El civismo

Archivo | La Estrella de Panamá
  • 10/08/2026 00:00

En un zoom con estudiantes del Club de Debates de la Oxford School tuve la oportunidad de conversar en torno a la poca la importancia que tiene hoy la enseñanza del civismo en Panamá.

El civismo, nos dice Th.W. Adorno: “Es la ilusión de una sociedad que sería digna del hombre”. Pero la enseñanza del civismo y los actos cívicos, han sido desterrados desde hace décadas en nuestro Panamá.

El civismo inaugural y radical de la Revolución Francesa de 1789 son los derechos comunes de los ciudadanos, son los que forjan el carácter de ciudadano y que le imprimen al ciudadano la calidad representativa.

El civismo es, hoy día, ante todo, el celo por las instituciones y los intereses de la patria. Patria es una noción afectiva y sentimental, mientras que Estado es un concepto jurídico y país es un concepto geográfico y económico. De más está decir que son conceptos que no deben confundirse, como tampoco el concepto gobierno con el concepto Estado.

De la palabra patria, nos dice Borja: “Se derivan patriotismo, que es el amor a la tierra natal; patriota que es quien lo profesa; patriotería, que son los alardes insinceros de afecto por la patria; y apátrida que significa sin patria y que designa a la persona que carece de una nacionalidad”.

De nuestros días, en una sociedad tan compleja y tan dividida sobre los valores; civilidad, urbanidad, civismo, ciudadanía, son conceptos que nos reenvían, cada uno de ellos, a situaciones y a comportamientos que han dejado de ser cotidianos.

Hoy, cuando nos toca a los panameños todos, escribir una nueva página en nuestra historia al encaminarnos a escribir una nueva Constitución, la misma debe estar basada en una sólida cultura cívica que nos permita ser actores, y no espectadores, de nuestra nueva casa de todos.

Para nuestros jóvenes que reclaman una real y verdadera enseñanza de civismo, que el sistema educativo hoy les niega, resulta cada vez más evidente cuan preciso y necesario es el de empezar por cambiar las actuales estructuras, cambiar la imagen que tenemos de los demás, para que podamos todos participar de esa nueva página, en la que participemos todos en hacer valer los valores cívicos que nos permitan, poder ejercer un mayor y mejor control sobre las autoridades políticas, para que cumplan a cabalidad y permanentemente, con sus responsabilidades políticas y administrativas.

El civismo debe pasar a ser, cuanto antes, un aprendizaje y una enseñanza obligatoria en todas partes, no solo en las instituciones educativas -sino también- en nuestros hogares, empresas, medios de comunicación y, también, como una norma de nuestra nueva Constitución.

* El autor es abogado y docente universitario