Día del peatón en memoria de Bridget Driscoll

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  • 18/08/2026 19:12

En 1996 la Organización Mundial de la Salud establece el 17 de agosto como el Día mundial del peatón, como parte de su iniciativa para incentivar el diseño de entornos urbanos más seguros e inclusivos alineándose con los objetivos del Plan del decenio de acción para la seguridad vial I y II, la Declaración de Progresos de la Asamblea General de la ONU (adoptada en julio de 2026) y las ODS, que buscan reducir las vidas perdidas y lesionados por accidentes de tráfico y siniestros viales así como la movilidad activa para tener una vida más sana.

El 17 de agosto de 1897, Bridget Driscoll, una mujer de 44 años, caminaba con su hija por los jardines de Crystal Palace en Londres, Inglaterra, cuando fue atropellada por un conductor que se desplazaba entre 6 y 7 kilómetros o 4mph por hora, en un vehículo de la empresa Anglo-French Motor Carriage.

Bridget perdió la vida en la vía. En el juicio al conductor se dijo que algo así, jamás debería repetirse.

Establecer el Día mundial del peatón el 17 de agosto, el día que Bridget perdió la vida atropellada, busca sensibilizar a las personas sobre la vulnerabilidad del peatón, y evitar que se normalicen sus muertes por atropello en las vías, por lo que debe ser un día de reflexión, dando la importancia que merece tener una ciudad con un infraestructura para las personas y personas usuarias más empáticas.

Caminar en Panamá es un acto de supervivencia, no una opción de movilidad. Mientras el país debate sobre infraestructura moderna, las estadísticas viales revelan una crisis silenciosa y letal: casi el 50% de las personas que pierden la vida en nuestras carreteras son peatones. El perfil de la tragedia es dolorosamente predecible: hombres mayores de 60 años que mueren debido a un atropello.

Este dato no es una simple casualidad; es el reflejo de un sistema que penaliza a quienes no tienen o no se mueven en un vehículo particular (auto o motocicleta).

Detrás de cada atropello hay un factor común: la impunidad en el acelerador. De acuerdo con los operativos viales en el país, la velocidad superior a la permitida es la infracción de tránsito que más se comete en las calles panameñas.

En una cultura vial donde el vehículo motorizado tiene la prioridad absoluta de paso —por encima de la ley y de la lógica—, el exceso de velocidad transforma las avenidas urbanas en autopistas de alta velocidad infranqueables para los ciudadanos más vulnerables. Pedirle a un adulto mayor de 60 años que esquive un automóvil que viaja a 80 km/h en una zona urbana no es prevención y revela que las ciudades deben girar a diseñarse y rediseñarse a escala humana.

Los puentes elevados antipeatonales

Los puentes son un ingenio de la humanidad para cruzar ríos y abismos pero los seguimos sembrado en nuestras ciudades mientras otras los están desmantelando.

Después de la II Guerra mundial y con el auge de la producción en serie de vehículos y el desarrollo de autopistas en donde las velocidades representaban “progreso” dieron paso a los puentes elevados peatonales, que según la historia estas pasarelas ya se tenían sobre los ferrocarriles en el s. XIX para segregar a las personas en Europa y los EUA, con los modelos de suburbios en la reconstrucción de la postguerra para luego se exportó a Latinoamérica en donde todo es distinto.

Los puentes elevados antipeatonales buscan que no el tráfico no se detenga mientras no le da opción a una persona con movilidad reducida o alguna condición limitante para escalar y luego bajar ante un aguacero o un sol abrazador como si su tiempo y esfuerzo fuese menos importante que el de un conductor que va sentado dentro de su cómodo habitáculo.

Las tendencias globales de urbanismo dictan que la verdadera seguridad vial se logra diseñando pasos peatonales a nivel de calle. El peatón debe cruzar por la superficie, obligando al vehículo a detenerse, y no al revés.

Garantizar la vida en la vía pública requiere cambiar por completo el manual de diseño urbano de nuestras ciudades y provincias y que se cumplan. Un entorno verdaderamente inclusivo y seguro debe incluir de forma obligatoria:

Pasos a nivel de calle: con rampas de acceso técnico, losas podotáctiles para personas con discapacidad visual e islas de refugio en caso de que no logren cruzar la vía.

https://ligapeatonal.org/puentes-antipeatonales/

Pacificación vial: semáforos peatonales sonorizados y señalización horizontal y vertical de alta visibilidad antes de los cruces, que van desde chicanas, orejas y tablas de velocidad o puentes pompeyanos como reductores de velocidad.

https://nacto.org/publication/urban-street-design-guide/street-design-elements/vertical-speed-control-elements/

Visibilidad real: iluminación pública optimizada enfocada en las aceras e intersecciones y no solo en las vías de autos.

https://library.schreder.com/view/664783063/

Refugio climático: paradas de transporte público con sombras amplias y árboles que protejan a las personas usuarias del inclemente clima tropical panameño.

Podemos seguir exigiendo prudencia y cautela al caminar por la ciudad al más débil de la pirámide de movilidad pero lo que debemos es comprender que las calles son para las personas, no solo para las máquinas, así no condenamos a nuestros abuelos en el asfalto.

https://www.cdc.gov/pedestrian-bike-safety/about/pedestrian-safety.html

*La autora es especialista en seguridad vial