El cuidado no aparece en los planos, pero sostiene la ciudad

  • 27/04/2026 00:00

Las ciudades son entes vivos y dinámicos, como todo organismo puede descomponerse y morir. Nuestras ciudades están enfermas, el virus de la desigualdad invadió nuestros espacios y ha atacado a los más débiles. Las imposiciones culturales aplicadas a los géneros y a las edades definen las oportunidades de obtener recursos y servicios urbanos; hombres, mujeres, ancianos, niños y adolescentes no son igualmente vulnerables a las insuficiencias de las ciudades.

Panamá atraviesa una encrucijada territorial y tiene una oportunidad histórica sin precedentes. Según el Sistema Nacional de Información Territorial, solo 8 de los 82 distritos del país tienen Planes Locales de Ordenamiento Territorial (PLOT) aprobados (La Estrella, 19/11/2025). Con nodos críticos como Arraiján, La Chorrera, Santiago y Pedasí en pleno proceso de diseño, es oportuno preguntar: ¿Para quién ordenamos el territorio?, ¿Cuándo dejaremos de construir ciudades para los grupos de poder y empezaremos a hacerlo atendiendo la vida cotidiana?.

El urbanismo contemporáneo ha construido ciudades bajo el mito del “sujeto universal”, pretendiendo representar a todos los ciudadanos. El concepto se refiere a un individuo estándar imaginario: hombre adulto, sin limitaciones físicas, con automóvil, con una movilidad lineal y pendular: vivienda-trabajo-vivienda. Sin embargo, la mayoría de las mujeres hacen recorridos en cadena o en zigzag. Una mujer, por ejemplo, en Panamá Oeste hace un recorrido fractal: casa-escuela-mercado-farmacia-empleo-casa. El urbanismo tradicional al desconocer esas realidades invisibiliza la lógica que sostiene la vida; es decir: las tareas de cuidado.

Cepal “reconoce los cuidados como una necesidad, un derecho, un bien público y un trabajo clave para dinamizar la economía”[[1]; los describe como actividades indispensables para la regeneración diaria de la vida: desde la alimentación y la higiene del hogar hasta el acompañamiento físico y emocional de niños, personas con discapacidad y adultos mayores. Las tareas: limpiar, alimentar, acompañar, consolar, posibilitan que la rueda de la economía gire; además, sin el trabajo de cuidado, nadie podría hacer los trabajos productivos.

Sin embargo, el urbanismo tradicional desconoce y desvaloriza estas tareas al no planificar infraestructura para el cuidado: espacios y servicios (guarderías públicas, centros de día, aceras anchas donde quepa un coche de bebé, o un caminador, iluminación efectiva, árboles que den sombra y comercios de proximidad) que favorezcan la realización de tales actividades.

Las tareas de cuidado fueron impuestas a las mujeres, ellas no las eligieron. Las realizan sin remuneración y en condiciones urbanas hostiles; pagando, además, un alto precio: la pobreza de tiempo, que es la escasez de horas libres causada por la abrumadora carga de trabajo de cuidados en un entorno urbano incompatible y servicios de transporte ineficientes. En Panamá, las mujeres dedican 29 horas semanales al trabajo de cuidados mientras que los hombres, apenas 13 (INEC, 2011, citado en CIEPS, 2020).

Una ciudad mal planificada obliga a las mujeres a gastar mucho tiempo en trasbordos y a caminar por zonas peligrosas. Este tiempo “robado” es tiempo que no pueden invertir en educarse, descansar o ingresar al mercado laboral formal. No es solo injusticia social, es un error económico mayúsculo. La economía nacional gana cuando el territorio bien planificado facilita el cuidado y posibilita que las mujeres se integren plenamente a la vida productiva sin el lastre de una logística urbana fallida.

El 90% del territorio panameño no tiene PLOT aprobados. Distritos como Boquete y Bugaba, entre otros, tienen una ventaja que la capital ya perdió: pueden elegir planificar adecuadamente y empezar a diseñar orientando el proceso para el cuidado. Es una inversión inteligente; el tiempo que las mujeres pierden en recorridos zigzagueantes buscando infraestructura de cuidados y en sostener sola lo que es una responsabilidad de la sociedad, es tiempo que se puede invertir en la economía, la familia y en ella misma. La CEPAL (2020) estimó que el trabajo no remunerado de cuidados equivale a entre el 15% y el 25% del PIB regional. Este trabajo lo hacen mayoritariamente las mujeres, sin pago y sin reconocimiento.

Exigir auditorías de género en todos los PLOT no es una concesión política, es la única garantía de que la infraestructura deje de ser un obstáculo y se convierta en soporte. Una ciudad que cuida a quienes cuidan es una ciudad que en verdad progresa. Es la inversión urbana más rentable e inteligente que Panamá puede hacer. No es un asunto de diseño, es una decisión política.

*La autora es catedrática Universidad de Panamá