El docente y la buena educación
- 11/02/2026 00:00
El factor decisivo en la calidad de la educación dentro de las escuelas es, sin duda alguna, el personal docente. El docente es un profesional multifacético y multidimensional. Es un intelectual, creativo, gestor, comunicador, pragmático, constructivo, innovador, investigador, normativo, planificador, evaluador, algo de psicólogo y de artista.
Para el personal docente tiene mucho sentido la relación entre la teoría y la práctica, entre lo reformista y la norma establecida. Realizar una lectura crítica de lo que es y no es la verdadera docencia, puede encasillar al docente, eliminar estereotipos que crean falsas imágenes, explora lo verbal y lo no verbal en el propio discurso; fortalece el autoconocimiento y la autoestima, como la eficacia personal y el respeto por uno mismo.
El ser docente obliga a capacitarse continuamente en acciones de orden práctico y profesional, en la aplicación de técnicas de diferentes tipos y saberes, de orden terapéutico profesional, centradas en el funcionamiento de las personas, su relación con los demás y consigo mismo; el trabajo grupal, reconociendo las capacidades que cada estudiante o docente posee y aporta dentro de los equipos de trabajo; también las acciones de orden socio-institucional y político, en sus relaciones con las familias, los líderes comunitarios, la provincia y el país.
De Bourdieu hemos aprendido que los seres humanos pensamos y nos realizamos mediante los hábitos. El concepto habitus se vincula a las tareas y acciones que percibimos, realizamos, valoramos, sentimos y razonamos de una cierta manera más que de otra. Son disposiciones que se interiorizan a lo largo de la existencia de una persona. El habitus constituye un sistema de disposiciones duraderas, pero no inmutables. Ello permite pensar en los cambios para al mejoramiento de la función docente. Este cambio puede valorarse éticamente como parte de su propio desempeño y una autocrítica a su ejercicio profesional, incluyendo los métodos y técnicas utilizados hasta el momento. El cambio de las reglas del juego utilizadas, en función de las transformaciones que ocurren, pueden representar una expresión también de esta situación.
No todos los docentes soñaron con ser educadores. Unos querían ser arquitectos, ingenieros, médicos, abogados, pilotos de avión o de barco, agrónomos, entre otras profesiones. Sin embargo, por diversas circunstancias no previstas, se vieron orientados a ser maestras, maestros, profesoras o profesores. Los factores que influyen en esa decisión son diversos, como la influencia de los padres, los medios económicos, el índice académico, entre otros. Algunos sistemas educativos, además del título profesional obtenido (licenciatura, maestría o doctorado) exigen pasar una prueba académica antes del entrar al servicio docente, otros ofrecen contrato de uno o dos años de prueba para luego nombrarlos en propiedad, basados en una evaluación que toma en cuenta diferentes aspectos, como: efectividad en los resultados, superación profesional, iniciativas, atención a la diversidad, relaciones con la familia y la comunidad., entre otros.
Además del conocimiento y las competencias pedagógicas, el trabajo docente requiere invertir en su personalidad, emociones, valores, pasión y reconocer que es una profesión estimulante y con riesgos. Es un compromiso ético con los estudiantes y la sociedad, para asegurar su felicidad. Debe demostrar que les interesa sus estudiantes, su presente y su futuro, y que los logros que obtengan son parte del reconocimiento a su labor como docente. El trabajo docente es en esencia colectivo, pues aporta y depende de diversos grupos de estudiantes, docentes, familias y personas de la comunidad, autoridades educativas, entre otros. Mientras más integrados estén los docentes a su tarea, mejores son sus resultados.
La tarea de enseñar también tiene un peso conservador (OCDE), del que no puede desprenderse el docente. Pues para llegar hasta el nivel educativo logrado, ha tenido que pasar por diferentes experiencias educativas con diversos docentes, que han utilizado diferentes estrategias de enseñanza-aprendizaje cuyas huellas pedagógicas dejan marcas en ese futuro docente. Por ello, es aconsejable el intercambio de formadores de docentes, enriqueciéndoles con especialistas extranjeros que puedan aportarles una mirada diferente a las actividades de enseñanza-aprendizaje en su formación como maestra, maestro, profesora o profesor. Actualmente existe el internet, las tecnologías digitales y la inteligencia artificial (IA), que son medios, que bien utilizados, pueden contribuir significativamente a la actualización continua del docente, en áreas donde los cambios son más acelerados o el conocimiento adquirido durante su formación, fue insuficiente para atender los desafíos de su profesión.
Los países que más avanzan en educación en el mundo, han logrado legar aprendizajes importantes para otras naciones menos desarrolladas, como son: selección de los mejores estudiantes que estudiarán pedagogía; aplicación del enfoque teórico práctico; acompañamiento continuo al nuevo docente mediante mentorías y apoyos constantes y efectivos; prestar atención a las instituciones formadoras y a la formación de formadores; círculos de experiencias docentes. Se espera que estos elementos contribuyan a realizar una reflexión profunda acerca de la profesión docente y su gran desafío para la buena educación de países como Panamá y los de la región centroamericana, que muestran carencias muy importantes en este aspecto.