El Mundial, mucho más que un torneo de fútbol
- 29/07/2026 00:00
El domingo 19 de julio concluyó la Copa Mundial de Fútbol Masculino de la FIFA, celebrada por primera vez de manera conjunta en tres países de América: México, Canadá y Estados Unidos, con la participación de 48 selecciones nacionales de todo el mundo.
La Copa Mundial nació por iniciativa del dirigente francés Jules Rimet, entonces presidente de la FIFA. Aunque el fútbol ya gozaba de gran popularidad en los Juegos Olímpicos, no existía un torneo exclusivo para selecciones nacionales profesionales. En 1928, la FIFA aprobó la creación del Mundial y la primera edición se disputó en Uruguay en 1930, con la participación de 13 selecciones. Uruguay fue elegido como sede por celebrar el centenario de su Constitución y por haber conquistado las medallas de oro en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928.
Desde sus inicios, la FIFA definió objetivos claros para esta competencia: reunir a las mejores selecciones nacionales del mundo, promover el fútbol como un deporte de alcance internacional, fomentar la amistad y el intercambio entre los países a través del deporte y coronar, cada cuatro años, al mejor equipo nacional del planeta.
Más allá de la competencia deportiva, el Mundial tiene la capacidad de unir a las personas. Durante varias semanas, millones de familias y amistades, desde los niños más pequeños hasta los adultos mayores, comparten la emoción de cada partido, comentan las mejores jugadas y celebran o lamentan los resultados. Es un espacio de convivencia y entretenimiento sano que demuestra cómo el deporte puede fortalecer los lazos sociales. Ojalá existieran más actividades que promovieran este tipo de encuentros y contribuyeran a una convivencia pacífica y solidaria entre todas y todos.
Precisamente, por ello resulta preocupante cualquier intento de interferencia política en las decisiones deportivas. Durante este Mundial surgió una controversia cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, solicitó a la FIFA reconsiderar la sanción de tarjeta roja impuesta a un jugador de la selección estadounidense. Este tipo de intervenciones ponen en entredicho la autonomía de las autoridades deportivas y el principio de igualdad que debe regir en las competencias internacionales. El respeto a las reglas debe prevalecer por encima de cualquier presión política, provenga de quien provenga, para proteger la integridad y la credibilidad del deporte.
Finalmente, corresponde expresar un reconocimiento a los jugadores —en este caso, a los futbolistas de las 48 selecciones participantes— por el esfuerzo, la entrega y las emociones que brindaron durante el torneo. En un mundo marcado por conflictos, desigualdades y múltiples desafíos, el deporte continúa siendo una fuente de esperanza y de unión entre los pueblos.
Luego del torneo, como ciudadanía, nos corresponde mantener el compromiso de seguir luchando contra las injusticias sociales, económicas y ambientales que afectan a nuestras comunidades y defender aquellos temas que impactan directamente nuestro futuro, como ocurre en Panamá con el debate sobre la actividad minera.