Deficiencias en los servicios de salud: mejor hablemos de refundación

  • 20/01/2026 00:00

Un informe de la Defensoría del Pueblo de septiembre del año pasado detectó una serie de anomalías en diversos establecimientos de servicios médicos ambulatorios y hospitalarios del país. Descubrieron el agua tibia, perdón, constataron lo que todos los que hemos visitado esos establecimientos sabemos y sufrimos desde hace unas cuatro décadas. Verificaron: “En hospitales como Nicolás A. Solano y el Complejo Hospitalario Arnulfo Arias Madrid, indicó dicho informe, “se detectaron carencias graves en dotación de personal, equipos obsoletos (...) escasez de medicamentos, insumos quirúrgicos y reactivos de laboratorio” (Defensoría del Pueblo, 2025). En algunos hospitales-señala el documento más adelante- “apenas se abastece un 25% de lo requerido, obligando a pacientes a costear tratamientos en farmacias y laboratorios privados. Este desabastecimiento afecta especialmente a personas en situación de pobreza, incrementando la inequidad en el acceso a la atención médica (Ibidem).

Uno de los puntos más críticos señalados es la falta de especialistas médicos en áreas vitales como neonatología, anestesiología y psiquiatría. “En varias provincias, los hospitales apenas cuentan con un especialista por disciplina, y en turnos nocturnos o de madrugada no hay cobertura. Esta situación, según la Defensoría, puede derivar en retrasos quirúrgicos, diagnósticos tardíos y pérdida de vidas por falta de atención oportuna” (Ibidem). Desde el punto de vista científico, lo señalado por esta institución que citamos, no es la identificación de los problemas en sí sino de las manifestaciones de dichos problemas, que en su conjunto nos lleva a hablar de lo que denominamos la “Problemática de la atención de salud”. Veamos sucintamente cada uno de ellos.

En el caso de las “carencias graves” de dotación de personal profesional, de insumos de todo tipo para el funcionamiento efectivo de los servicios ofrecidos, estamos ante la manifestación no de falta de voluntad per se, no de falta de recursos disponibles del Estado, menos de gestión y administración de los servicios. Estamos es ante la manifestación de un movimiento, una lógica de organización del conjunto de los servicios de salud caracterizada por la primacía de la aplicación del principio de hacer de la salud y sus servicios una mercancía para el lucro privado, para el enriquecimiento de quienes se apropian de los beneficios que resultan de mantener en “cuidados intensivos” a todo el sistema público de atención de salud. Lo demás son meras arandelas y secuelas secundarias de esta problemática.

Desde los años finales del siglo XX, se ha observado un deterioro en los niveles de salud de la población de manera consistente a la par de un crecimiento de las riquezas generadas en el país (Pinnock, 2025, Bogotá y 2022, Santo Domingo). Esto nos sugiere que el problema no es de disponibilidad de recursos. Pero ocurren dos eventos que son convergentes para que ese hecho termine manifestándose en las “carencias” que describe el citado informe del Odbusman. Por un lado, el encarecimiento de los insumos y equipos empleados, sobre todo, en los servicios hospitalarios, lo cual obedece a un movimiento económico social de carácter universal, propio de toda economía dominada por grandes corporaciones que controlan los mercados (oligopolios de productos farmacéuticos, de insumos, de tecnologías, etc.). Por otro lado, este movimiento se potencia con otro particular en el que se privilegia un modelo de control médico que hace del hospital su sede principal. A esto la literatura médica social le llama el modelo “Hospitalocéntrico” que, a su vez, solo tiene razón de ser si atiende enfermedades, por lo que esa misma literatura la denomina modelo “Patocéntrico”. Es a esta caracterización del caso “panameño” a la que se refieren en sus diagnósticos los dirigentes actuales de los gremios aglutinados en el esfuerzo de la Comisión de Alto Nivel para la transformación del servicio público nacional de salud, conocido como la CAN.

El documento de la Defensoría, que en realidad no tiene ninguna novedad porque refleja lo mismo que la gente común no dedicada a analizar esta problemática también plantea; en esta línea, las soluciones propuestas son ineficaces, porque el diagnóstico es incorrecto. Así, si hace falta insumos, la solución es más presupuesto; si faltan profesionales de la salud, la solución es contratar más y así por el estilo. Pues, si no se resuelve el problema del movimiento principal que ordena toda la operación y organización del sistema de servicios de salud en base al principio de que la salud es una mercancía para la acumulación de entes privados, el resultado seguirá siendo la existencia de un sistema caracterizado por carencias y discriminaciones de todo tipo.

¿De qué vale mayor presupuesto si este se agota en el modelo tecnológico de costos crecientes o en medicamentos de altos precios, preferidos en detrimento de otros modos tecnológicos farmacéuticos de menor costo aportados por la sabiduría y prácticas populares y tradicionales autóctonas? Plantearse esto es incurrir en un proceso ya no de reforma sino de una estrategia para la Refundación del sistema sanitario completo. De esto es que hay que hablar; solo que de esto no quieren hablar quienes se han beneficiado de tal orden mercantilizado desde principios de la República, con la única excepción de lo ocurrido en la década de 1970 cuando se creó el Ministerio de Salud.