Después de 18 meses: ¿En concreto qué?
- 01/01/2026 00:00
Como era previsible, y así fue anunciado, el primer mandatario se dirigirá a la nación durante el acto de apertura del nuevo período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional, para presentar su versión del “estado de la nación”, cuando cumple los primeros dieciocho (18) en el ejercicio del cargo que asumió el primer día del mes de julio de 2024.
En el discurso que entonces pronunció, aparte de repetir el rosario de las quejas contra las administraciones precedentes, que se han convertido en una práctica reiterada de todos los que se estrenan en el puesto, también repitió muchas, podría decirse que casi todas, las promesas que hizo cuando hacía capaña, consistentes, principalmente en que devolvería al país a una senda de progreso y bienestar para todos; en la que habría abundante dinero (esa no fue exactamente su frase, pero como es hartamente conocida y ha sido muchas veces repetida me ahorro reproducirla) en los bolsillos de todos los panameños.
Si al día de hoy, a ese pueblo al que se le prometió menos pobreza, más empleos, mejor educación, más salud o más seguridad se le preguntara ¿cuáles de esas promesas se ha convertido en realidad en el transcurso de los primeros 18 mese del gobierno?, la respuesta sería abundantemente negativa. Y esa afirmación no vendría, solamente, del sesenta y seis por ciento (66%) que no votó por el actual inquilino de San Felipe; también incluiría a un buen porcentaje de los que lo votaron el 5 de mayo de 2024.
Durante los 18 meses transcurridos, la percepción ciudadana es que el país está peor a como estaba al inicio del presente gobierno. La deuda pública está montada en una permanente espiral ascendente, sin que el pueblo pueda sentir que en algo se ha beneficiado; sin ambages se afirma que existe menor transparencia y mayores niveles de corrupción; que las contrataciones públicas siguen transitando caminos de opacidad; que la justicia ahora tiene vendados los dos ojos o que se destapa solo uno para mirar en direcciones que se dan por decantadas. Y a todo lo anterior hay que agregar que un porcentaje cada día mayor de la población, vive la angustiosa realidad de que con sus actuales ingresos “no puede llegar a fin de mes”.
Algunos pronosticadores alineados con los intereses que siempre han recibido y siguen recibiendo la “tajada del león”, más rápidos que ligeros, anuncian para el 2026 un año de bonanzas y entre las referencias con las que se apoyan, está el anunciado aumento de los salarios mínimos o los “miles de empleos” que aseguran generaran las nuevas inversiones en puertos, gasoductos, la reanudación de las exportaciones bananeras o la reapertura de la mina de Donoso.
Los aumentos de los salarios mínimos, que son ilusos y desaparecen con los aumentos de los precios que todos los días se experimentan cuando se hacen las compras básicas e imprescindibles, no sirven ni para un mal remiendo y las inversiones que se han prometido aún están cubiertas por un velo de misterios no bien explicados. ¿Qué se le prometió a Chiquita para que vuelva a Panamá? ¿En qué condiciones o en qué términos se reanudaría la concesión minera? ¿Pueden utilizarse los excedentes de los ingresos del canal, que por mandato constitucional deben trasladarse al Tesoro Nacional, en inversiones calificadas como “actividades conexas”, estirando, fuera de su sentido e intención original, ese término para atribuirle a la Autoridad del Canal competencias que no le son propias?
Los gobiernos, antes que por sus promesas, sus vaticinios o sus augurios, se miden por sus resultados. El actual aún está en deuda por las que hizo, tanto en campaña como cuando asumió el cargo. Y el próximo 2 de enero su rendición de cuentas debe comenzar por demostrar, con hechos y resultados medibles como las ha cumplido. De ellos depende que pueda reclamar y merecer la confianza del pueblo.