El gasoducto a través del istmo de Panamá
- 07/06/2026 00:00
Panamá enfrenta inmensos retos para su desarrollo, particularmente por la falta de una visión país y la ausencia de políticas públicas coherentes que definan acciones que beneficien a todos los panameños en función de nuestras realidades.
La mayoría de las inversiones públicas a futuro se decantan en dos corrientes: (a) obras de infraestructura por terminar o por iniciar y (b) un portafolio de proyectos incluidos en el Plan Estratégico (2025-2035) de la Autoridad del Canal de Panamá.
La estrategia de la ACP plantea una inversión superior a los B/.8,500.00 millones con dos objetivos principales: (1) garantizar la disponibilidad hídrica para el consumo humano y para la operación de la vía acuática y, (2) diversificar sus operaciones para mejorar la confiabilidad de la ruta y generar mayores ingresos para el país.
Para esto último, la ACP construiría dos terminales portuarias, que operarían con un modelo de gestión no exclusiva que permitiría asociaciones estratégicas con diferentes navieras y operadores portuarios, las inversiones necesarias para asegurar la competitividad y la confiabilidad, y la garantía de ingresos para la ACP en función del valor de la ruta y el volumen de operaciones que esta genere.
Adicionalmente, la ACP pretende ampliar sus servicios hacia el segmento de gases derivados del petróleo (Propano, Butano, Etano), comercializados como GLP, construyendo un corredor energético para trasegar estos productos utilizando los terrenos que la ACP adquirió del gobierno anterior.
Algunos han propuesto trasladar el proyecto del gasoducto para seguir la ruta del oleoducto de la empresa Petroterminal de Panamá (PTP) que cruza desde Chiriquí Grande, Bocas del Toro, hasta Puerto Armuelles, Chiriquí.
Esa propuesta hay que analizarla más allá de las buenas intenciones de algunos, el regionalismo de otros, la obsesividad dogmática frente al transitismo de unos cuantos y los intereses personales de pocos, que ahora se coluden y abogan a favor de la ruta Bocas-Chiriquí.
Sin considerar la estructura institucional y los fondos de la ACP disponibles para acometer este proyecto, no por ello menos importantes, es básico resaltar algunas similitudes y diferencias entre las rutas PTP y ACP.
Ambas rutas requieren terminales marítimas especializadas en sus extremos, con tanques de trasiego, estaciones de bombeo y plantas de refrigeración para el flujo de los productos. Una y otra lleva tuberías dedicadas por cada producto a lo largo de la ruta, además de requerir vías de acceso para la instalación, el mantenimiento y la vigilancia de la actividad. Las dos demandan del suministro de una energía que hoy no existe.
La ruta PTP con 131 kilómetros de largo, cruza la cordillera central, y con casi 1,200 metros de elvación máxima, posiblemente demandaría una estación intermedia de bombeo. La ruta ACP tiene 75 kilómetros de largo con una altura máxima de 200 m.s.n.m.
La ruta PTP tendría mayores costos de obra por trabajos en áreas montañosas, con dificultad para transportar materiales, equipos y personal, además del cruce de ríos de alto caudal y el riesgo que ello implica. La ruta ACP, con una topografía más atenuada, permitiría acortar los tiempos y costos de ejecución y minimizar los riesgos asociados con el proyecto.
La ruta PTP ofrece mayores impactos sociales y ambientales al atravesar la comarca Ngäbe-Buglé, la Reserva Forestal de Fortuna y varias áreas pobladas, incluyendo Puerto Armuelles. Es posible que haya que aumentar el ancho de la servidumbre existente y reubicar algunas de las poblaciones en la ruta. La ruta ACP no encuentra en su recorrido áreas pobladas ni cruza áreas protegidas.
Al final, la inversión inicial en la ruta PTP pudiera superar por B/.1,000 millones a la ruta ACP y tener mayores costos de operación y de mantenimiento, en particular por su mayor consumo de energía.
Los proyectos de la ACP no pueden empantanarse en las aguas turbias de la política o en la maraña de opiniones que manipulan la información desde las redes sociales. Por ello, debemos fomentar el debate basado en hechos y evidencias, no en suposiciones y emociones, para no perder la oportunidad que representa cada proyecto.
Todos debemos reconocer la importancia de que la gestión de la ACP asegure la neutralidad de la vía y la independencia de sus decisiones. El éxito futuro del Canal requiere agua, coherencia administrativa, equilibrio regulatorio, colaboración del Estado, servicios accesibles a todos los clientes y flexibilidad y velocidad para escuchar, ajustar y actuar en respuesta a las necesidades del mercado. Solo así podremos consolidar al Canal de Panamá como un nodo de transporte confiable, de bajos riesgos y de un alto nivel de confianza para todos.