Deseos que no preñan. Votos, no gritos
- 18/03/2026 00:00
Si usted cree que ganar una elección en Colombia depende de quién grite más fuerte en Twitter o de quién logre el eslogan más ofensivo contra el rival, los resultados del pasado 8 de marzo deberían ser su cura de humildad.
Mientras la clase política tradicional seguía jugando al “antagonismo de vitrina”, el tablero cambió. En estas elecciones, no solo se definieron curules y candidatos; se firmó el acta de defunción de soberbias electorales y se evidenció que, en la era de la hiperpolarización, el electorado ya no se conforma con el ruido: ahora exige partitura.
El escenario electoral que el año pasado parecía una selva de más de 100 precandidatos, finalmente se decantó. Sin embargo, persisten vicios estructurales. La abstención, ese fantasma que ronda el 50 %, volvió a decir presente. Es el síntoma de una democracia anémica donde la responsabilidad recae, principalmente, en partidos que no logran conectar con las necesidades reales de la calle.
Durante el mandato del presidente Petro, la oposición se dedicó a una labor casi exclusivamente obstructiva. Se concentraron en frenar reformas y atacar la gestión, pero olvidaron el detalle técnico fundamental: hacer contrapropuestas.
Mientras la oposición se radicalizaba en la queja, el gobierno apelaba a la ciudadanía. El presidente Petro, con una habilidad quirúrgica para copar la agenda mediática, convirtió cada ataque en combustible. Todo lo que se discutía en el país nacía de lo que el presidente hacía o dejaba de hacer; la oposición terminó siendo un satélite que orbitaba alrededor del sol presidencial, haciéndole el juego al mandatario, permitiéndole el control total del relato nacional.
Otra lección ineludible es la naturaleza efímera del poder. El caso del expresidente Álvaro Uribe es el más sintomático: solicitó 4 millones de votos para su retorno al Senado y su partido apenas superó los 3 millones. Es la primera derrota clara de una carrera que antes parecía invencible. Acompañando este declive, una ola de congresistas que buscaban la reelección chocó contra la realidad: pensaron que hacer “lo mismo de siempre” les daría el éxito de siempre.
El radicalismo extremo también pasó factura. El partido Verde Oxígeno de Ingrid Betancourt, con su narrativa de “selección anti-Petro”, terminó perdiendo incluso la personería jurídica. La lección es clara: el odio como única plataforma política tiene fecha de vencimiento.
Las consultas interpartidistas desnudaron la desconexión de muchos dirigentes con la comunicación política moderna. Figuras como Claudia López, Roy Barreras o Daniel Quintero, obtuvieron resultados que apenas rozaron una fracción de sus propias expectativas.
En contraste, el caso de Juan Daniel Oviedo es digno de estudio: alejado de los radicalismos, reconociendo aciertos ajenos y presentando propuestas técnicas, logró más de 1.2 millones de votos. La moderación pragmática tiene más mercado que el grito histriónico. El estudio de su caso tendrá necesariamente que pasar por la hipótesis de que votantes que no militan en esa corriente, le votaran para inflarlo y así minimizar el éxito de Paloma Valencia.
Muchos celebran hoy el éxito de Paloma Valencia en la “Gran Consulta por Colombia” como un tiquete directo a la presidencia. Sin embargo, un análisis frío de los datos sugiere precaución. Mientras la consulta del Pacto Histórico en 2025 movilizó votos con apenas 19,000 mesas, las consultas de marzo contaron con más de 126,000 mesas.
Valencia obtuvo un promedio de 25 votos por mesa, una cifra lánguida comparada con los 77 votos por mesa que logró Iván Cepeda en una consulta “fría” sin ambiente electoral en octubre de 2025. Además, la candidata del Centro Democrático quedó 700,000 votos por debajo de la marca de Petro en 2022. Cantar victoria antes de tiempo es ignorar que el mapa electoral es hoy un organismo vivo y mucho más complejo.
Por ejemplo, que el Pacto Histórico, en la sumatoria de votos obtenidos tanto al Senado como a Cámara de Representantes, supere en más de 1.2 millones de votos al Centro Democrático, indica que las maquinarias locales del Pacto Histórico fueron más eficientes.
Conclusiones generales: La motivación de los aliados del gobierno del presidente Petro está más elevada que la de la oposición; por lo tanto, ese factor a nivel de las regiones va a pesar el próximo 31 de mayo en la primera vuelta.
Adicionalmente, ganar hoy requiere profesionalismo, análisis y estrategia, no solo ganas. Los “deseos no preñan”, y en el camino hacia la Casa de Nariño, el cementerio político está lleno de candidatos que pensaron que su ego era suficiente para llenar las urnas.