Cuna del folclor

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  • 11/07/2026 00:00

El folclore, folclor, folklor o folklore —término derivado del idioma inglés folk (pueblo) y lore (conocimiento, sabiduría, acervo)— es el cuerpo dinámico de la cultura de un grupo particular de personas; lo conforman la cultura y las tradiciones comunes a esa comunidad o grupo. Los cuentos, las leyendas, las tradiciones orales, los chistes, la música tradicional, las artesanías o cultura material, las sentencias, los dichos, los refranes, los ritos, las creencias y las danzas son parte de él.

Los términos folk y lore están bien documentados desde que la palabra compuesta fue acuñada en 1846 por el arqueólogo inglés William Thoms. La creó para denominar lo que entonces se llamaba “antigüedades populares” o “literatura popular”. La segunda mitad de la palabra, lore, representa el conocimiento y las tradiciones de un grupo particular, frecuentemente transmitido de boca en boca. Cuando Thoms creó este término, la gente solo se refería a los campesinos rurales, a menudo pobres y analfabetos.

Una definición más moderna de folclor se refiere a cualquier grupo social que incluya a dos o más personas con rasgos comunes. Esta definición social abarca ahora todas las cosas que la gente hace con palabras (conocimiento verbal), cosas que hacen con las manos, como comida, bebidas y postres (conocimiento material), y cosas que hacen con sus acciones y por costumbre. Por estas razones, el folclor ya no se circunscribe a lo cronológicamente antiguo u obsoleto. El folclorista debe estudiar los elementos tradicionales de un grupo social y cómo se transmiten. La transmisión de todas estas manifestaciones es una parte vital del proceso folclórico y, a medida que surgen nuevos grupos, se crea nuevo folclor.

Luego de revisar lo que se define como folclor, pretendo aclarar, por experiencia propia, que la utilización de frases referentes al folclor —en este caso panameño—, así como de apelativos o la adjudicación de títulos, no siempre es la adecuada porque no es correcta. Es muy frecuente llamar “folcloristas” a personas que aman o que practican determinada manifestación folclórica; sin embargo, al indagarlas, ellas mismas manifiestan que son solo “amantes del folclor” o simples aficionados. Un folclorista es una persona especializada en el estudio, preservación y difusión de las tradiciones, creencias, costumbres y expresiones culturales de un pueblo, lo cual incluye el folclore musical, la artesanía, los bailes, la gastronomía y la literatura oral.

A partir de este punto, sería muy saludable para personas como el suscrito dejar de llamarse “folclorista” y manifestarse, en su lugar, como “conocedor de las tradiciones y del folclor tableño”, del cual conocemos un poco. Así lo sostenía el profesor Bolívar de Gracia González, quien no permitía que se le llamara folclorista. El folclorista profesional se esmera por comprender el significado de las creencias y las costumbres que son objeto de estudio en cada grupo.

También es muy común que algunos estudiosos o aficionados, al referirse a pueblos interioranos representativos como Las Tablas, Macaracas, Tonosí, La Villa de Los Santos, Monagrillo, La Arena, Ocú o La Colorada, lo hagan afirmando que son “la cuna del folclor”. Si se refieren al folclor propio de cada uno de estos pueblos, puede que sea lo correcto; el error está en llamarlos, como comúnmente se hace con regiones como Las Tablas y Ocú, “cuna del folclore nacional”, porque no es cierto bajo ningún punto de vista.

El folclor panameño es el conjunto de tradiciones, costumbres, leyendas, música y danzas que forman la identidad cultural de toda la república de Panamá. Nace del mestizaje entre las culturas indígena, española y afrocolonial, reflejando el alma y la historia del pueblo a través de las generaciones.

Las manifestaciones principales del folclor de la República de Panamá se dividen en varias áreas fundamentales tales como:

Bailes, danzas y vestimenta: Donde se destaca la pollera, considerada uno de los trajes típicos más hermosos del mundo, así como la camisilla y el sombrero blanco para el hombre. A esto se le suman el tamborito, la ejecución y canto de la cumbia panameña y de la décima panameña, el baile de El punto; danzas tradicionales como los diablicos sucios y los congos.

Cumbias, cantos y salomas: Que se caracterizan por el uso de instrumentos autóctonos como el pito, la caja, el tambor, la mejorana, el socavón, el violín y el acordeón, acompañados por cantalantes con tonadas tradicionales y salomas.

Faenas campesinas y artesanías: El arte textil de las molas, encajes en mundillo, la alfarería y la confección de sombreros de junco, blancos de cogollo y el pinta’o son algunas de las artesanías tradicionales. A esto se añaden eventos comunitarios como la junta de corta de arroz, la de limpia de potreros, la zocuela y la más famosa: la junta de embarra.

Arte culinario y alimentos: Platillos típicos que son herencia de estas mezclas culturales. Elaborados a base de plátano, mariscos, carnes, arroz y maíz —contando con más de 30 recetas que llevan maíz a nivel nacional— son verdaderas muestras de nuestra gastronomía auténtica.

El folclor de las provincias centrales (Los Santos, Herrera, Veraguas y Coclé) es el que se mantiene más vivo debido al respeto y la promoción activa de las tradiciones. Es allí donde se celebran, por ejemplo, los tradicionales carnavales de Las Tablas; las fiestas patronales de la “Moñona” Santa Librada en el mes de julio; el Festival de la Mejorana en Guararé en septiembre; el Festival del Manito en Ocú; y el Corpus Christi en las provincias de Herrera y Los Santos. ¿Será por esta enorme riqueza cultural y su promoción, que erróneamente se les llama “cuna del folclor nacional”?

* El autor es escritor