El agua que le falta al Canal. Río Indio: siete años de promesas y el costo de no decidir
- 22/05/2026 00:00
En 2023, la ruta marítima más estratégica del hemisferio occidental estuvo a punto de quedar fuera de servicio. No por una guerra. No por un sabotaje. El Canal de Panamá sufrió la crisis operativa más severa de su historia moderna por falta de lluvia. Los lagos bajaron, los barcos esperaron, los ingresos se desplomaron y el mundo recordó algo que los técnicos de la Autoridad del Canal llevaban años advirtiendo: la vía no tiene de dónde agarrarse cuando el cielo no coopera.
La solución existía, tiene nombre propio y coordenadas precisas: río Indio. Y en mayo de 2026, con los lagos llenos otra vez gracias a las lluvias, con los ingresos del Canal en récord histórico, aún no se ha movido una sola palada de tierra para construirla.
El proyecto no es nuevo. Durante la gestión de Jorge Luis Quijano los estudios de factibilidad ya tenían la respuesta: un embalse en la cuenca occidental, en el área de río Indio, era la opción más eficiente y duradera para asegurar el suministro por las próximas cinco décadas. Quijano lo sabía, lo anunció y no pudo ejecutarlo. Una ley de 2006 se lo impedía y las comunidades rurales de la zona resistían. Se retiró en 2019 con el diagnóstico hecho y el camino señalado.
Ricaurte Vásquez Morales asumió el Canal y lo primero que hizo fue lanzar una licitación de dos mil millones de dólares para resolver de un solo golpe el problema del agua, con términos y condiciones tan sobrenaturales que el único capaz de cumplirlos hubiera sido Dios. La canceló nueve meses después sin haber adjudicado nada. Lo segundo fue contratar al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos para hacer estudios. Dos años y varios millones después, el USACE concluyó lo mismo que ya sabían los ingenieros de la ACP: río Indio es la solución. Uno podría preguntarse, con toda la ingenuidad del mundo, si tanta vuelta, tanto estudio y tanto tropiezo respondían al afán de ejecutar el proyecto... o al de agotarlo.
Mientras tanto, el reloj corría. Y El Niño llegó.
La gestión Vásquez tiene sus defensas: el bloqueo legal, el ruido político, la complejidad de gobernar con el Estado. Todo eso es real. Y nada de eso explica siete años sin una sola obra de almacenamiento adicional. El bloqueo legal existía desde el primer día del mandato. Un administrador de esa talla no puede llegar a una crisis sin más plan que improvisar.
Bayano fue evaluado y los números lo descartaron solos: demasiado caro de construir, demasiado caro de operar. No había por dónde. Lo que eso significa es que río Indio era la única carta disponible. Y si era la única carta, siete años sin jugarla no tienen explicación.
En 2006, cuando se discutía la ampliación del Canal, el Estado le preguntó al pueblo y el pueblo respondió. Ese referéndum blindó la obra de por vida porque tenía detrás la voluntad mayoritaria de los panameños y nadie pudo detenerla. El fallo de la Corte Suprema de 2024 desbloqueó río Indio sin ese respaldo. Las comunidades lo saben. Los oportunistas también.
Tratar la seguridad hídrica como un problema exclusivo de la ACP es el error más costoso de los últimos dos gobiernos. El cincuenta por ciento de los panameños bebe de la misma fuente que mueve los barcos. Eso requiere una decisión política firmada por el Presidente y respaldada por la Asamblea. En siete años, esa decisión no llegó.
Hoy los lagos están llenos y la presión bajó. Ahí está el verdadero peligro: la amnesia hídrica. Los modelos climáticos advierten que El Niño será más frecuente e intenso. Si ese momento llega con Río Indio aún en papel, el Canal enfrentará la misma vulnerabilidad de 2023, pero con la confiabilidad de la ruta ya erosionada.
La responsabilidad de la administración Vásquez es directa e indiscutible. Pero la responsabilidad del Estado es anterior, superior y más amplia. El Canal puede ser muy autónomo, pero no puede fabricar su propio consenso nacional.
Los barcos no pasan sobre estudios. Pasan sobre pies de agua. Y en Panamá, el agua —como tantas otras cosas— sigue esperando que alguien decida.