Del riesgo climático al riesgo financiero - el costo de no prevenir

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  • 10/10/2026 00:00

Cuando una inundación destruye una carretera o es severamente afectada por una sequía extrema y altas temperaturas, el problema no termina con el costo de repararla. También se interrumpe el transporte de productos, disminuyen los ingresos de los negocios y algunas familias pierden temporalmente sus medios de vida. Si esas pérdidas dificultan el pago de préstamos, el daño climático comienza a reflejarse en los balances de los bancos. Así se conecta un fenómeno natural con la estabilidad financiera.

En Panamá, este análisis resulta pertinente para infraestructuras de transporte, agua y energía, cuya operación sostiene numerosas actividades económicas cotidianas. Entender esta cadena resulta necesario para tomar mejores decisiones. El calor extremo puede reducir la productividad; las sequías pueden afectar el suministro de agua y la producción; el aumento del nivel del mar amenaza instalaciones e infraestructuras costeras. Los daños materiales y las interrupciones de servicios generan pérdidas económicas que pueden convertirse en problemas de liquidez, deterioro de la capacidad de pago y mayores riesgos para quienes financian actividades productivas.

La ausencia de una crisis bancaria inmediata tampoco significa ausencia de riesgo. Los mercados pueden mantener una apariencia de tranquilidad mientras se acumulan vulnerabilidades en carreteras, plantas eléctricas, viviendas y empresas expuestas. Por eso, evaluar el riesgo climático debe formar parte de las decisiones de crédito, los presupuestos públicos y la planificación empresarial.

Antes de financiar una carretera conviene preguntar si soportará lluvias intensas, inundaciones, deslizamientos, sequia extrema y altas temperaturas. En un acueducto, corresponde examinar cómo funcionaría durante una sequía prolongada. Para una red eléctrica, la pregunta es qué sucedería si el agua supera la altura prevista en su diseño. Estas evaluaciones deben considerar la continuidad del servicio, los costos de reparación y las consecuencias económicas de una interrupción.

El mismo examen debe aplicarse a la infraestructura existente. Una obra diseñada con información climática del pasado puede enfrentar condiciones distintas durante su vida útil. Inspeccionar su vulnerabilidad, actualizar los criterios de mantenimiento y reforzar sus componentes permite identificar inversiones antes de que ocurra una emergencia. Modernizar los sistemas antiguos merece tanta atención como construir nuevas instalaciones capaces de resistir amenazas actuales y futuras.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) señala que incorporar resiliencia a la infraestructura añade aproximadamente un 3 % a los costos de inversión. Esa proporción debe interpretarse como una estimación general, no como el presupuesto de cada proyecto. El Banco Mundial, en su informe de 2019 sobre infraestructura resiliente, calculó que cada dólar invertido podría generar cuatro dólares en beneficios en países de ingresos bajos y medios, principalmente por menores interrupciones y pérdidas evitadas.

El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres propone incorporar la prevención a las inversiones públicas y privadas. El Objetivo de Desarrollo Sostenible 9 también contempla infraestructura fiable y resiliente. Ambos enfoques respaldan una gestión que abarque la planificación, el diseño, la construcción, la operación, el mantenimiento y la recuperación después de un desastre.

Para avanzar, bancos y empresas pueden incorporar escenarios climáticos en sus análisis financieros, identificar activos vulnerables y revisar los planes de continuidad. Las instituciones públicas pueden priorizar proyectos según exposición, servicio prestado y costo de interrupción. Una buena gobernanza climática requiere responsabilidades claras, información verificable y seguimiento de las medidas acordadas.

Proteger una infraestructura significa también proteger ingresos, empleos, servicios y capacidad de pago. Evaluar el riesgo antes de invertir permite usar mejor los recursos y reducir pérdidas que después terminan afectando a toda la economía.

* La autora es geógrafo y exministra de Ambiente