociedad ucraniana: casi no hay familia que no haya sufrido sus devastadoras consecuencias. Algunos han perdido su hogar; otros han visto a un familiar herido o fallecido en ataques nocturnos; y muchos tienen a un ser querido que se ha incorporado a las Fuerzas Armadas de Ucrania y defiende al país en el frente.
Uno de los aspectos más dolorosos de esta guerra es la deportación sistemática de niños ucranianos. Desde 2014, Rusia ha trasladado ilegalmente al menos a 19,500, y alrededor de 1.6 millones de niños ucranianos permanecen bajo control ruso: deportados, trasladados por la fuerza o retenidos en territorios ocupados. Muchos han sufrido abuso psicológico y físico, han sido separados de sus familias o han visto alterada su identidad. Solo cerca del 10 % ha logrado regresar. Asegurar el retorno de cada niño es un imperativo moral y esencial para cualquier paz significativa.
Rusia prometió una victoria rápida: Kyiv debía caer en días y el estado ucraniano colapsar. Se esperaba que la nación ucraniana se fracturara. Nada de esto ocurrió. Lo que ha prevalecido es la extraordinaria resiliencia de Ucrania y su firme compromiso con una vía diplomática. Ha presentado propuestas serias de paz y, en marzo de 2025, aceptó un cese al fuego total e incondicional. Rusia, sin embargo, lo rechazó reiteradamente. La posición de Ucrania sigue siendo: cualquier paz debe ser integral, justa y duradera. Debe garantizar la integridad territorial, la soberanía y el derecho de Ucrania a elegir sus propias alianzas, así como la ausencia de límites artificiales a su defensa.
Durante estos cuatro años, el Reino Unido, junto con nuestros socios europeos, ha estado firmemente al lado de Ucrania. El compromiso del Reino Unido con la soberanía de Ucrania y con una paz justa sigue siendo inquebrantable.
¿Por qué importa esto aquí en Panamá? Porque el país tiene un papel clave como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU en 2026: ha apoyado resoluciones esenciales, defendiendo la integridad territorial de Ucrania y condenando las violaciones del derecho internacional. Además, como socio que valora la paz, la democracia y la soberanía, su voz es significativa. El Presidente José Raúl Mulino se ha reunido dos veces con el presidente Zelenskyy, y Panamá ha sido activa en retirar de su registro marítimo buques sancionados.
En esta misma línea, en el marco de ampliación de presencia diplomática de Ucrania en la región de América Latina y del Caribe, recientemente, se abrió en Panamá la Embajada de Ucrania, un paso que refleja la dinámica positiva y sostenida que han tenido las relaciones bilaterales entre Ucrania y Panamá durante el último año y medio.
Los objetivos de esta misión diplomática son claros y evidentes: reducir la distancia geográfica e informativa entre Ucrania y Panamá y los países de América Central; establecer canales de diálogo político; fortalecer el entendimiento mutuo entre gobiernos, círculos académicos y la sociedad civil. Difundir información objetiva sobre los acontecimientos en Ucrania; contrarrestar la desinformación promovida por el Estado agresor; desarrollar la diplomacia cultural y científica, así como los contactos interpersonales; y mostrar la imagen contemporánea de Ucrania como un socio responsable, abierto y confiable.
Cuatro años después —un aniversario que hubiésemos preferido no tener que conmemorar— honramos la resiliencia, el valor y la dignidad de Ucrania. Y reafirmamos nuestra determinación compartida de trabajar, juntos y sin titubeos, por una paz justa y duradera, y por el regreso de los niños ucranianos a sus hogares.