El arte: el atajo evolutivo de la humanidad
- 23/03/2026 00:00
El arte modifica hábitos y marcos de referencia: no reemplaza la ciencia ni la economía, pero introduce formas distintas de interpretar problemas y de tomar decisiones. Al producir o contemplar una obra se activan preguntas, recuerdos y conexiones que usualmente no son obvios; esos desplazamientos de mirada influyen en cómo nos relacionamos entre nosotros y con el entorno.
Y aquí va una afirmación audaz: creo firmemente que el arte representa el gran atajo evolutivo de la humanidad. Ninguna otra especie ha demostrado expresiones artísticas deliberadas. Claro, la naturaleza rebosa de belleza accidental, un atardecer vibrante, la sucesión de Fibonacci en conchas, hojas y espirales, pero eso es mero azar, no intención. Solo los seres humanos, creamos con propósito, al menos hasta donde mi comprensión limitada me permite vislumbrar. Imagínese: sin las cuevas de Altamira, sin las sinfonías de Beethoven o las novelas de Miguel de Cervantes Saavedra, ¿dónde estaría nuestra civilización? Más estancada, menos empática, menos innovadora.
Para muchos el arte tiene una dimensión espiritual, un cristiano podría decir que es inspiración del Espíritu Santo; para otros, es una herramienta de crítica social. En ambos casos, su efecto es parecido: despierta sensibilidad, amplía la empatía y afina la percepción de injusticias y bellezas. Esa capacidad de modificar la mirada colectiva ha impulsado movimientos, ayudado a sanar comunidades y planteado preguntas que la técnica por sí sola no formula.
En Panamá conviene mirar el arte como política pública. El presupuesto del Ministerio de Cultura para 2026, reportado en micultura.gob.pa, asciende a $142.8 millones. Ese monto se queda corto para un país como Panamá, que requiere una inversión más ambiciosa para desarrollar plenamente su potencial cultural y creativo. El artículo “Industria creativa representa el 6.8 % de la economía de Panamá” (La Estrella de Panamá, 8 de enero de 2026) señala que la industria creativa aporta alrededor del 6.8% de la actividad económica nacional y emplea a más de 31,000 personas. Otro ejemplo: el artículo “El Festival de Jazz de Panamá reunió este año a 13,000 personas, impulsando su impacto social y cultural” (La Estrella de Panamá, 3 de febrero de 2026) ilustra cómo la cultura moviliza turismo y dinamiza la economía local.
Invertir en arte y formación no es gasto superfluo: es crear empleos, exportar servicios culturales y fortalecer comunidades. Pintores, músicos, artesanos y gestores culturales deben poder vivir de su oficio con dignidad; eso multiplica beneficios sociales y económicos.
Si queremos una sociedad más creativa y resiliente, el arte debe ocupar un lugar claro en las políticas de Estado. No como adorno, sino como infraestructura cultural que genere talento, empleo y sentido común colectivo.