El centenario de inicio de los estudios universitarios de Lidia Sogandares (1926 – 2026)
- 17/10/2026 10:49
Conmemoremos el decenio de Lidia Sogandares, con acciones como que los estudiantes de medicina tengan acceso a su historia y que la sala de Maternidad del Hospital Santo Tomás lleve su nombre
El 17 de octubre de 1926 del puerto Cristóbal, en Colón, partió el SS Ancón (barco de carga y transporte de pasajeros de la Panama Canal Company) hacia Nueva York, Estados Unidos. Entre sus 12 pasajeros, viajaba la adolescente Lidia Gertrudis Sogandares Rivera, quien precisamente ese día cumplía 19 años, y que la historia recordaría por ser: la primera latinoamericana en ser admitida en la Facultad de Medicina de la Universidad de Arkansas (actualmente Universidad de Ciencias Médicas de Arkansas — UAMS), la tercera médica de Centroamérica, y la primera médica y ginecóloga de Panamá, el país al que le dedicó su productiva trayectoria profesional (atención médica con visión humanística, realización de estudios clínicos, docente universitaria, activa líder gremial y líder de opinión en defensa de la salud femenina y la planificación familiar).
En septiembre, por invitación de la Sociedad Panameña de Obstetricia y Ginecología, dicté dos coloquios sobre Lidia Sogandares en dos congresos de estudiantes de medicina. Allí pude corroborar que Lidia sigue siendo una gran desconocida. La mujer que rompió con la norma social panameña de que para ser médico había que nacer hombre no se le menciona ni por casualidad a quienes se forman para ser las y los nuevos médicos del país. Solo les enseñan los logros de los médicos varones, me dijeron, y eso está muy bien, lo que está mal es que la enseñanza de la historia en general y de la historia de la medicina en particular desconozca a la mujer panameña y sus aportes, sobre todo, porque su incursión en la vida pública del país siempre ha exigido más de ellas.
En el marco del centenario de inicio de los estudios universitarios de Lidia Sogandares en Estados Unidos, en el otoño de 1926, se hace necesario comprender la barrera de las normas sociales que venció, cómo logró desafiar los estereotipos de género y cómo utilizó la medicina como herramienta de cambio social, para poder dimensionar su impacto en la salud femenina de las mujeres entre 1936 y 1971. Ese es el propósito que persigo con el coloquio “Medicina, género y roles sociales: La determinación de Lidia Sogandares para ejercer en una época en que la profesión era dominada por hombres”. Allí analizo tres variables: La barrera de las normas sociales, desafío de los estereotipos de género, y la medicina como herramienta de cambio social.
La barrera que nos crean las normas sociales que como sociedad nos imponemos
Costumbres familiares: Por graduarse con el primer puesto de honor en enero de 1926 del bachiller de humanidades, que integraba ciencias y letras, Lidia obtuvo una beca de la Unión Panamericana (hoy OEA) para estudiar en el Saint Teresa College en Minnesota, Estados Unidos. Inicialmente, su padre, Manuel Sogandares, se opuso a que viajara a estudiar al extranjero, esperando que trabajara para aportar al hogar y también porque él consideraba que una señorita decente no dormía fuera de su casa hasta casarse, y Lidia no solo quería vivir fuera de su casa, sino dormir en un país extranjero. Gracias a la intervención de la líder feminista Esther Neira de Calvo ante su padre, Lidia logró el permiso y el apoyo para la licenciatura en química (1930), su licenciatura en medicina en la Universidad de Arkansas (1934) y su especialización en obstetricia en el Hospital de las Mujeres de Filadelfia (1935).
La presión de ser la primera: Lidia fue nombrada en la sección de Maternidad del Hospital Santo Tomás en 1936 y su jefe fue el médico Gaspar Arosemena. Lidia cargó con el enorme peso de pensar que no podía equivocarse, porque temía perjudicar a las mujeres que le seguirían. Esa responsabilidad para con sus iguales la llevó a negarse al matrimonio y a no tener hijos para concentrarse en su profesión. Cuando cumplió sus 25 años de servicio, en 1959, declaró: “No he actuado nunca como una mujer, sino como un médico”. Años después, Arosemena la describiría como una doctora con “voluntad de acero”.
Desafío de los estereotipos de género
Ni magisterio ni enfermería: En las primeras décadas del siglo XX, las opciones para las mujeres se limitaban a magisterio o la enfermería. Lidia Rivera, quien reconoció desde temprano la capacidad intelectual de su hija, aprovechó la histórica Ley de Coeducación de 1919 para conseguirle un cupo en el Instituto Nacional, institución educativa que antes estuvo reservada únicamente para hombres. Que Lidia estudiara el bachiller de humanidades del Instituto fue una base firme para su propósito final.
Rompiendo normas sociales: En una época en la que el ciclo de vida de la mujer estaba destinado a ser hija, esposa y madre, ella decidió mantenerse soltera para entregarse por completo a su vocación. Rechazó una propuesta de matrimonio para no comprometer su ejercicio profesional en su tierra natal.
La medicina como herramienta de cambio social
Defensa de la salud reproductiva: En 1949, visibilizó y denunció en un medio de comunicación las inhumanas condiciones en que las mujeres daban a luz en las salas gratuitas del Hospital Santo Tomás, el problema del embarazo adolescente, la paternidad no responsable y la multiparidad.
Pionera en planificación familiar: En un entorno fuertemente conservador y restrictivo, donde las mujeres arriesgaban sus vidas con métodos clandestinos o necesitaban la firma del esposo para una esterilización, ella hacía docencia con sus pacientes hablándoles de proyecto de vida a las más jóvenes y de planificación familiar. En 1965, junto a su amigo, el ginecólogo Julio Armando Lavergne, fue cofundadora de la Asociación Panameña para el Planeamiento de la Familia (APLAFA), introduciendo por primera vez la educación sexual y la planificación en Panamá.
Lidia fue médica antes de tener derecho al voto, Clara González fue abogada antes de poder ejercer legalmente y Panamá tuvo que esperar a mayo de 1945 para elegir a sus primeras diputadas, Esther Neira de Calvo y Gumercinda Páez. La historia de superación de nuestras antecesoras es importante, debería ser sujeto de estudio y formar parte del pensum académico escolar, porque los derechos conquistados sólo serán protegidos en la medida que las mujeres de hoy conozcan la historia en su contexto y los sacrificios de las mujeres que nos precedieron.
Por eso le propongo al Estado panameño, que somos todos, copiarnos del concepto de decenio que promueve las Naciones Unidas para posicionar causas y establecer en Panamá el decenio de Lidia Sogandares, desde el año que comenzó a estudiar en Estados Unidos (1926) hasta su regreso para ser nombrada en el Hospital Santo Tomás (1936) y celebrar el decenio de Lidia Sogandares (2026 -2036), con acciones como: colocarle su nombre a la sala de maternidad del Hospital Santo Tomás, que actualmente no tiene nombre, solicitud inicialmente impulsada por la SPOG cuando Rafael De Gracia presidia la asociación; y que no se gradúe una médica más de las universidades panameñas sin saber quién es Lidia Sogandares, porque en Arkansas, donde estudió, sí la visibilizan; Lidia aparece en la Encyclopedia of Arkansas y la biblioteca de la Universidad de Ciencias Médicas de Arkansas la destaca como pionera dentro de una colección digital de estudiantes mujeres. Por mi parte, estoy dictando el coloquio antes mencionado y busco una editorial o patrocinadores para publicar la tercera edición de su biografía “La Doctora”.