El giro con china: un negocio redondo para Pekín, un costo oculto para Panamá

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  • 18/10/2026 00:00

En 2017, Panamá sacudió el tablero geopolítico al romper con más de un siglo de relaciones diplomáticas con Taiwán para reconocer a la República Popular China. La promesa era seductora: acceso privilegiado a la segunda economía del mundo, miles de millones de dólares en inversiones y la posibilidad de colocar los productos panameños en un mercado de más de 1,400 millones de consumidores.

Casi una década después, la realidad obliga a hacer un balance. Las cifras muestran que muchas de las expectativas iniciales no se materializaron y que, en términos comerciales, el mayor beneficiario de esta relación ha sido China. El intercambio ha crecido, pero de manera profundamente desequilibrada.

Para el ciudadano común, la geopolítica puede parecer un asunto lejano, reservado para cancillerías y discursos diplomáticos. Sin embargo, sus consecuencias se sienten en el bolsillo de los productores, en las finanzas públicas y en la posición estratégica del país.

El golpe al productor nacional

Quizás la mayor paradoja de este cambio diplomático se encuentra en el sector agropecuario y pesquero.

Bajo el Tratado de Libre Comercio firmado con Taiwán en 2004, Panamá logró posicionar productos como camarón de cultivo, carne bovina y café en un mercado con condiciones preferenciales. Se trataba de un socio comercial que compraba productos con mayor valor agregado y generaba ingresos directos para el productor nacional.

Con China, el panorama ha sido muy distinto. Aunque el mercado chino representa una enorme oportunidad potencial, el acceso para los productos panameños continúa enfrentando estrictos requisitos sanitarios y fitosanitarios que han limitado significativamente las exportaciones.

Los resultados son evidentes. Según estadísticas oficiales de comercio internacional correspondientes a 2024, Panamá exportó 110.6 millones de dólares a Taiwán, equivalente al 12.1 % de todas sus exportaciones nacionales, mientras que las ventas a China alcanzaron 49.3 millones de dólares, apenas el 5.4 % del total. En otras palabras, Taiwán compró más del doble de los bienes panameños que adquirió China continental, pese a que Panamá ya no mantiene relaciones diplomáticas con Taipéi.

Más llamativo aún es que las exportaciones hacia China siguen concentrándose principalmente en materias primas y productos de bajo valor agregado, como desperdicios metálicos, algunos productos pesqueros y madera, muy lejos de la diversificación que originalmente se esperaba.

Mientras tanto, el comercio en sentido contrario continúa creciendo. En 2024, Panamá importó 2,150 millones de dólares en mercancías procedentes de China, convirtiéndolo en su segundo mayor proveedor de bienes, solo por detrás de Estados Unidos. El desequilibrio comercial resulta evidente.

De las donaciones directas a los grandes financiamientos

Otro cambio importante fue el modelo de cooperación internacional. Durante décadas, Taiwán desarrolló una política basada en donaciones y cooperación técnica. Hospitales, escuelas, patrulleras para el Servicio Nacional Aeronaval, proyectos agrícolas y obras comunitarias fueron financiados mediante recursos no reembolsables.

China planteó un modelo diferente. Su estrategia se ha basado principalmente en financiamiento para grandes proyectos de infraestructura ejecutados por empresas estatales chinas, generalmente mediante préstamos, contratos o concesiones.

Con el paso del tiempo, muchas de las obras emblemáticas anunciadas tras el establecimiento de relaciones diplomáticas nunca llegaron a concretarse. El tren Panamá-David, considerado un proyecto insignia, ha sido retomado bajo un nuevo enfoque. Ante la ausencia de un compromiso financiero de China, el Gobierno panameño busca estructurar el financiamiento con nuevos socios estratégicos.

El costo político: entre dos potencias

El giro diplomático también modificó el equilibrio geopolítico de Panamá. La creciente presencia de empresas estatales chinas en sectores considerados estratégicos despertó preocupación en Washington, principal socio comercial del país y aliado histórico en materia de seguridad y operación del Canal de Panamá.

En consecuencia, las administraciones posteriores adoptaron una política mucho más cautelosa frente a Pekín. Las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio quedaron suspendidas, Panamá decidió no continuar dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y varios proyectos vinculados a empresas chinas fueron objeto de revisión o quedaron paralizados.

La relación bilateral, que en 2017 parecía destinada a convertirse en una alianza estratégica de largo plazo, terminó perdiendo el impulso político que la caracterizó durante sus primeros años.

La verdadera lección

Romper relaciones diplomáticas con Taiwán para reconocer a China se presentó como una decisión pragmática. Sin embargo, el pragmatismo no se mide por las expectativas, sino por los resultados.

Hoy, las estadísticas muestran que Taiwán continúa siendo un mercado de mayor importancia para las exportaciones panameñas que China continental, mientras que China se ha consolidado como uno de los principales proveedores de mercancías para Panamá. El resultado es una relación comercial claramente asimétrica: Panamá compra mucho más de lo que logra vender.

La principal enseñanza de estos años es sencilla: el tamaño de un socio comercial no garantiza mejores oportunidades. En las relaciones internacionales no existen regalos permanentes ni alianzas desinteresadas. Cada país defiende, por encima de todo, sus propios intereses.

Panamá debe construir una política exterior basada en la diversificación de mercados, la defensa de su producción nacional y la negociación inteligente con todas las potencias, recordando siempre que la verdadera fortaleza de un país pequeño no está en alinearse ciegamente con un actor global, sino en saber proteger, con firmeza y visión estratégica, sus propios intereses nacionales.

* El autor es productor de Agropecuario, miembro de ANAGAN, ASOCPROC, egresado del Fu Hsing Kang College