El calor del océano es un multiplicador de riesgo financiero y operativo
- 21/02/2026 00:00
En un mundo donde el comercio marítimo mueve el 90 % de las mercancías globales, los ejecutivos de puertos, inversores y responsables de políticas enfrentan un factor clave para la toma de decisiones y es el calentamiento oceánico.
Este fenómeno, respaldado por datos científicos de 2025, amplifica riesgos operativos y financieros en sectores costeros como puertos, logística y pesquerías, al intensificar olas extremas, erosión costera, tormentas y ascenso del nivel del mar. Comprenderlo permite diseñar estrategias de adaptación que protejan la valoración de activos y aseguren la continuidad empresarial.
El océano absorbe cerca del 90 % del calor excedente global y su tasa de acumulación se ha duplicado en décadas recientes. En 2025, el contenido de calor oceánico alcanzó un máximo histórico, con un aumento de 23 zettajulios (equivalente a unas 37 veces el consumo energético primario mundial de 2023). Aproximadamente el 33 % de la superficie oceánica registró tres veces valores más altos jamás medidos, afectando regiones clave como el Atlántico tropical, el Mediterráneo y el Índico septentrional.
Estos datos, provenientes de Copernicus, NOAA/NCEI y el metaanálisis CIGAR-RT, no predicen crisis inminentes, sino que destacan impactos directos en operaciones, como son inundaciones costeras las cuales elevan primas de seguros, erosión que degrada infraestructura portuaria y rutas marítimas alteradas que encarecen la logística. Para los inversores, esto implica ajustes en la valoración de activos costeros; para puertos, una mayor exposición operativa que puede reducir rentabilidad, si no se anticipa.
La buena noticia es que soluciones probadas convierten estos riesgos en oportunidades de resiliencia rentable. En Rotterdam, tenemos los diques inteligentes (con sensores y elevación adaptable), que protegen el mayor puerto de Europa de subidas del nivel del mar proyectadas en más de 85 cm para 2100, integrando un modelado preciso para minimizar costos de mantenimiento y maximizar operaciones continuas.
En Bangladesh, la restauración de manglares genera beneficios económicos de hasta $86,000 por hectárea, superando costos de implementación en la mayoría de los sitios; estos ecosistemas amortiguan tormentas, sostienen pesquerías y elevan el valor turístico, demostrando retornos vía servicios ecosistémicos.
Singapur eleva su nueva infraestructura portuaria, como el Terminal 5 de Changi, a 5.5 metros sobre el nivel medio del mar, combinado con barreras contra inundaciones en las estaciones del Sistema masivo de transporte (Metro), asegurando la fiabilidad operativa ante lluvias intensas y ascenso del nivel del mar.
En Cartagena, los sistemas de alerta temprana (con medidores de nivel y datos satelitales) mitigan inundaciones, como detalla el marco de la Corporación Financiera Internacional (IFC), optimizando respuestas y reduciendo pérdidas en el puerto.
Estos casos ilustran que la adaptación no es gasto reactivo, sino inversión estratégica con beneficios netos positivos.
Incorporar la adaptación climática en planes nacionales, municipales y empresariales fortalece la viabilidad de inversiones costeras. Las iniciativas público-privadas, como las evaluaciones de riesgos oceánicos anuales y fondos conjuntos para infraestructura verde, pueden distribuir los costos y maximizar los retornos. Los ejecutivos e inversores que actúen ahora no sólo mitigan los riesgos, sino que lideran un sector más competitivo y sostenible. La colaboración es el multiplicador de éxito en este nuevo panorama marítimo.