El clima extremo actual es el nuevo desafío para la rentabilidad empresarial
- 11/07/2026 00:00
El evento de El Niño fuerte actual se presenta cuando ya enfrentamos dos años consecutivos de altas temperaturas en los océanos. Este mes de junio ha sido el segundo junio más caliente desde que se tenga registro. El anterior junio 2025 fue un periodo neutro sin presencia de eventos de El Niño ni La Niña por aceleración del cambio climático, pero fue el segundo de mayor incremento de temperatura, según las agencias Copernicus, NOAA y OMM.
Además en Panamá, con presencia de vientos huracanados, disminución de precipitaciones en la temporada lluviosa actual, pero cuando cae son lluvias cortas fuertes que producen inundaciones, las mismas agencias meteorológicas han planteado en su boletín de inicios de julio que se espera un mayor fortalecimiento del evento El Niño para octubre - noviembre, evolucionando hacia muy fuerte, con la probabilidad de impactarnos con una sequía extrema de diciembre a marzo del 2027.
Se espera que los efectos de las condiciones climáticas que enfrentamos se conviertan en un indicador de rendimiento financiero. Las empresas que operan bajo la premisa de un clima estable están ignorando una realidad operativa crítica: el incremento del calor de 31 a 34 °C con una sensación térmica mucho mayor por el porcentaje de humedad en la atmósfera de 41 a 45 °C, junto a vientos huracanados y disminución de agua para los sistemas productivos, ya no es un riesgo lejano, es un factor que altera la continuidad del negocio y los márgenes de beneficio hoy mismo, la estabilidad operativa de cualquier industria está bajo presión.
Para un directivo o un dueño de negocio, esto se traduce en riesgos tangibles. El calor extremo reduce la productividad laboral, dispara los costos energéticos por la demanda de refrigeración y provoca fallos en infraestructuras críticas. En Europa, las olas de calor de principios de verano ya están causando interrupciones serias en el transporte, colapsos en sistemas sanitarios y sobrecargas en redes eléctricas. A esto se suman los riesgos combinados: sequías que paralizan la producción agrícola y afectan la producción industrial, vientos que amenazan la logística y daños estructurales en centros de datos o fábricas.
La adaptación climática hoy día es una estrategia de supervivencia y competitividad. Los planes de adaptación con medidas que incrementan la resiliencia de la infraestructura de las empresas, de sus procesos productivos y de su cadena de valor es un imperativo, las empresas que lo han entendido ya están viendo resultados.
Por ejemplo, Nestlé, en sus operaciones en diversas regiones de América Latina, ha implementado sistemas de refrigeración industrial de alta eficiencia y estrategias de cadena de suministro con logística térmica reforzada para evitar la degradación de productos ante temperaturas extremas. En Oceanía, BHP ha integrado protocolos de seguridad laboral que ajustan automáticamente los horarios de faena minera según los índices de estrés térmico, protegiendo a su capital humano y manteniendo la continuidad operativa. Por otro lado, en Asia, el gigante tecnológico Foxconn ha rediseñado instalaciones clave incorporando techos fríos y sistemas de ventilación pasiva avanzada, logrando reducciones significativas en su factura eléctrica anual.
Finalmente, en Europa, la empresa Schneider Electric ha desplegado software de gestión energética que permite a las plantas industriales ajustar su consumo en tiempo real ante picos de calor, evitando paradas de emergencia en sus redes.
La lección es clara: la resiliencia operativa es el nuevo diferenciador en el mercado. Las empresas que no integran el riesgo climático en su planificación financiera no solo se enfrentan a costos operativos más altos, sino que pierden ventaja competitiva frente a quienes ya están rediseñando sus instalaciones y procesos.
Auditar sus vulnerabilidades y evaluar cómo el cambio climático y los eventos extremos que hoy día son más recurrentes y fuertes, impactan su cadena de suministro, la eficiencia de su equipo y la durabilidad de sus activos es la decisión estratégica que definirá quién sigue siendo rentable en el próximo ciclo económico.