El irresistible llamado
- 28/03/2026 00:00
“El mundo está en peligro”. No lo dice un fanático del fin, sino Mrinank Sharma, doctor en aprendizaje automatizado por la Universidad de Oxford y experto de seguridad y salvaguardas en inteligencia artificial de Anthropic, empresa para la que trabajó hasta el 9 de febrero de 2026. Su renuncia está en las redes y desde allí lanza una advertencia, no solo por el rápido avance de la IA y el dispar crecimiento de la sabiduría humana para controlarla, sino por las “crisis interconectadas que avanzan de manera simultánea”.
Algo que Edgar Morin ha llamado policrisis, un término que entrelaza las crisis individuales a los sistemas. Combinadas y retroalimentadas, unas con las otras, producen impactos agravados. Las tensiones generan el aumento de la violencia, la desigualdad y el desequilibrio para todo el mundo.
Un vistazo a ello se muestra en la pandemia por covid-19, permanente y prolongada por sus consecuencias a largo plazo. Es igual con el cambio climático o al referirse a las guerras de los últimos años. Para algunos, es el sello de estos tiempos.
La carta de dimisión parece hoy un incidente olvidado, pero si se lee nuevamente se argumenta en ella una discusión filosófica antes que de erudición técnica. Destaca la necesidad de alinearse a la integridad, por encima de las presiones de la autoridad y su mando que anula “aquello que más importa”. Asimismo, contrapone los avances tecnológicos y su “verdad científica” frente a la prioridad de lo humano y su “verdad poética”. Razón poética, le decía la filósofa María Zambrano a esta forma de aproximarse a la realidad e intentar comprenderla. La estableció en su discurso para percibir lo esencial del lenguaje poético y la dimensión que lo conecta con el sentir, algo marginado en la tradición académica que ha descartado ese lugar físico y lleno de “huecos”: el corazón. Abrió un camino legítimo para llegar al conocimiento y acercarse a la vida desde esta perspectiva, misma que consideró tan valiosa como lo es la razón lógica y objetiva.
En su renuncia, Sharma, el investigador de la inteligencia que va a reemplazar al humano, anticipó a qué se va a dedicar por ahora. Escribir poesía. La experiencia de lo sensible. Se va con preguntas cardinales en su decisión: “las que David Whyte diría que “no tienen derecho a irse”, las que Rilke nos insta a vivir”. Encontré ambas.
Las preguntas “pequeñas/ pero aterradoras” de Whyte, pertenecen a su poema Sometimes y nos enfrenta a lo que nos estamos convirtiendo en una vida sin sentido, las “preguntas /que pueden hacer /o deshacer/ una vida,/ preguntas que han /esperado pacientemente por ti,/ preguntas/ que no tienen derecho /a desaparecer”.
Por su parte, en las Cartas a un joven poeta, Rainer Maria Rilke ama la pregunta misma y pide tener paciencia ante la incertidumbre: “No busque ahora las respuestas: no le pueden ser dadas, porque no podría vivirlas. Y se trata de vivirlo todo. Viva ahora las preguntas”. Estamos en guerra y no porque lo haya dicho la carta. Disociados de la empatía, amantes del prejuicio, desintegrados, exterminando lo que no se parece a nosotros o no pertenece a lo nuestro, liderando la destrucción personal y colectiva a punta de habladurías o a punta de bombas. Morin defiende frente a ello la “resistencia del espíritu, la primera y fundamental”. Una actitud solidaria y una ética despierta para no caer en la barbarie. Y la poesía misma es resistencia desde adentro, resistencia del espíritu. Interioridad que mueve la razón poética de Zambrano y agita las interrogantes de Whyte o Rilke que inspiraron a Sharma.
La poesía es un misterio incómodo e íntimo y su oráculo atrae. Nos acerca con el irresistible llamado que espera al fondo, lo trasciende y le da significado, y también nos colma de preguntas que no tienen derecho a desaparecer, haciéndonos vivirlas mientras seguimos en esta carrera por existir a pesar de todo.