El cobre: la oportunidad estratégica que no podemos dejar pasar

  • 25/06/2026 00:00

En medio de este acalorado debate nacional sobre el futuro de la mina de Donoso es importante elevar la discusión por encima de las emociones, acusaciones y descalificaciones mutuas que pudieran darse entre ambos bandos; y concentrarnos en la data y evidencia científica, las consecuencias económicas posibles, pero sobre todo analizar una realidad que es innegable: el cobre se está convirtiendo en uno de los recursos estratégicos más importantes del Siglo XXI, casi tan importante como lo fue el petróleo para el desarrollo y la economía del Siglo XX.

Durante décadas, el petróleo fue considerado el insumo esencial para el crecimiento económico mundial, la sangre que impulsó la Revolución Industrial. Hoy, sin dejar de ser relevante, ese protagonismo comienza a ser compartido por un mineral indispensable para la electrificación de la economía global: el cobre.

Su importancia radica en una característica única: es el mejor conductor eléctrico después de la plata, pero con un costo muy inferior. Por ello, es insustituible en redes eléctricas, vehículos eléctricos, energías renovables, centros de datos, inteligencia artificial, telecomunicaciones, electrónica avanzada y hasta en la industria de defensa. No es casualidad que las principales economías del mundo estén compitiendo por asegurar cadenas de suministro confiables de minerales críticos. Estados Unidos como China, incluso la decadente Unión Europea, ven en el cobre un recurso estratégico para su seguridad económica y tecnológica.

Esta nueva realidad también se refleja en su precio. La tonelada de cobre se cotiza actualmente alrededor de los $13,700, uno de los niveles más altos registrados, muy por encima de los valores observados durante gran parte de los últimos veinte años. Más importante aún, diversos organismos internacionales y firmas especializadas coinciden en que la demanda continuará creciendo impulsada por la transición energética y la revolución de la inteligencia artificial y la digital.

La Agencia Internacional de Energía ha advertido que, aun desarrollándose los proyectos actualmente previstos, el mundo podría enfrentar un déficit significativo de suministro durante la próxima década. En otras palabras, la oferta podría no ser suficiente para satisfacer una demanda que aumenta aceleradamente.

En ese contexto, Panamá posee un activo estratégico que muy pocos países tienen: importantes reservas de cobre de clase mundial. Su aprovechamiento responsable representa mucho más que ingresos por exportaciones. Significa miles de empleos directos e indirectos, mayores ingresos fiscales para financiar salud, educación e infraestructura, dinamización de proveedores nacionales y fortalecimiento de la balanza comercial.

Pero existe una dimensión aún más relevante: la geopolítica. Así como el Canal convirtió a Panamá en un punto neurálgico para el comercio marítimo mundial, el cobre puede consolidar al país como un actor relevante dentro de las cadenas globales de suministro de minerales críticos para la economía digital.

En un escenario internacional caracterizado por tensiones comerciales, relocalización industrial y competencia entre potencias, ser un proveedor confiable de un recurso estratégico incrementa el peso económico y diplomático de cualquier nación.

Por supuesto, la explotación minera debe cumplir los más altos estándares ambientales, sociales y de transparencia. El verdadero debate no debería ser minería sí o minería no, sino cómo desarrollar una minería moderna, responsable, fiscalmente beneficiosa y ambientalmente sostenible, capaz de generar prosperidad para las presentes y futuras generaciones.

Los panameños enfrentamos una decisión histórica. Mientras el mundo demanda cada vez más cobre para construir la economía del futuro, nuestro país debe decidir si participa activamente de esa transformación o si renuncia voluntariamente a una de las mayores oportunidades de desarrollo de su historia reciente.

Las naciones exitosas no solo administran sus recursos naturales; los convierten en instrumentos de progreso. El cobre puede ser para Panamá mucho más que un mineral: puede ser una plataforma para fortalecer su economía, mejorar su posición geopolítica y financiar un futuro de mayor bienestar para todos los panameños.