El costo de la deserción escolar en Panamá

DepositPhotos
  • 14/07/2026 00:00

Cada mañana, mientras miles de niños y jóvenes panameños entran a sus aulas, hay otro grupo silencioso o invisible en las estadísticas cotidianas, que ya no lo hace. No aparecen en las fotos del primer día de clases, ni en los discursos de apertura del año escolar. Simplemente dejaron de ir, ese silencio tiene un nombre: Deserción escolar, y es, sin exagerar, uno de los problemas más graves y menos comprendidos del sistema educativo. Aquí surge el primer problema, y quizás el más incomodo y es que no tenemos una cifra única ni confiable sobre cuantos estudiantes abandonan realmente el sistema, según las estadísticas al inicio del año escolar 2026 según estadísticas publicadas por el portal Meduca SIG del Ministerio de Educación 10,288 entre niños y adolescentes quedaron fuera del sistema educativo de una total de 876,605 que iniciaron las clases.

Sin embargo, otras fuentes oficiales y académicas, cuentan una historia distinta, no obstante lo anterior las cifras oficiales mantienen una deserción estable que contrasta con los apenas 9,343 estudiantes registrados un año antes, sin embargo estudios de la universidad de Panamá estiman que la deserción paso de 14,000 casos a 20,000 en el trascurso de los últimos seis años lo que representa un porcentaje alto de estudiantes de educación básica, media y premedia fuera del sistema contando centros de educación particular y oficial del país, incluyendo los colegios particulares, sin contar las comarcas donde la cifra es más severa. Esta disparidad entre cifras oficiales y estudios académicos no es un simple detalle técnico, es sí mismo parte del problema y que no podemos dejar pasar por alto, prácticamente todo lo que medimos viene del sistema oficial y dejamos por fuera las escuelas particulares, que educan una porción significativa de la niñez panameña, que no se encuentran registradas de manera sistemática en estos registros de deserción y así tenemos que un estudiante que deja un colegio privado, en muchos casos simplemente se desaparece de la base de datos, sin que sepamos si se trasladó al sistema oficial, emigró o abandonó definitivamente sus estudios. No podemos combatir con eficacia lo que no medimos con rigor.

Las estadísticas disponibles sí coinciden en algo, en que la deserción golpea con mayor fuerza en la educación premedia y media y se concentra de manera desproporcionada en las comarcas y las zonas urbanas llamadas zonas rojas. Al analizar cada informe vemos que las causas se repiten y destacan la pobreza extrema, trabajo infantil, embarazo adolescente, falta de transporte, desintegración familiar, recursos, infraestructura escolar y vemos como la brecha digital de la pandemia dejo secuelas todavía visibles en la asistencia y el rendimiento académico. Es justo reconocer que el Meduca no está de brazos cruzados, se han ampliado los gabinetes psicopedagógicos en cientos de centros educativos se proyecta llevar la cobertura de educación media en zonas indígenas de un 40% a un 67%, y el Programa de Recuperación Académica Especial (PRAE) busca evitar que estudiantes con materias pendientes terminen repitiendo el año. Son pasos en la dirección correcta, pero mientras el sistema siga fragmentado en lo oficial y lo particular entre lo urbano y lo comarcal, entre la estadística y la realidad del aula seguiremos apagando incendios en vez de prevenirlos.

La deserción escolar es un problema compartido que todos como sociedad podemos resolverlo, con alternativas como: Redes de apoyo entre escuela, familia y comunidad en el que la escuela para padres juegue un rol determinante no solo para el cobro de apoyo económico como el Pase-u, como una política pública de acompañamiento de las familias en riesgo. Con una protección social focalizada con apoyo en los sectores de mayor deserción, así como rutas de reinserción a quien ya desertaron con programas flexibles nocturnos o semipresenciales para no condenarlos a un futuro sin educación. Es fundamental llevar un registro único de deserción oficial y particular para todos reportar bajo un mismo sistema con alertas tempranas desde la básica cuando la inasistencia temprana, repitencias y bajo rendimiento debe activar en forma automática la intervención docente, psicológica y familiar antes que el estudiante abandone el aula escolar, estamos a tiempo de actuar considerando el alto costo de la deserción porque cada niño que abandona el sistema es una historia humana que podemos cambiar.

* El autor es docente, abogado y criminólogo