El cambio que nos aguarda

  • 24/09/2026 00:00

Desde el asalto al poder en las revoluciones clásicas hasta la actualidad buscando el encuentro con el poder, que ya no se encuentra en el Gobierno, ha corrido mucha agua bajo el puente. En la actualidad el acceso al gobierno no garantiza el poder y además el poder local, cuando se obtiene está supra determinado; ya en América Latina el poder es acaparado por instituciones policiacas y militares que están inscritas en acuerdos supraterritoriales de seguridad que exceden a la soberanía nacional.

La militarización exigida por Estados Unidos cuestiona a los países latinoamericanos por destinar presupuestos mínimos a sus ejércitos, lo que a su parecer atenta contra la lógica básica de la defensa en el contexto geopolítico actual. “Es fundamental que nuestros vecinos hemisféricos inviertan más en su propia defensa y seguridad.” Entiéndase que el gasto exigido debe dirigirse a la compra en productos que ofrece el complejo militar industrial estadounidense, aunque la vida real nos indica su fracaso para asegurar la independencia de algún país.

Las experiencias en Irán apuntan a que los costosos navíos son vulnerables ante misiles baratos; igual con las costosas fuerzas áreas especializadas en golpear, y huir, pero sin obtener resultados como posesión del terreno. El espacio aéreo ahora es territorio para los cohetes. Marx señalaba que el gasto militar es chatarra que se hunde en el mar. La conclusión para Latinoamérica es que la compra de equipamiento debe dirigirse hacia la sostenibilidad.

La vida política de la actualidad utiliza recursos no militares que sirven para castigar un país; veamos el caso típico de España. Es sabido que este país está intentando desligarse de la obediencia ciega a los Estados Unidos. En respuesta Estados Unidos movió sus influencias con el reino de Marruecos, un país con un gobierno monárquico despótico que destituye a su antojo ministros y militares, pero es obediente a las instrucciones de Washington y obedientemente levantó las barreras fronterizas alrededor del enclave español de Ceuta; la marejada de proto -inmigrantes rebasó las vallas y jaqueó la gobernabilidad ceutí.

Actualmente, han recibido la orden de regresar, pero la advertencia está hecha; quienes han movido los hilos­ son Estados Unidos e Israel. El asalto migratorio es utilizado para advertir y castigar la renuencia de España para cumplir su compromiso con la OTAN y desligarse de la retaliación contra IRAN.

Dejemos lo internacional que es factor condicionante y veamos lo nacional que es lo condicionado. Lo que está a la vista es la quiebra de la legitimidad institucional, ya que el presidente Mulino corrió electoralmente como equino que corre fuera de peso y competencia. Los avaladores recibieron una instrucción foránea para permitir una postulación ilegítima; con aquel acto, el tribunal se deslegitimó y esa falta de legitimidad se transfiere a las decisiones de un gobierno sin facultad para ejercer conforme a las normas y por ello se ve impelido a modificar el marco constitucional. Pareciera un intento ridículo pero ese gesto es un factor que pone de relieve la atomización de la resistencia popular. Es trágico, y la oligarquía se ha dado cuenta, por ello lo que mide la justeza política en estos momentos es la voluntad de unidad. No hay de otra; acceder al poder por medio de la voluntad popular antes de que la oportunidad se nos escape en otra vuelta de la historia.