El futuro de Panamá está bajo el agua
- 05/08/2026 00:00
Aún recuerdo la primera vez que me sumergí en las aguas del Atlántico panameño. El sonido de mi propia respiración a través del regulador era lo único que rompía el silencio de un mundo completamente distinto. Para mi fue mágico. Ver la luz del sol filtrándose como hilos de plata, iluminando escuelas de peces que se movían en una sincronía perfecta. En ese instante, lejos del ruido de la ciudad y del tráfico, entendí algo muy claro: Panamá no es solo un puente de tierra; es, ante todo, un corazón rodeado de mar.
Septiembre llega vistiendo a nuestro país con el Mes de los Océanos. Para muchos, la relación con el mar se limita al pescado frito de fin de semana en Veracruz, las playas de San Carlos o el tránsito de los imponentes buques por el Canal. Sin embargo, lo que ocurre bajo la superficie dicta, de manera silenciosa, la calidad de la vida que llevamos en tierra firme.
Existe un concepto moderno que los científicos llamamos “Una Sola Salud” (One Health). No es una idea abstracta; significa, sencillamente, que la salud de los seres humanos está amarrada con lazos invisibles a la salud de los animales y de los ecosistemas. Si el océano enferma, nosotros también. Considere que de cada dos bocanadas de aire que usted respira mientras lee esta columna, una se la debe al oxígeno generado por el océano. El mar es nuestro gran pulmón azul, el regulador de nuestro clima y el escudo que frena los peores impactos del cambio climático.
Lamentablemente, tratamos a este gigante como si fuera un vertedero infinito. Todos hemos visto las alarmantes imágenes de ríos urbanos en la capital arrastrando toneladas de plástico hacia la bahía tras un aguacero. Ese plástico no desaparece; se fragmenta en microplásticos que los peces confunden con alimento, integrándose en la cadena alimenticia hasta llegar, eventualmente, a nuestros platos. Conservar el mar ya no es un asunto romántico de “salvar a los tiburones”; es una urgencia de salud pública y seguridad alimentaria para Panamá.
La buena noticia es que el uso sostenible de nuestros mares es el mejor negocio que podemos emprender. La pesca responsable permite que las comunidades costeras prosperen sin agotar los recursos. El turismo ecológico marino genera empleos dignos y resguarda tesoros naturales singulares. Además, a nivel global se están abriendo portales históricos como el Acuerdo BBNJ (un tratado internacional para proteger la vida marina en alta mar), una herramienta científica y legal que nos exige elevar la competitividad ambiental del país.
Garantizar un Panamá próspero requiere dejar de mirar al mar únicamente como una autopista de comercio o un paisaje de vacaciones. Necesitamos políticas públicas preventivas y métricas estrictas, pero sobre todo, ciudadanos conscientes.
La próxima vez que camine por la Cinta Costera y contemple el horizonte marino, recuerde que ese azul profundo es el motor que nos mantiene vivos. Cuidarlo no es una opción; es la única garantía de que las futuras generaciones de panameños también puedan respirar hondo.