El clima transforma las finanzas - resiliencia u obsolescencia

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  • 25/04/2026 00:00

Los impactos causados por eventos extremos y de transición del clima afectan ya los ingresos corporativos, no solo los activos. El riesgo climático físico y de transición debilita profundamente la solvencia del sistema financiero y de las finanzas públicas; el cambio climático ya está transformando su desempeño. Nuevas evidencias muestran que los mayores impactos financieros provienen de la interrupción operativa en toda su cadena de valor. A menudo se pasa por alto, pero el principal coste de riesgo climático suele ser esta interrupción de actividad empresarial, no las reparaciones.

Históricamente, los reportes corporativos siguen centrándose en impactos directos, como daños y retrasos, subestimando fallas logísticas y dinámicas del mercado. Pero las inundaciones en Tailandia afectaron gravemente las cadenas de suministro globales de electrónica y automoción, haciendo que compradores cuestionaran la fiabilidad. Recientemente, la sequía extrema en el evento de El Niño 2023-2024 restringió severamente el Canal de Panamá, afectando directamente inversiones públicas y obligando a empresas y bancos a replantearse. A medida que las interrupciones crecen, la confiabilidad y la infraestructura resiliente serán diferenciadores para obtener financiamiento.

Tres publicaciones importantes abordan la integración del riesgo climático físico (tormentas, inundaciones, deslizamientos, sequías, erosión, intrusión salina, ascenso del mar) y de transición (huella de carbono, fortalecimiento de capacidades) en amortiguadores de capital: “Climate-Related Risks and Capital Buffers: Insights and Research” (abril 2020), “The macroeconomic case for investing in climate adaptation”, publicación conjunta del Grantham Research Institute on Climate Change and Environment y del Global School of Sustainability (abril 2026), y “Tipping points Decision making under deep uncertainty” de J.P. Morgan (2026). Investigadores y reguladores afirman que esta integración aborda el desajuste entre ciclos financieros y la realidad climática; el clima no es nueva categoría, sino amplificador de riesgos.

¿Por qué es importante considerar esta integración? Primero, ofrece protección contra activos varados; sin colchón de capital, un impuesto al carbono podría provocar un colapso, llevando a la bancarrota a bancos y empresas. Segundo, gestiona el aumento de volatilidad física; cuando eventos extremos devalúan garantías físicas como bienes raíces, los amortiguadores aseguran fondos para días lluviosos para absorber pérdidas. Tercero, aborda la tragedia en el horizonte: las regulaciones miran a tres años, pero el clima de diez a treinta años. Integrar riesgos fuerza a asegurar solvencia a mediano y largo plazo. Cuarto, previene el contagio sistémico evitando un efecto dominó en el mercado de créditos.

Evaluar y gestionar estos impactos ya es una necesidad comprobable. Como ejemplo, la restricción del Canal de Panamá mencionada costó aproximadamente 800 millones de dólares en peajes perdidos durante 2024. Para blindarse, el Banco Central Europeo ya aplica estrictas pruebas de estrés a nivel de sistemas, exigiendo capital adicional. En paralelo, Colombia y México aplican exitosamente su Taxonomía Verde nacional, alineando inversiones privadas y públicas estratégicas con la resiliencia, y atrayendo mayor financiamiento al gestionar riesgos directamente a nivel de planta o proyecto de inversión.

El ecosistema de finanzas sostenibles, hoy día, se ha transformado en un imperativo tanto para el sistema financiero, empresas como para las finanzas públicas. El cambio climático es una crisis conectada, las soluciones deben integrarse. La acción climática debe alinear la protección ambiental, inclusión social y estabilidad económica. Construir infraestructuras resilientes, proteger ecosistemas naturales, fortalecer sistemas sostenibles alimentarios y de abastecimiento de agua, garantiza una transición justa. El camino hacia un futuro sostenible dependerá absolutamente de comprender que todo está interconectado y que también hay soluciones viables para implementar.

*La autora es geógrafa y exministra de ambiente